Una reacción virulenta desató AMLO por demandar revisión y transparencia en las concesiones del petróleo mexicano y la gigantesca obra del nuevo aeropuerto internacional. Y no es para menos. Ahí confluyen poderosísimos grupos de poder. Ahí es donde se anudan los intereses del gobierno que concluye y los grupos empresariales cupulares.
La propuesta de López Obrador, ha sido presentada como una necedad, una imprudencia. Es lógica la reacción. Un concierto de medios, -la gran mayoría pero no todos los analistas- respondió demonizando una vez más al candidato de Morena. Esto no es nada nuevo. Es parte de la campaña para frenarlo. Y se sigue una y otra vez, acompasadamente, siguiendo el ritmo de la batuta que se mueve desde Los Pinos.
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La “impertinencia” de López Obrador equivale a levantar la alfombra y ventilar la pestilencia del estiércol del gato. Y se requiere ser sumamente ingenuo para pensar que atrás de tales negociaciones está algo distinto a la manera común de operar del aparato mexicano del poder.
Existen gigantescas concesiones, patrimoniales y de obra pública, obscuras y rodeadas de sospecha. Si eso se ha visto multiplicado en el sexenio que concluye, ¿por qué tendría que ser distinto con las cerezas del pastel al concluir el gobierno? La fórmula ha sido la misma, repetida por toda la geografía nacional.
Empresarios ligados al poder, beneficiados con jugosísimos contratos, las más de las veces entregados sin licitación. Muchas constructoras son de inversionistas asociados al poder, o los dueños son funcionarios del primer círculo con prestanombres. Los presupuestos originales son inflados una y otra vez. Las obras de mala calidad. Los proveedores o contratistas “empresas fantasmas”.
El analista Eduardo Huchim reveló un pequeñísimo botón de muestra. Una notaría poblana, la 128, de Jaime Juárez Hernández, registró las “constructoras” de dos jóvenes de 20 y 21 años, que vendieron, nada más 10 millones de pesos en materiales, a la principal obra del sexenio, el famoso aeropuerto en ciernes. Estas dos empresas, revela, son dos de los 111 proveedores de la Secretaría de la Defensa Nacional, convertida en contratista del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, responsable de construir la barda perimetral de la citada obra.
El proyecto de este muro, que originalmente era de 1,547 millones de pesos, ya “creció” un 89 por ciento. Ahora es de 2,930 millones de pesos.
Como este caso, una enorme nube de sospecha rodea toda la obra. El dirigente morenista solamente ha demandado transparencia. Es decir, mostrar públicamente cómo se emplea el dinero de los mexicanos. Así de pecaminoso es su atrevimiento. Esto, para el poder, es acercar una tea a un gigantesco depósito de gasolina. Y eso no lo admiten.
Esto explica, de modo sencillo, la reacción rabiosa y violentísima de toda la maraña de intereses de acero que rodea estas inversiones de cierre de sexenio.
Ahí está el meollo de la más reciente campaña que exhibe a AMLO, como intruso, obcecado, impertinente, necio o intolerante.
Este reciente episodio que ventilan los medios exhibe, de modo sencillo dos concepciones del poder y la democracia. El poder ejercido como fórmula para hacer negocios al amparo de la noche y marchar con las alforjas llenas. La santa alianza del poder y el dinero en una corresponsable sociedad opaca y cínica.
Para quienes así reparten el pastel (de todo el sexenio) y del final del mandato, la democracia se queda en lo electoral. Es llegar al poder para hacer negocios. Y, venderle a la sociedad espejitos contándole que su participación y voto es exclusivamente para elegir, no para revisar, ni administrar, o velar por el bienestar colectivo. A pesar de que suyo sea el dinero…en teoría.
Mauricio de Vengoechea, un exitoso consultor que ha dirigido 18 elecciones presidenciales, da una de las mejores definiciones de lo que, a su juicio y tras su larga experiencia cerca del poder, es el populismo. Él dice: “En nuestra región –se refiere a Latinoamérica- lo que se hace es enriquecer más al rico y darle limosna al pobre; eso es lo que genera el populismo”.
Exactamente eso es lo que hemos visto aquí a lo largo de la historia. Los colores de los partidos en el poder son distintos, las fórmulas son las mismas. Esto es, alternancia sin diferencia. Por esto la gente razona, con elemental juicio, que una “democracia” así en nada la beneficia.
Con la democracia no come, ni cambia sustancialmente su modo de vida. Esto pasa con más de 50 millones de mexicanos en pobreza y pobreza extrema. Por eso, según “Latinobarómetro”, encuesta de 2017, en México sólo el 18% está satisfecho con la democracia.
Esto es, de modo simple, lo que tiene harta a la gente.
Para leer una y otra vez las encuestas por la contienda presidencial, con resultados idénticos, hay que leer más a fondo, es decir, ver el fondo. Escudriñar exactamente qué cuidan, qué protegen los que se resisten al cambio, a la revisión, a la restructuración a fondo del ejercicio del poder, con nuevos actores.
CANDIDATA POR CHOLULA.-En San Pedro Cholula ha surgido una candidata a la presidencia municipal que le ha puesto el cascabel al gato. Se trata de la abogada Heidi Vital Esquivel, quien registrada por el Partido Compromiso por Puebla, busca la alcaldía con dos prendas irrebatibles: es originaria de ahí, y viene desde la base con una larga carrera.
Se desmarca de grupos caciquiles, reivindica su condición de una luchadora civil y se propone, con una campaña a ras del piso, convencer a sus paisanos de que existe una manera de dirigir su municipio con transparencia y compromiso. Con esas banderas e innovadoras ideas, busca demostrar a la ciudadanía que sí se puede buscar y ejercer el poder de un modo distinto a como ha sido hasta la fecha.
Ahí la lleva…