“Salimos de San Pedro Sula, Honduras, porque allá hay muchas maras, no hay trabajo y ya no podíamos vivir. Vamos a un país donde no nos quieren y lo malo es que ya no podemos regresar”. (Relato de un migrante hondureño de 19 años acompañado por su novia del 17, quienes han permanecido varados por tres meses en el estado de Puebla).
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Trump, AMLO y la migración de centroamericanos por México
Uno de los mayores retos para el gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador será, sin duda, el tema de la migración de centroamericanos y de otras nacionalidades que transitan por México para llegar a los Estados Unidos.
Y es que todo indica que los planes de Donald Trump para México son tan maléficos como insensatos. Además de seguir haciendo el trabajo sucio, a los gringos se les han ocurrido nuevas y sofisticas funciones para nuestras autoridades migratorias.
Vayamos por pasos, la semana pasada, los influyentes diarios The New York Times y The Washington Post, así como el semanario Proceso, revelaron que el canciller Luis Videgaray se dispone a firmar lo que se ha denominado Acuerdo del Tercer País Seguro (TPS) con Estados Unidos, antes de que López Obrador asuma la Presidencia.
Con dicho acuerdo, se pretende que México se convierta el filtro migratorio para que los migrantes no lleguen a la frontera con Estados Unidos. Es decir que los todos los extranjeros no mexicanos solicitantes de asilo en Estados Unidos no podrían acercarse a la frontera sur de la Unión Americana, pues se requerirá que primero pidan asilo en México y se queden en este territorio, si se les concede, o bien, sean deportados.
Dicho de otra manera, se busca que sea el gobierno mexicano, y no el de Estados Unidos, el que se encargue de regresar a sus países de origen a los migrantes centroamericanos que no reúnan los requisitos para ser solicitantes de asilo.
Según algunas fuentes, no citadas por estos medios, a cambio de este servicio, el gobierno de Trump destinaría 800 millones de dólares a la infraestructura del Instituto Nacional de Migración (INM) y harían de sus agentes algo así como empleados subalternos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
De esta forma, el gobierno de Trump colaboraría para la construcción de más estaciones migratorias, actualizaría el equipo tecnológico y mejoraría las bases de datos para estar interconectados en tiempo real con sus pares estadounidenses.
El seminario aseguró que el equipo de transición de López Obrador está al tanto de las negociaciones y que el futuro canciller Marcelo Ebrard, le ha dejado en claro a Videgaray que el TPS no será aceptado, a pesar de que se estima que la firma se produciría durante la reunión de alto nivel que se realizará del 16 al 17 de agosto en Washington.
Pero no nos hagamos tontos, México le ha hecho el trabajo sucio a Estados Unidos, desde hace mucho, y la firma del TPS no es sino la continuación de los muchos acuerdos que ya se tienen. Desde que se creó el Sistema Integral de Información Migratoria (SIOM) en 2010, Estados Unidos está interconectado en tiempo real con nuestras bases de datos en aeropuertos y demás filtros migratorios.
Vaya, poco después del 11 de septiembre de 2001, después del ataque al World Trade Center, Estados Unidos se ha ocupado de hacer de México un territorio filtro a la migración indocumentada y de freno a cualquier riesgo que ponga en peligro su seguridad nacional.
Desde año, se han venido poniendo en marcha diversos mecanismos de colaboración como la Iniciativa Mérida, para establecer nuevos paradigmas de seguridad como las fronteras inteligentes, plataformas informáticas para el registro de datos biométricos en la frontera sur, sistemas de intercomunicación, capacitación para los agentes migratorios y hasta el nuevo sistema de justicia penal. En realidad, no conocemos el alcance de todo lo que se negoció desde los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y el actual, Enrique Peña Nieto.
En julio de 2014, bajo este mismo esquema de colaboración, se puso en marcha el Programa Frontera Sur, que prometía proteger los derechos humanos de los migrantes sin documentos que transitan por México para llegar a Estados Unidos, pero que en la práctica implicó un aumento gradual de detenciones.
El Plan Frontera Sur trajo consigo redadas masivas para detener los migrantes. Y las cifras no engañan. De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria, durante el año 2013, el primer año de gobierno de Peña Nieto, el Instituto Nacional de Migración (INM) detuvo a 86 mil 298 migrantes. En 2014, la cifra aumentó 47 por ciento al detener a 127 mil 149 migrantes de tránsito.
En 2015, se detuvieron a 198 mil 141 migrantes. De hecho, en ese año México detuvo a más migrantes centroamericanos que la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
Para 2017, ya con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, el ritmo de detenciones del Instituto Nacional de Migración cayó a 95 mil 497, pero para los primeros tres primeros meses de 2018, las capturas han comenzado a aumentar para tener 32 mil 714, una cifra que supera en 35 por ciento, lo ocurrido en el primer trimestre de 2017.
Abrir nuestra política de asilo
Pero los planes del Imperio para México no paran ahí. Hay suficientes datos para pensar que hay fuertes presiones para que nuestro país abra su política de asilo y recepción de los migrantes que antes venían de paso.
Hace unos meses, el representante de la agencia de la ONU para los Refugiados en México, Mark Manly, dijo que México enfrenta una nueva realidad en materia de movilidad humana. Pues además de ser país de tránsito de personas migrantes, se ha convertido en país de destino para personas que huyen de la violencia y la persecución, es decir, un país de destino para personas refugiadas.
De acuerdo con la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) el número de solicitantes de la condición de refugiado pasó de mil 296 en 2013 a 14 mil 956 en 2017, provenientes de Honduras, El Salvador y, ahora también, de Venezuela.
Y no dudo, que Trump vea con ojos de amor a AMLO que por primera vez ha hablado de atacar las condiciones de pobreza, corrupción y miseria que han motivado la migración de miles de mexicanos a su país, pero también ha abordado la necesidad de instaurar planes de desarrollo para Centroamérica, a fin de reducir el éxodo de personas provenientes de esa región.
Andrés Manuel ha puesto el dedo en la llaga, pero el reto es muy grande porque la complicada realidad de los países del Triángulo Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador), al igual que la de México, no es sólo producto de la corrupción o la mala administración gubernamental. Es una historia mucho más larga de siglos de racismo y de violencia institucionalizada; los patrones actuales de migración están relacionados con la imposición de sistemas coloniales y autoritarios que favorecieron a minorías ricas a expensas de una mayoría pobre.
La solución, lo dije a hace meses en este mismo espacio, no es poner a México como receptor de toda esa población que sale huyendo para encontrar una vida digna en otro lado. La solución es que EU saque las manos de esa región y que nos deje crecer.
Cualquier duda, aclaración o malestar, escríbame a norcudi@gmail.com