“La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser expresidente” bien lo escribió Carlos Fuentes en La silla del águila, aquella obra que Enrique Peña Nieto atribuyera a Enrique Krauze en 2011, en los inicios de la precampaña por la Presidencia de la República.
En La Silla del Águila Fuentes narra una sucesión presidencial que se perfila en la prontitud de un nuevo gobierno y la lucha por la silla del águila como símbolo y metáfora del poder presidencial.
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En 2018, somos testigos del descenso extenuado de Enrique Peña Nieto de la silla del águila; en un proceso de transición álgida, donde el presidente en turno se ha convertido en expresidente virtual. El hombre que regresó el PRI a los Pinos, pero el que también lo orilló a su peor momento como fuerza política nacional.
La conferencia de prensa conjunta en Palacio Nacional, tras la primera reunión formal del proceso de transición, no sólo simbolizó dos proyectos de nación opuestos sino que exhibió las deficiencias de un gabinete.
Diría Fuentes: “La Presidencia es como la montaña rusa. Con la cara que uno pone cuando lo sueltan cuesta abajo, con esa cara se queda uno para siempre”. En el rostro de Peña Nieto se ve reflejado un sexenio de escándalo. La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa rebasó a la Procuraduría General de la Republica y se tornó un crimen de Estado ante la opinión pública. El conflicto de interés de la Casa Blanca se convirtió en el sello de la corrupción del sexenio, así como los gobernadores Roberto Borge o Javier Duarte, acusados de peculado e irregularidades en el desempeño de la función pública.
El debate en torno a las 14 reformas estructurales, aprobadas a través del “Pacto por México” es muy extenso. Como primer acto de gobierno, la firma del Pacto por México con las principales fuerzas políticas del 2012 –PRI, PAN, PRD- fue un inusual e histórico acuerdo político, económico y social. Seis años después, los partidos que conformaron el pacto perdieron fuerza política y rentabilidad electoral a raíz de la aprobación de la reforma energética que trajo consigo el aumento al precio de las gasolinas.
De acuerdo con Parametría, Enrique Peña Nieto se enfila al final de su gobierno con una desaprobación de 71% teniendo el nivel más alto en la historia reciente del país. Peña Nieto se convirtió en un personaje, en el #LordPeña de las redes sociales, aquel que se instauró en el imaginario colectivo como el hombre de la ocurrencia y la circunstancia desafortunada.
El próximo 1 de septiembre, tras la instalación de la LXIV legislatura de la Cámara de Diputados y del Senado de la Republica, el presidente presentará al Congreso el último informe de labores de su administración.
Persiste la duda sobre su situación política con la llegada del nuevo gobierno, la silla del águila quema y hay que soltarla rápido. Mientras tanto Peña Nieto asegura que tras dejar la Presidencia tendrá que "reinventarse" siendo agricultor, maestro o notario público. A manera de Fuentes: “hay que tener más imaginación para ser expresidente que para ser presidente”.