Viajar a Zacatlán es poner los pies en otro pequeño mundo dentro del mismo en que estamos. Así sea un viaje corto, es sumamente reconfortante. Carga uno la pila en muchos sentidos. Basta con llevar en la mochila y en el ser los ojos bien abiertos y la sensibilidad por delante.
De entrada su muestrario de climas, dignos de un concurso. Pocos lugares de nuestro país ofrecen esta variedad de facetas del tiempo en tan breve espacio y tiempo. Con un poco de suerte, uno ve esa envolvente y nostálgica neblina que invita a tomar un café por el centro, sentado en alguno de sus sugerentes balcones.
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O bien, paraguas al canto, recorrer sus calles, tiendas, restaurantes, rincones o paseos, sin ver la lluvias como molestia sino como regalo de la naturaleza. Si ese chipichipi se prolonga por la noche, entonces se convierte en arrullo para un reparador sueño.
El sol matutino le pone todos los colores inimaginables a los paisajes de esta hermosa ciudad.
La luz solar en este ambiente, es como si uno le dejara una caja de colores y una cartulina a un chiquillo, para que hiciera a capricho todo lo que se le ocurriera. El resultado sería: esa bellísima postal que es el centro de Zacatlán.
El frio obliga a ponerse chamarra, sueter, bufanda, botas y a veces hasta guantes, pero esto no es otra cosa sino una magnífica oportunidad de lucir estas variadas prendas, y otras, en cualquier época del año.
Asistimos a conversar sobre “La poesía humorística de los mexicanos”, pero en realidad fue la oportunidad de conocer y charlar con un puñado de zacatecos entusiastas y emprendedores. Los convoca el maestro Nemesio Barragán Solís, un estupendo anfitrión, promotor de muchas cosas, guía de lujo para el visitante y mejor amigo.
Pero este modo de ser no es de su exclusividad, es algo que caracteriza a la mayoría de los habitantes de esta hermosa ciudad de la sierra poblana. Amables, joviales, atentos y cálidos.
Se nota en pequeños detalles inclusive, como el cruce de vehículos en las esquinas, donde en muy buen grado se respeta el “uno por uno, primero es el peatón”. No están saturados de semáforos y esto exalta la civilidad de la gente que no se aprecia en otros lugares.
Fueron pioneros en su sistema de estacionamiento ordenado en las calles, con una pequeña cuota y un modo ágil de pago. Y les gusta ser los primeros en muchas cosas, son ingeniosos, creativos y alegres, y con un apreciable nivel cultural.
Cada vez que uno regresa a Zacatlán se encuentra con novedades. El calificativo de Pueblo Mágico nunca estuvo tan bien aplicado como aquí. Su paisaje, como decíamos al principio, ya es magia.
Calles y casas vestidas de infinitos colores, verdor en todos los tonos, sabores mil en la comida y su inagotable variedad de sabores y colores en las bebidas espirituosas. Esto último haría sucumbir al mismísimo Dioniso, o Dionisio como guste llamarle.
En una esquina del zócalo el alto es obligado. Hay bancas y buen café, los aleros de las casonas son gratísimos paraguas de su arquitectura que le ponen marco a la charla. Ahí nos sentamos junto al monumento a don Pedro Escobedo Hernández, el autor del danzón “Zacatlán”.
La estatua está muy bien lograda, con la innovación de ser una de las pocas que tienen música en vivo. Una especie de rokola (parte del monumento), mediante una moneda de diez pesos reproduce precisamente el danzón y anima a las parejas que por ahí pasan a mover el bote con la cadenciosa melodía de ese ilustre zacateco.
Tomamos café y el maestro Nemesio, luego de saludar a setenta y dos personas que por ahí pasan, nos narra la historia de la efigie, la biografía del personaje, cuenta de las ¡OCHENTA! versiones musicales del danzón que él ha logrado recopilar durante años… ¡y todo por el mismo boleto!
Se suma a la charla Alejandro Barrios y eso ya se convierte en un torneo de anécdotas, recuerdos y referencias históricas que no tiene para cuando.
Una de las curiosidades que Alejandro nos deja por la vía rápida de la foto enviada a celular, es una extraña gráfica donde se aprecia a don Venustiano Carranza, un señor literalmente “con toda la barba”, de viaje por Zacatlán.
Dentro de las más recientes novedades de la escenografía zacateca está una pequeña avioneta que, en posición de despegue (aquí sí, auténticamente en “modo avión”) recién se ha colocado como un curioso elemento decorativo frente al mirador, desde donde se contempla ese portento natural que es la Barranca de los Jilgueros.
Ahí cerquita está un nuevo restaurante, el “Barranca 5”, que junto con El Mirador, ofrecen los más extraordinarios ángulos para disfrutar en primera fila la belleza de la orografía del lugar.
En el primer restorán se aprecian dos fotografías soberbias del talentoso fotógrafo Víctor Hugo Gómez. Son de gran tamaño, una blanco y negro y otra a colores, ambas un deleite del Zacatlán de ayer y del multicolor de hoy.
En otro momento del recorrido por ese pintoresco rincón poblano charlamos con dos personajes de la cultura y la música de estas tierras, don Memo y el profesor Vito, el primero con un dominio absoluto de la guitarra como si fuera de su familia; el segundo un conocedor de la tauromaquia que es capaz de hablarse de tú con los caballos de Pablo Hermoso de Mendoza. Esto último parece broma, pero… casi sucedió. Pero esa es anécdota de otro costal…
Como de otro costal es también “el negrito en el arroz” que no falta en parte alguna. Es el caso del hospital del ISSSTEP de esa ciudad. Inaugurado con toda la pompa propia del sexenio pasado, a los pocos meses fue desmantelado de todo el equipo que tenía y todos esos componentes fueron enviados a algún sospechoso destino con olor a corrupción. El nosocomio quedó casi como elefante blanco y con servicios y funciones muy limitados. Lo de siempre, la marca de la casa…
A otra cosa mariposa.
Al pasear por las calles de la ciudad da gusto ver cómo se ha multiplicado la oferta de hoteles, restaurantes, bonitas casonas de hospedaje, cafés, vinaterías, las panaderías ya son como dieciséis, y toda clase de comercios y servicios, reflejo fiel de su condición de Pueblo Mágico, y de la lucha y perseverancia de sus dinámicos y cálidos habitantes.
La estancia es breve, pero suficiente para llevarse en el sentimiento y en la piel, la bonhomía y belleza de un pueblo digno siempre de un destino superior…
PRIISTAS INQUIETOS.-Un grupo de priistas encabezados por cinco dirigentes del tricolor en el estado, le ha puesto el cascabel al gato. Minino que, para este particular caso puede ser representado por las figuras de Enrique Doger y Jorge Estefan Chidiac, entre otros… Cola y pelaje identifica bien a los citados con tal gatuna especie, no se puede negar.
Jorge Arroyo, Germán Sierra, Valentín Menéses, Juan Manuel Vega Rayet y Wencesalao Herrera, y otros más, han lanzado un documento en el que hacen crítica y autocrítica. En su declaración pública, llaman a participar abiertamente en el debate de todos los temas y a reconquistar su relación con las bases.
Repudian la actitud omisa, sumisa, colaboracionista y cómplice de la dirigencia local y nacional del tricolor y se pronuncian en contra de cualquier participación en un eventual gobierno de signo panista. Se atienen al fallo de las autoridades electorales y se muestran vigilantes y dispuestos a rectificar de fondo el rumbo del priísmo.
Ya era hora de un pronunciamiento de este calibre. Veremos si a las palabras siguen los hechos…