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OPINIÓN

Chiapas a ojo de pájaro

Una visita que se asoma al talante de la tierra y de su gente.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Abril 29, 2018

TUXTLA GUTIÉRREZ, CHIAPAS.- Una rápida visita de cinco días a Chiapas no vuelve experto en ese estado a nadie. En esos estamos de acuerdo. Pero ello permite llevarse en los ojos y en el alma (¿es el alma el archivo de los ojos y de todos los sentidos?) una belleza deslumbrante. Y el sentir un gran orgullo como mexicano, por ser dueños de esta hermosa tierra.

Para empezar, la casualidad me vuelve a mis raíces: Tuxtla, igual que mi pueblo, Tochtepec significan lo mismo: lugar donde abundan los conejos. Eso ya me seduce, sin entrar a mayores detalles. Pero luego, vivir con los cinco sentidos todo lo que la naturaleza concentró aquí es un placer, un verdadero placer.

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Viajamos cientos y cientos de kilómetros por sus carreteras y no alcanzamos a contar la variedad de verdes en su flora. Perdimos la cuenta cuando la tonalidad de verdes llegaba a setecientos veintiocho. Árboles, arbustos, plantas, flores, selva convierten a esta entidad en un paraíso verde. Ignoro si el paraíso tenga otro color.

Palenque, esa imponente ciudad o centro religioso maya te deja boquiabierto. Su bellísima arquitectura casi merece reverencia. Manos mayas dejaron aquí enormes y admirables huellas de la vida prehispánica. Uno quisiera sentarse horas y días a admirar las construcciones, esta reliquia arqueológica. Y el asombro se agiganta al saber que estas ruinas son apenas una ínfima superficie de toda la zona que la rodea.

Lo visible es impresionante. Pero debajo de la selva y toneladas de tierra hay una extensión infinita de construcciones aún sin explorar. Sólo las fotos y estudios satelitales llevan a dimensionar la grandeza que oculta el subsuelo.

Brincamos a las Cascadas de Agua Azul. Algo así como la joya de la corona de esta zona paradisiaca. Aquí la naturaleza derrochó su esplendor. La sencillez es grande. Y aquí, la sencilla naturaleza exhibe de modo permanente su arte extraordinario. No hay palabras suficientes para describir lo que se mira, lo que se goza, lo que el mundo nos regala.

Es como uno de los lujos de la naturaleza en el planeta tierra.

Cascadas admirables, seductoras, embelesantes. Como alfombras de agua de tonos verdes, azules, turqueza, que con parsimonia pasean por la montaña y desfilen ante nuestros ojos. Más de 14 miradores de la base a la cúspide permiten admirar los más extraordinarios ángulos de este paisaje. Y el follaje de la selva es el marco digno de este cuadro de dimensión celestial.

Hemos recorrido en estos días cientos y cientos de kilómetros en tiempos de campañas políticas, y en las carreteras y entradas a los pueblos y ciudades hemos visto que, definitivamente, las cosas ya no son como antes. Un detalle: en todo este periplo turístico hemos visto… ¡uno… un solo espectacular del candidato Meade!, frente a decenas de AMLO y ninguno de Anaya.

Las encuestas recientes confirman de qué lado masca la iguana: el candidato a gobernador de Morena, Rutilio Escandón le saca ¡17 puntos de ventaja! a Roberto Albores Gleason, del PRI,  y al del PAN 28 puntos. Nada más.

Sólo que hay un asunto que preocupa a algunos chiapanecos: muchos políticos con fama de ladrones que concluyen su sexenio dorado en ese estado, han sido cobijados por Morena postulados para diversos cargos.

Por cierto el gobernador que concluye su mandato, Manuel Velasco Coello, tiene una calificación de sus paisanos de nefasta para abajo. Esto confirma el contraste entre su carísima propaganda que satura medios nacionales y la imagen que aquí tiene de frívolo, sátrapa y cleptómano de ligas mayores.

Baste un dato: su señora madre fue quien desvió el cauce que da lugar a las maravillosas cascadas de Agua Azul, para privilegiar con esas aguas su paradisiaca residencia. Sólo el escándalo nacional de este inaudito abuso rectificó en unos cuantos días el insaciable apetito de fortuna de la casta divina chiapaneca.

En Chiapas confían en que el próximo gobierno use tijeras gigantescas para cortar las uñas de esta cáfila de truhanes.

Pasamos a los lagos y lagunas de Montebello. Más de 50 maravillas que con su variedad enorme de colores cautivan al viajero. Con esto y mucho más, uno concluye que la naturaleza le vació toooodo el cucharón de atractivos a esta increíble tierra. Aquí se concentran en grado de derroche ríos, montañas, flora y fauna, frutas, café, ruinas, cenotes, y mil cosas más.

Pero además, reservó para quien pisa este suelo, el chocolate, las artesanías, el pan de la panadería “Fátima” en el barrio del mismo nombre, y lo principal, su gente.

Su gente es generosa, hospitalaria, cálida, festiva, alegre, traen la música por dentro y la sacan a la menor provocación. Y contagian al visitante. Todos cantan, tocan algún instrumento o declaman. Y comparten con el visitante este inolvidable ambiente provinciano, con las bullangueras y nostálgicas notas de las maderas que cantan, la marimba.

La marimba no es un instrumento que el alma prodigiosa de los árboles regaló a Chiapas, es parte del corazón de los chiapanecos. Y ahí quedan testimonios permanentes que lo recuerdan  para disfrute de los mortales: la marimba de los Hermanos Domínguez y la de la dinastía de don Zeferino Nandayapa, en cuya memoria el museo de la marimba lleva su nombre.

Pero en este estado, me cuentan, en cada pueblo por pequeño que fuese había una o dos marimbas. Hoy ha variado un poco el gusto por la ejecución de este instrumento, pero jamás  el sitio de privilegio que tiene en la vida y cultura de los chiapanecos.

San Cristobal de las Casas es una ciudad con señorío. Tiene arte, calor humano, color, arquitectura que asombra y que captura como con un imán. Las manos de los antepasados que la crearon le dieron un toque que pocas ciudades mexicanas tienen.

Es de esas ciudades que seducen para vivir ahí.

Esas mismas manos, admirables, venerables, nos regalan ese arte ancestral que las caracteriza en forma de artesanías. Su muestrario es infinito, colorido, caprichoso. El ingenio, el talento, la dulzura de las manos de las mujeres y hombres artistas es un auténtico orgullo para todos los mexicanos.

Por todo, por todo esto, duele que Chiapas siga estando entre los estados más pobres y explotados del país, cuando tiene toda la riqueza, merecimientos y razón, para llevar una vida con mayor dignidad y prosperidad en todos los sentidos.

Esa es una deuda de todo el país con Chiapas. Y una gran deuda que no puede aplazarse más.

Me llevo de Chiapas una gran riqueza en vivencias mil.

(Gracias a Gilberto Navarro Rodas y su gran familia por sus extraordinarias atenciones, y a la destreza del también abogado Juan Emilio, quien llevó el timón por los caminos chiapanecos…)

xgt49@yahoo.com.mx

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