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OPINIÓN

¿Por qué la votación no es la opción?

El problema son los candidatos, los partidos, pero detrás de ellos, la lógica de la democracia

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Jueves, Marzo 1, 2018

Parafraseando a Marshall McLuhan, cuando mencionaba que “el medio es el mensaje”, podríamos decir que, para los gobiernos capitalistas con democracia burguesa, la elección es la antidemocracia. Si algo ha dejado ver este periodo pre-electoral, electoral, es que los candidatos de cualquier partido político, coalición o independientes representan la misma estructura político-económico-social. Son como ratas (con respeto a los roedores) girando en sus ruedas: unos para la derecha y otros para la izquierda. El problema son los candidatos, los partidos, pero detrás de ellos, la lógica de la propia democracia indirecta burguesa.

En los últimos días, se puede leer o escuchar los voluntarismos políticos como “si se puede cambiar” “si hay opciones”. No dudo que las haya, pero no bajo esta lógica de sentido. Es como sembrar manzanas cuando sembramos durazno, como diría una vieja tortuga de una cinta infantil. No se duda de las intenciones de las personas (de algunas sí), pero, tanto intenciones como como personas se pervierten bajo la estructura de elección más que de construcción de consensos sociales, legitimados no en la mayoría, sino en la satisfacción de las necesidades humanas, el trabajo solidario, colaborativo y comunitario, respetuosos de las diferencias (no de las económicas) que busquen la construcción de sociedades justas, social y económicamente, del bien común.

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No dudo que si en este momento Jesús o Buda (claro, ellos nunca lo harían, eran gente de bien) se candidatearan, la propia lógica de la supuesta democracia los haría las personas más perversas del mundo. Así como estos personajes y maestros de la vida no lo harían, tampoco pensarían en hacerlo ciudadanos honestos y que en verdad busquen el bienestar de todos. Quien se suma a este modelo farsante de democracia burguesa sólo sea hace “peón del veneno”, le hace “el caldo gordo” a los ricos y a los políticos corruptos, vendepatrias.

Casos como los de Ricardo Anaya, José Antonio Meade o Andrés Manuel López Obrador, por citar los de mayor efervescencia electorera, claro está que no buscan transformar la realidad de este país. A lo que aspiran es a enriquecerse de forma lícita o ilícita, como lo han hecho, acceder a un poder devastador, como ha ocurrido en los últimos 90 años en este país. Algo así como el porfiriato priista de Enrique Peña Nieto y sus secuaces.

¿Los independientes? ¿Quiénes? ¿Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, cuyo mayor logro es ser un autoritario que buscó la paz del municipio que gobernó a través de la fuerza? ¿Armando Ríos Piter quien como diputado y senador de Guerrero no hizo nada por su entidad, además no reconocérsele actuación alguna en los casos de las desapariciones forzadas de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en su estado? ¿Margarita Zavala, esposa del expresidente de México al que le debemos muerte y desaparición en una guerra absurda? Dirán ella no lo provocó, pero “tanto peca el que mata…”. Es necesario recordar que los tres, como candidatos independientes, también tienen dotes mágicas: hicieron firmar gente que no existe o muerta. Muy independientes, pero igual de mañosos.

Entonces, ¿por qué creer en el “sí hay otras opciones”, “sí se puede cambiar”? No, la respuesta es, con esta estructura perversa de candidiasis política, no puede haber cambio utilizando esa ruta.

¿Qué decir del árbitro, del Instituto Nacional Electoral (INE), que sirve para dos cosas y para ganar mucho dinero? Nada que decir… bueno.

La estructura electoral mexicana es la antidemocracia en sí. Mientras no haya transformación social profunda, surgida del pueblo, desde organizaciones sociales horizontales, no podemos, si quiera, pensar en alguna opción, a menos que seamos igual que todos ellos, pero con piel de oveja.

Picaporte

El gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, y su secretario de educación, Alberto Frutis Solís, no encuentran como seguir acosando a Alejandro Echevarría. El secretario de educación estatal, como en tiempos de dictatoriales, lanzó un ultimátum para investigar si el profesor Alejandro Echevarría cuenta con los estudios para ocupar una plaza educativa en la entidad, cuando se ha demostrado que él concursó, obviamente cumplió los requisitos correspondientes y ganó ese espacio laboral.

Sería interesante que el señor Frutis Solís aceptará el reto que le hizo Alejandro Echevarría, para demostrar su trayectoria académica, no vaya a ser que el que ocupa un lugar en el gobierno del Estado de Michoacán, en la Secretaría de Educación, hubiese llegado allí por recomendaciones, favoritismo o demás asuntos políticos oscuros.

Señor Alberto Frutis Solís, dé la cara, salga a demostrar por qué ocupa ese lugar en la administración pública de su entidad y, si no lo hace, deje de acosar y hostigar a quien legítimamente labora y transforma su entidad y al país, lo que usted no hace.

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