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OPINIÓN

Alma de mercaderes: ¿Es posible otra educación?

El imperio del mercado y su universal absorción. Necesidad de una educación que supere al mercado.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 21, 2018

“El mercado universal es, así, la nueva cultura. Incide en la manera de pensar y en las dinámicas que guían los razonamientos; modifica el sentido del tiempo y el modo de tomar decisiones; la educación ahora requerida privilegia las habilidades propias del vendedor: la ponderación de la competencia, el cálculo de futuros y la lógica de maximización del beneficio; sin sospecharlo, todos tenemos ya alma de mercaderes”.

Pablo Latapí Sarre, La cultura de la mercancía. En: Proceso, 31 de octubre de 1994.

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Mientras escribo este artículo tengo de fondo un canal de noticias en la televisión que está transmitiendo un largo reportaje o más bien dicho, un infomercial dedicado a una feria de productos de lujo.

El entrevistado presenta al público esta gran exhibición de todo tipo de mercancías y marcas dedicadas a vender a consumidores con alto nivel adquisitivo y habla del incremento en la calidad de vida de las personas en las últimas décadas desde un discurso que por una parte parece asumir que toda la población tiene acceso a este mercado de lujo, ignorando los millones de personas que viven aún en condiciones de pobreza en el mundo y en nuestro país, y por otro lado equipara el concepto de calidad de vida al número y precio de los productos que alguien puede adquirir y al nivel de lujo en el que se desenvuelve.

Escuchándolo compruebo una vez más esta prevalencia del mercado universal de la que nos alertaba el gran investigador educativo mexicano Pablo Latapí Sarre en el ya lejano año 1994, es decir, al final del sexenio presidencial de Carlos Salinas de Gortari que se volvió emblemático del proyecto modernizador calificado como neoliberal en nuestro país.

Como afirma en este artículo del que tomo el epígrafe del artículo de hoy, el imperio del mercado universal abarca mucho más que el ámbito económico y se ha convertido en una nueva cultura, es decir, en un conjunto de significados y valores que determinan hoy la forma en que vivimos.

Esta nueva cultura del mercado ha ido reconfigurando nuestro modo de pensar y los criterios que guían los razonamientos de la mayoría, el sentido que tiene actualmente el tiempo y la forma en que se toman las decisiones.

En nuestros días prácticamente todo se ha convertido en una mercancía que tiene precio sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Elementos naturales que eran parte de lo que nuestro entorno natural nos regala como el agua hoy tienen un precio, al igual que el arte y otras actividades que históricamente han sido parte de la gratuidad de la vida humana.

El extremo de esta visión mercantilista constituida ya como la cultura dominante es el hecho trágico y terrible de que los órganos vitales, las personas y la vida misma son hoy compradas y vendidas en mercados que son ilegales pero operan de manera impune frente a nuestros ojos y sin que nada ni nadie pueda contenerlos.

En este contexto, la educación y el conocimiento se han vuelto también mercancías sujetas al intercambio comercial que se miden y juzgan con criterios de eficiencia y productividad y el enfoque de la actividad educativa se mira hoy como una fábrica de repuestos para el mercado laboral que requiere como afirma Latapí del desarrollo de las habilidades propias del vendedor: competitividad, cálculos de inversión-rentabilidad, maximización de beneficios, operación eficiente, etc.

Sin darnos cuenta todos hemos ido en distinta medida envueltos por la cultura dominante y tenemos hoy alma de mercaderes.

La escuela y la universidad se miran hoy de manera muy extendida como laboratorios para formar esta alma de mercaderes de las nuevas generaciones y por ello se exige que estas instituciones se orienten hacia una mera capacitación pragmática, eficientista, competitiva y útil para la dinámica económica global, abandonando o viendo como mero complemento interesante pero prescindible, la formación integral de las personas y los ciudadanos que requieren México y el mundo hoy más que nunca.

Como he dicho en otros espacios, el saber no práctico o aplicable se ha vuelto un estorbo para la educación mercantilista y el adjetivo teórico se aplica hoy de manera peyorativa para manifestar la inutilidad de una materia, de un contenido o del talante de un profesor.

Porque el saber contemplativo ha cedido terreno frente al saber pragmático como dice el mismo Latapí en su artículo y la ciencia ya no se busca por sus aportaciones para la comprensión del mundo sino por su aplicabilidad al diseño y generación de productos, mientras que las artes y las humanidades, como afirma la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, se van excluyendo de los planes de estudio porque no sirven para nada en este reino de las mercancías.

¿Es posible otra educación? ¿Es viable pensar en un sistema educativo que eduque verdaderamente a personas completas y complejas y no se concrete solamente a capacitar al homo economicus?

La respuesta de un educador debe ser afirmativa a pesar de los enormes obstáculos que hay que vencer para lograrlo, puesto que por definición el educador es el profesional de la esperanza.

Los educadores debemos seguir creyendo que esto es posible y trabajar de manera inteligente, estratégica y colaborativa para construir una educación auténticamente humana que no se concrete a formar almas de mercaderes sino a desarrollar todas las dimensiones humanas de las nuevas generaciones.

Para lograrlo tendríamos que mirar hacia el futuro y no hacia al pasado. Porque la educación no puede ignorar hoy las demandas del mercado global si quiere formar personas que puedan sobrevivir en el contexto altamente competitivo en el que les va a tocar desarrollar su proyecto existencial, pero sí debe trascender esta visión de la cultura de la mercancía para enfocarse a la formación de personas y ciudadanos íntegros e integrales que sean capaces de vivir con sentido a partir de significados y valores auténticamente humanos.

Este es un enorme desafío que tenemos los educadores de hoy.

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