Recuerdo la ingeniosa respuesta de un profesor latinoamericano a quien pregunté cómo no mejoraba la situación de su país, teniendo en cuenta la creatividad de sus gentes: “Es que”, me dijo, “tenemos muchas iniciativas, pero pocas acabativas”.
Adela Cortina. Educar en valores éticos.
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Vivimos en un país que se reinventa cada seis años. En efecto, uno de tantos problemas que tiene nuestro régimen presidencialista que se ha visto no solamente respaldado sino abrumadoramente reforzado por la votación mayoritaria del pasado primero de julio, es que deja al país totalmente sujetado a lo que Cossío Villegas llamó acertadamente “el estilo personal de gobernar”.
De manera que todas las políticas públicas y los programas gubernamentales se adaptan cada seis años dependiendo de las prioridades, la ideología, la visión estratégica y hasta los gustos personales del mandatario entrante.
La educación no es un terreno de excepción en este modo de funcionar nacional. Desde hace muchas décadas nuestro sistema educativo ha estado también sujeto a los vaivenes sexenales y ha vivido un incontable número de reformas, revoluciones y transformaciones que se sustentan y se instrumentan a partir de criterios políticos -en el sentido restringido del término- y no de las necesidades reales para la formación de las nuevas generaciones de ciudadanos que el país necesita.
Sin embargo, a pesar de o debido a esta multipicidad de cambios sexenales orientados por los intereses gubernamentales y no por las prioridades reales, los resultados del sistema educativo en términos de calidad del aprendizaje, formación ética y ciudadana, movilidad social y equidad siguen siendo recurrentemente desastrosos.
La más reciente de estas reformas –que implicó cambios de gran calado incluyendo una reforma constitucional y de leyes reglamentarias- es la Reforma educativa que realizó el gobierno del presidente saliente, Enrique Peña Nieto y que está apenas en la etapa de instrumentación del Nuevo modelo educativo para la educación obligatoria a partir de este ciclo escolar.
A pesar de la polémica que desató, esta reforma educativa aportó elementos de transformación estructural muy relevantes para la mejora de la educación en el país.
La creación del Servicio profesional docente y la transformación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en un organismo autónomo del estado mexicano; la formulación de un modelo educativo que integra en un solo conjunto de documentos las finalidades de la educación en el siglo XXI, la visión, dimensiones y organización de la educación obligatoria en todos los niveles; el planteamiento de un horizonte de transformación del sistema educativo hacia una organización menos vertical y piramidal desde una perspectiva que asume la diversidad regional y cultural del país; el otorgamiento mayor autonomía de gestión a la escuela y cierto grado de autonomía curricular; la intención de construir un modelo de gobernanza del sistema con mayor complejidad y participación social son, desde mi punto de vista –lo he desarrollado en diversos artículos en este mismo espacio- avances indudables en el camino correcto; avances que como sociedad deberíamos presionar a que vayan pasando del papel a los hechos.
Sin embargo, en el proceso de campaña electoral y en esta larguísima transición entre las elecciones y la toma de posesión del próximo 1 de diciembre, el presidente electo ha prometido de manera reiterada que echará para atrás “la esencia” de la reforma educativa del presente sexenio.
El futuro titular de la Secretaría de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha matizado esta promesa de campaña y ha dicho que se dará continuidad a muchos elementos de la reforma, incluyendo la evaluación docente, solamente eliminando su carácter “punitivo”, es decir, eliminando sus consecuencias respecto a la permanencia en el trabajo.
El Lic. Moctezuma ha convocado a partir de hoy a una “Consulta Nacional Por un Acuerdo sobre la Educación” la cual pretende, según la nota publicada por Educación futura “…levantar diversas opiniones respecto a la reforma educativa y la “reivindicación social del magisterio”. Dicha nota puede consultarse en esta liga:
https://mail.google.com/mail/u/1/#inbox/FMfcgxvxBjdFhHGqSnHQJgfTpmMPzwxB
La consulta, dice el comunicado, se realizará por tres vías:
- Una Consulta Digital con registro abierto de ponencias y contribuciones a través de una plataforma en internet. http://porunacuerdoeducativo.com (Disponible a partir del 25 de agosto).
- Una Consulta Estatal Participativa; consistente en 32 Foros estatales (con recepción física de ponencias).
- Un Diálogo Social, a través de visitas realizadas por brigadistas voluntarios a hogares en todo el país.
En un régimen democrático y especialmente en la coyuntura de un gobierno entrante que ha prometido una “cuarta transformación de México” que implicaría una reorientación profunda de las políticas públicas, será siempre bienvenido un proceso de consulta para conocer las opiniones, experiencias y propuestas de los actores de la educación y poder así mejorar la instrumentación de las políticas educativas que como dice la convocatoria, ayuden a construir “…un Acuerdo Nacional para una Educación con Equidad y Calidad para el Bienestar de Todos los Mexicanos”.
Sin embargo en este escenario no está de más tener en cuenta que los actores de la educación han sido sometidos a procesos similares desde hace ya muchos sexenios y no se han visto cambios significativos en la operación y en los resultados de nuestra educación a pesar de todas estas consultas.
Resulta también importante que las autoridades educativas que entrarán en funciones, tomen en cuenta los elementos positivos de la reforma educativa en marcha, más allá de los discursos políticos que buscan deslindarse de ella para enfatizar el cambio propuesto por el nuevo gobierno.
Porque nuestro país está saturado de consultas, sobre diagnosticado en muchas de sus dimensiones y sumamente dañado por tantas iniciativas que no llegan a la realidad, que no tienen tiempo para mostrar si funcionan o no, que nunca son evaluadas porque se sustituyen arbitrariamente con las de los siguientes gobernantes.
Nuestra educación necesita más acabativas y menos iniciativas.