“En el corazón de la emergencia del estudiante como consumidor se encuentra la relación pedagógica. Es posible que no solo los aspectos perniciosos de la mercadización puedan ser aminorados sino también, que sus aspectos virtuosos sean resaltados. Este es probablemente el reto pedagógico crucial de nuestros tiempos…”
Roland Barnett. Los límites de la competencia. El conocimiento, la educación, la sociedad.
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La educación se encuentra inmersa en el mundo del mercado global. Los investigadores educativos que analizan las políticas públicas y las tendencias internacionales que afectan a los sistemas educativos han acuñado el término de mercadización para hablar del fenómeno por el cual, la formación escolar y universitaria se ha convertido, como prácticamente todo en la sociedad de este cambio de época, en una mercancía que se compra y se vende.
En este escenario, el estudiante emerge como consumidor, tal como afirma Barnett en el epígrafe. El estudiante –si es universitario o profesionista que busca un posgrado- o el padre de familia –en el caso de los niveles básico y medio superior- revisa la oferta educativa y de la misma forma que recorre varias tiendas o almacenes para comprar un par de zapatos o una computadora, valora la relación costo-beneficio, calidad-precio y toma la decisión de la escuela o universidad en la que va a inscribirse o a matricular a su hijo.
De este modo, las escuelas y universidades se vuelven simples empresas proveedoras de servicios, que pueden ganar o perder presencia en el mercado según sean percibidos por los consumidores.
Por ello estamos en un momento en el que las instituciones educativas se tienen que concebir como marcas y construir una imagen, generar estrategias de marketing, campañas publicitarias y presencia en las redes sociales para posicionarse y ganar terreno frente a la competencia que es cada vez más amplia y agresiva.
De esto depende su supervivencia y se ha llegado al extremo de considerar que son exclusivamente el mercado y la empleabilidad los que definen la pertinencia de instituciones y programas. Véase como ejemplo el nuevo marco normativo del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) del CONACYT.
Podría pensarse que este fenómeno de mercadización afecta exclusivamente a las instituciones educativas particulares pero no es así. Desde hace casi tres décadas las instituciones públicas, sobre todo universitarias se han visto sometidas a las mismas presiones que condicionan los recursos para su operación y desarrollo a la evaluación de su eficiencia desde estándares predominantemente económicos.
Esta realidad impera en todo el mundo, que ha apostado a enfocar la educación hacia el objetivo central de incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) en una perspectiva que la filósofa estadounidense Martha Nussbaum llama “Educación para la renta”.
El resultado es que muchos rectores y directivos de instituciones universitarias se ven obligados a entrar en esta dinámica de mercadización de manera automática e irreflexiva, con lo que los efectos perniciosos de esta tendencia se potencian y no se promueven los efectos virtuosos de los que habla Barnett.
El desafío pedagógico de nuestros tiempos como lo indica este prestigiado investigador consiste en hacer conciencia de la mercadización pero seguir poniendo en el centro la relación educativa y el fundamento que emana de un modelo educativo claro, integral y bien cimentado filosófica, epistemológica y pedagógicamente para poder lograr aminorar lo más posible los efectos negativos de esta realidad y potenciar sus efectos constructivos.
Porque existe una relación dialógica y recursiva entre modelo educativo y viabilidad económica en toda institución universitaria y es necesario tener muy clara esta relación para ejercer un liderazgo capaz de vivir equilibradamente la tensión entre ambos componentes.
Resulta claro que si una escuela o universidad se orienta exclusivamente desde sus planteamientos filosóficos y su modelo educativo descuidando el indispensable trabajo por garantizar su viabilidad económica, tenderá a desaparecer en esta realidad de la educación mercadizada.
Pero también es cierto aunque muchas veces lo olviden las autoridades escolares o universitarias que cuando una institución educativa se vuelca hacia la viabilidad económica como único objetivo y olvida su razón de ser y su misión formativa corre el riesgo de perder su identidad y su pertinencia social –y en el peor de los casos, de contribuir a la inviabilidad de la sociedad como sociedad humana- con lo cual irá también caminando hacia su desaparición.
En la realidad de toda institución educativa la fidelidad al fundamento es condición de posibilidad de su sustento y el cuidado responsable de su sustento deberá generar un renovado compromiso con el fundamento.
Lamentablemente no parece ser este el círculo virtuoso en el que se encuentran la mayoría de las escuelas y universidades que han convertido la búsqueda de su sustento económico en el fundamento de sus acciones.
Ojalá se escuche el llamado que hacen Barnett, Nussbaum y otros autores para volver a hacer que las escuelas y universidades contribuyan a hacer del mundo no solamente un enorme mercado eficiente, sino un espacio en el que valga la pena vivir.