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OPINIÓN

Posible estallido de otro sainete poselectoral

La experiencia ha mostrado que AMLO y sus seguidores, si no ganan, generan polarización.

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Viernes, Junio 29, 2018

Si AMLO no triunfa el domingo 1 de julio y atribuye su derrota a un supuesto fraude electoral, sus fanáticos, disfrazados de tigres y diablos, saldrán iracundos a las calles de las principales ciudades del país a tomar plazas y oficinas gubernamentales y a causar daños en establecimientos comerciales en señal de protesta, poniendo en riesgo lo poco que queda en México de la gobernabilidad. 

 

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Faltan muy pocas horas para que se abran las 156 mil 836 casillas electorales que el INE tiene previsto instalar en todo el país con la finalidad de que 89 millones 123 mil 355 ciudadanos registrados en el listado nominal de electores estén en aptitud de acudir a depositar su voto a favor del candidato presidencial de su preferencia o anularlo en caso que ninguno de los cuatro contendientes reúna, desde su punto de vista, el perfil del presidente de la república que requiere México para continuar avanzando, sin contratiempos, en la ruta del progreso.

 

Todas las encuestas ─unas elaboradas con rigor metodológico y otras hechas, bajo pedido, a conveniencia de los candidatos─ refieren que AMLO encabeza la intención de voto de las personas encuestadas.

 

Esta intención, divulgada insistentemente durante más de seis meses por diversos medios informativos ─impresos y electrónicos─, que de ninguna manera refleja el resultado anticipado de la elección presidencial, ha  provocado que López Obrador considere que aún antes de efectuarse la votación del 1 de julio, él ya es el presidente de la república que habrá de gobernar hasta 2024.

 

Lo mismo supone su ejército de fanáticos.

 

Con la finalidad de evitar un mal entendimiento que genere reacciones equivocadas por parte de la grey lópezobradorista, en caso que su líder sea derrotado, debe quedar claro que de ninguna manera, las encuestas determinan  al triunfador de una contienda electoral, sino la mayor cantidad de votos que obtenga en su favor un determinado candidato. 

 

Sin embargo, conociéndose a lo largo y ancho del país la forma violenta como AMLO reacciona cuando es derrotado, es factible que induzca a sus fanáticos a cometer disturbios callejeros bajo el argumento que nuevamente, la mafia en el poder le robó la presidencia mediante un tercer fraude electoral.

 

Ya advirtió que en caso esto ocurra se soltará el tigre y él no detendrá a la gente.

 

Para que no quede duda acerca del puntual cumplimiento de esta amenaza, la presidenta del partido político (Morena) propiedad y usufructo de López Obrador, Yeidckol Polevnsky, dijo enfáticamente: “Que no se atrevan a (…) hacer un fraude (electoral) porque (…) se van a encontrar con el Diablo. No les vamos a permitir un fraude, a ningún precio, no lo vamos a aceptar. Esta elección está definida. Está decidida”.     

 

López ha sido vencido electoralmente en tres ocasiones. En ninguna de ellas aceptó su derrota. Siempre se asumió como víctima de un fraude electoral que jamás logró demostrar.

 

En 1994, perdió la gubernatura Tabasco por una diferencia de votos de 18.35%. Haciéndose pasar como víctima de un fraude electoral, tomó la Plaza de Armas de Villahermosa. Reclutó a un grupo de seguidores para viajar al Distrito Federal  e iniciar un plantón frente al Palacio Nacional. Posteriormente llevó a su grupo de acarreados a la Cámara de Diputados para que apoyaran su exigencia de anular la elección y la designación de un gobernador interino.

 

Por primera vez, AMLO fue candidato a la presidencia de la república en 2006 contendió contra Felipe Calderón, quien lo derrotó por diferencia de 243 mil 934 votos. Seis años después, Enrique Peña Nieto lo venció con diferencia de 3 millones 329 mil 785 sufragios.

 

Igual que en 1994, cuando perdió la batalla electoral por la gubernatura de Tabasco, López Obrador, EN 2006, se dijo víctima de otro fraude electoral y acusó a Calderón de robarle la presidencia.

 

En señal de protesta por ese supuesto hurto ─del que no presentó elementos de prueba que avalaran su imputación─ bloqueó la avenida Paseo de la Reforma, manteniéndola cerrada durante 147 días. Para realizar esta ilegal medida de presión política, que causó daños a miles de personas y a la economía del Distrito Federal, contó con la anuencia y complicidad de su compañero de partido (PRD) y entonces jefe del gobierno capitalino, Alejandro Encinas.

 

De inmediato se autoproclamó como Presidente Legítimo de México y armó un espectáculo jocoso, donde hubo de todo a nivel presidencial. Desde una banda tricolor, un sillón y la designación de un gabinete, hasta una ceremonia de toma de posesión de la presidencia de la república y con el consiguiente juramento de “cumplir y hacer cumplir” la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Todo esto apócrifo.

 

Según la CANIRAC, con el cierre de Paseo de la Reforma, Andrés Manuel López Obrador, ocasionó grandes daños a la economía del Distrito Federal. Pérdida de 7 mil 796 millones de pesos y cancelación de 3 mil empleos, además del cierre definitivo de más de 150 establecimientos comerciales que financieramente no pudieron superar los perjuicios causados por la forma de protestar del tercera vez candidato a presidente de México.

 

Esta reprobable conducta, que en otro país, que no sea desmemoriado como el nuestro, le hubiera ocasionado al candidato presidencial vitalicio el repudio de la población, aquí, en México, donde cualquier persona puede violar impunemente la ley cuantas veces se le ocurra, le permitió a AMLO aparecer, por tercera ocasión consecutiva, en la boleta electoral de 2018 y quizá hasta en la  2024, si es derrotado el domingo 1 de julio.

 

Como el político tabasqueño ha demostrado en tres ocasiones que es mal perdedor porque no suele reconocer sus derrotas a pesar de las evidencias, no se descarta que en caso de ser derrotado nuevamente, desde las primeras horas del lunes 2 de julio, sus fanáticos, disfrazados unos de tigres y otros de diablos, salgan a las calles de muchas ciudades del país a tomar violentamente plazas y oficinas pública y causar daños a establecimientos comerciales, al clásico estilo de los profesores de la CNTE, mientras AMLO arma un sainete de mayor dimensión al de 2006 en la Ciudad de México.

 

Si esto sucede no ocurrirá más de lo que ya ha ocurrido en estos casos semejantes. Lo grave sería que los tigres y diablos lópezobradoristas escalen su inconformidad a otro nivel.  

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