El pasado martes 24 de abril el Senado de la República eligió a Bernardo Hugo Naranjo Piñera y a Patricia Gabriela Vázquez del Mercado Herrera como integrantes de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).
Los dos consejeros electos sustituirán en sus cargos al actual Consejero Presidente, Eduardo Backhoff Escudero y a Margarita Zorrilla Fierro respectivamente, quienes terminan el período de cinco años para el que fueron electos este martes 30 de abril.
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El cambio en dos de los cinco miembros de la Junta de Gobierno implicará sin duda el inicio de una nueva etapa del instituto, que ha sido el centro de una gran polémica entre los sectores que apoyan y los que se han opuesto a la Reforma educativa, principalmente en lo relativo a la creación del Servicio Profesional Docente y a los procesos de evaluación para el ingreso, la permanencia y la promoción de los profesores de todos los niveles de la educación obligatoria.
Si bien el enorme ruido y polarización en que nos tiene metidos el proceso electoral sobre todo en las campañas presidenciales hizo que esta noticia tuviera poca atención en los medios y en las redes sociales, resulta muy importante para quienes trabajamos en el sistema educativo y para quienes hacemos investigación educativa analizar los pros y contras que puede tener la designación de estos nuevos consejeros, por las implicaciones que puede tener para la definición del rumbo futuro de este órgano, que desde mi punto de vista tiene un papel muy importante para buscar una mejora sustancial en la calidad y la equidad de la educación que tenemos en el país.
Trataré de expresar aquí, de manera sintética y sin ser experto en política educativa, lo que considero positivo, lo que veo como reto y lo que me parece que podría implicar un riesgo para el futuro del INEE.
En general las reacciones que pude ver en los medios y las redes después del nombramiento fue positiva. Sin duda esta recepción de la noticia se debe a prestigio que tanto Bernardo Naranjo como Patricia Vázquez del Mercado se han ganado a pulso por su trabajo eficiente y comprometido con la educación en Puebla y por los resultados significativos que se han obtenido en nuestro estado en las evaluaciones nacionales de PLANEA.
Desde este punto de vista el nombramiento de ambos es muy positivo y debe celebrarse. Aunque no tengo contacto cercano y sistemático con el trabajo de la Secretaría de Educación Pública de Puebla, en los aspectos que conozco de primera mano y en la información que tengo de muchos actores dentro del sistema educativo poblano y de los medios de comunicación, coincido con la buena impresión de la mayoría respecto al profesionalismo, la honestidad y el compromiso con la educación de ambos personajes.
La primera Junta de Gobierno del INEE estuvo formada exclusivamente por académicos de reconocido prestigio, conocedores del sistema educativo por su trabajo como investigadores durante muchos años y en distintas instituciones del país. De hecho sus nombres surgieron de una consulta que se realizó entre los investigadores nacionales –como miembro del Sistema Nacional de Investigadores fui consultado para enviar propuestas- de donde se eligió la lista de la que fueron seleccionados finalmente los cinco consejeros fundadores del nuevo INEE.
Tal vez por ello, una de las cosas que se han criticado del trabajo del instituto ha sido la de errores de instrumentación de ciertos procesos y de gestión e interacción con la autoridad educativa para lograr que los resultados de la evaluación y las directrices que de ellos se han derivado puedan convertirse en política pública que se aplique de manera eficiente para mejorar la calidad educativa.
Entiendo como una razón de la elección de los nuevos consejeros la necesidad de contar con dos personas que han estado en la trinchera de la política educativa y saben de los procesos y las complicaciones, la complejidad y las estrategias para lograr que lo que se reflexiona y se planea pueda irse haciendo progresivamente parte de la realidad cotidiana de las instituciones educativas.
Aquí es donde vislumbro el reto de la nueva Junta de Gobierno: lograr que la visión de los académicos e investigadores pueda ser complementada y articulada de manera sinérgica con la de los que conocen de políticas públicas en educación para poder generar un engranaje más eficiente que acelere los procesos de investigación-evaluación-definición de directrices-comunicación con la autoridad educativa-traducción a políticas y programas-instrumentación en las escuelas.
Pero si revisamos la historia de otros organismos autónomos del Estado Mexicano y vemos su proceso de deterioro en cuanto a independencia real y credibilidad social, podemos también vislumbrar un posible riesgo en estos dos nombramientos.
Porque el Instituto Federal Electoral (IFE) inició con un consejo formado básicamente por ciudadanos independientes de los partidos, algunos de ellos también académicos expertos en procesos político-electorales que construyeron una institución creíble y realmente independiente de los poderes públicos. Pero a partir del segundo consejo del IFE se fue dando un proceso de partidización de la elección de los consejeros y de reparto de cuotas de los distintos grupos y bancadas que ha derivado en un creciente desprestigio y en una muy débil autonomía que prevalece hasta hoy en el nuevo Instituto Nacional Electoral (INE).
Algo similar ocurrió en el IFAI –hoy INAI-, el órgano autónomo encargado de vigilar la transparencia y el acceso a la información y en otros organismos como el mismo INEGI en el que recientemente se vivió una gran polémica por el nombramiento de Paloma Merodio Gómez como vicepresidenta el año pasado por nominación del Presidente de la República a pesar de evidencias que mostraban que no cumplía con los requisitos legales establecidos para el puesto.
Este es el riesgo que yo vislumbro ahora en el caso del INEE. Los dos consejeros nombrados están ligados al mundo de la política más que al de la academia y ambos provienen del mismo equipo ligado a un gobierno estatal que tiene una definición partidista específica.
Ojalá que este no sea el inicio de un proceso de partidización del INEE que podría continuar en el 2019 y el 2020 con los nombramientos de los consejeros que sustituyan a los que concluirán sus períodos con un criterio de reparto de cuotas como el que ha deteriorado y minado la autonomía y el prestigio de otros órganos autónomos del Estado.
Este riesgo por supuesto no tiene nada que ver con las dos personas que asumirán sus cargos dentro de la Junta de Gobierno del INEE que han mostrado los méritos suficientes para esperar una buena actuación de su parte. Esperemos que sus virtudes y su compromiso predominen, que el reto de hacer sinergia con los tres consejeros que vienen de la academia se resuelva exitosamente y que los senadores que serán elegidos el próximo 1 de julio no reproduzcan en los siguiente nombramientos las malas prácticas que han deteriorado la independencia y el prestigio de otros órganos autónomos del Estado Mexicano.
Enhorabuena a los nuevos consejeros y que vengan buenos tiempos para el INEE por el bien de nuestras nuevas generaciones y el futuro de nuestro país.