En las últimas semanas, la prensa nacional e internacional ha dado seguimiento a la presencia de una gran masa de sargazo que ha invadido nuestras hermosas playas del Caribe mexicano. Quizás pensará que se trata de un fenómeno que está lejos y que no nos afecta. Pues déjeme decirle que este fenómeno que está afectando nuestras costas es preludio del caos climático que viene.
Ya el economista ecológico Herman Daly había sentenciado que los supuestos de la economía neoclásica estuvieron planteados para un mundo vacío, pero ya no operan para este mundo lleno. Dicho de otra forma, ya no estamos en el contexto aquel de nuestras abuelas que salían a los ríos a lavar la ropa y la corriente de agua se depuraba por sí sola. Hoy la naturaleza ya no es capaz de sanear todos los desechos que generan los procesos industriales que alimentan a siete mil millones de almas. La naturaleza ha comenzado a ofrecer signos de agotamiento alarmante.
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Si bien se consideraba que los efectos del cambio climático se verían a muy largo plazo, ya hay proyecciones del Banco Mundial que estiman que en 2050, el calentamiento global provocará migraciones masivas en el mundo.
Y no es que yo quiera ser catastrófica, Dantesca, emisaria de la calamidad o sembradora de mala onda. No, los informes oficiales y las investigaciones académicas han llegado a esa conclusión.
Hay varias hipótesis de lo que está ocurriendo en las playas del Caribe mexicano y en otras playas de Cuba, Barbados, Belice, Jamaica, República Dominicana y del Atlántico. Quizás usted ya haya visto por televisión las enormes montañas de sargazo que se acumulan por toneladas, diariamente, en la línea costera.
Bueno, pues los investigadores han ofrecido algunas hipótesis sobre la presencia de esas algas pardas, sumamente malolientes y que se reproducen al doble cada 18 días.
La primera hipótesis es que el sargazo ha llegado del Mar de Sargazo que se encuentra en las Bahamas y que se ha desplazado debido al calentamiento global; la segunda, es que la falta de huracanes ha generado la estabilidad en el ecosistema para generar mejores condiciones para la reproducción de las algas; la tercera y cuarta hipótesis señalan que la deforestación del Amazonas o África han aumentado la cantidad de nutrientes en el mar para aumentar la cantidad de sargazo.
Si bien, ninguna de las teorías son concluyentes, todas apuntan a procesos que tienen que ver con los daños ecológicos provocados por la mano humana.
Y no se alarme tanto porque no es su culpa. En realidad, los grandes contaminadores del planeta, son las industrias, el uso de combustibles, la cantidad de kilómetros que tiene que viajar una mercancía desde donde es fabricada hasta los puntos donde son vendidas a los consumidores, y que está calculada en 5 mil kilómetros.
Lo que es evidente es que hay un conflicto físico entre el crecimiento de la economía y la preservación del medio ambiente. Desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo entró en un crecimiento económico exponencial.
El desarrollo de la humanidad está alcanzando -o, en algunos casos, excediendo- los límites de la naturaleza a nivel local, regional y planetario. La obsesión predominante con el crecimiento económico nos ha puesto en el camino hacia el colapso ecológico, sacrificando el sustento mismo de nuestro bienestar y supervivencia. Y son, en este contexto, los países pobres, de la periferia, los más vulnerables al deterioro ambiental, con el agotamiento del agua potable y de la tierra, por mencionar sólo algunos aspectos.
La degradación ambiental ha llegado a tal nivel que se suma ya a las principales causales de la migración internacional. El negocio de las multinacionales en México y Centroamérica, surgidas del modelo económico neoliberal, ha consumado ecocidios contra pueblos enteros. Comunidades que se ven obligadas a emigrar de forma irregular hacia Estados Unidos porque los países los obligan.
Lo que está sucediendo en el mundo es alarmante. Hoy más que nunca, la ecología debe ser un tema de estudio integral, la contaminación sigue siendo una asignatura pendiente de soluciones urgentes. Hace falta conciencia social, la ética individual y política para enfrentar la problemática. Creo que todos debemos involucrarnos en esa lucha, de otro modo, la crisis del sargazo será cosa de niños.
Si tiene alguna queja, malestar o información que compartir, póngase en contacto conmigo, me interesa escucharlos. norcudi@gmail.com