Quienes piensan que en México no existe algo peor que escuchar en la radio y ver en televisión los cotidianos desplantes del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, poco habrán de vivir, porque entre el 14 de diciembre y el 1 de julio del año próximo, las radiodifusoras y televisoras ─por disposición de un mandato de ley─ bombardearan al país con la trasmisión de 59 millones 700 mil spots que avasallarán a millones de radioescuchas y televidentes. ¡Serán una enloquecedora tortura colectiva!
Afirmar que el país ─y con él, sus habitantes─ va a ser atacado brutalmente con esa descomunal cantidad de propaganda electoral, no es, de ninguna manera, una figura retórica, es la realidad de lo que acontecerá en el país durante poco más de seis meses.
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Por experiencia propia, acumulada a lo largo de infinidad de campañas electorales, sabemos que se trata de propaganda sin contenido de interés para el electorado. Se trata de publicidad hueca que no compromete a nada a los candidatos. Solo exhibe su propósito de obtener votos.
Según cifras proporcionadas por el Instituto Nacional Electoral, de esos 59.7 millones de spots, 30% de esa cantidad se divulgará durante el lapso de las precampañas electorales, comprendido entre el 14 de diciembre y el 11 de febrero. 23% de los spots se emitirá entre el 12 de febrero y 29 de marzo, durante el período destinado a lo que el INE denomina intercampañas.
Entre el 30 de marzo al 27 de junio, etapa donde todos los candidatos llevarán a cabo sus respectivas campañas electorales, se trasmitirá 45% de los spots y el porcentaje restante, del 28 de junio al 1 de julio. Día en que el INE pondrá fin a ese fastidioso bombardeo de prolongada electoral.
De los 59.7 millones de cápsulas publicitarias, según lo expresado por la autoridad encargada de organizar el proceso electoral, los candidatos presidenciales y sus correspondientes partidos políticos tendrán acceso gratuito a 41 millones de spots, que no faltará quien los utilice para descalificar a sus adversarios o a las instituciones del Estado mexicano.
Las campañas electorales de Andrés Manuel López Obrador en 2006 y 2012, son un claro ejemplo en este aspecto.
Distribución de spots por partido político
Gráfica elaborada por Patricia Ibinarriaga Sosa con cifras del INE publicadas por Excélsior (01-12-2017)
Al costo de estos spots, que alcanza cifras de dinero elevadas, deben agregarse los 6 mil millones de pesos que con fondos públicos entregará el INE a esas pandillas políticas.
Las campañas electorales debieran ser escenario y motivo de exposición de ideas, de debates políticos, de confrontación de proyectos para mejorar la vida económica y política del país, donde los candidatos demuestren públicamente que son personas que cuentan con los conocimientos indispensables para desempeñar eficientemente las funciones correspondientes a los cargos de elección popular que pretenden ocupar.
Además de esto, todos los candidatos también deberían demostrar, documentalmente, que carecen de antecedentes penales. Cosa que haría pensar que son personas confiables.
Así, los electores sabríamos si lo candidatos son idóneos para otorgarles nuestro voto. También tendríamos oportunidad de escoger a los que demuestren que son personas honestas, mejor preparadas, con mejores ideas y mejores proyectos de trabajo y no por políticos demagogos, a quienes lo único que les interesa al ocupar cargos públicos es enriquecerse ilícitamente en el mejor tiempo posible.
Se inició la guerra sucia electoral
No obstante que todavía no comienza la campaña electoral, el arcaico, eterno y obsesivo aspirante a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, ya lanzó sus primeras bravuconadas e injurias.
Esta vez, López las dirigió contra quien, desde la trinchera del PRI, se imagina será su principal adversario. José Antonio Meade.
Imposibilitado para debatir con ideas y argumentos, Andrés López Obrador aseguró que Meade es “pelele y títere de la mafia del poder” y despectivamente dijo que el exsecretario de Hacienda del presidente Peña Nieto es un “señoritingo”.
Peña Nieto sometió a Ivonne Ortega
La priista exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, logró atraer la simpatía de diversos sectores de la sociedad cuando hizo pública su intención de buscar la candidatura presidencial y su renuencia a que el candidato del PRI fuera designado mediante el dedazo de Enrique Peña Nieto y no a través del democrático procedimiento de consulta popular.
Obtuvo, según dijo, cientos de miles de firmas de apoyo al interior del PRI. Amenazó con renunciar a su militancia priista si el candidato era producto de una imposición.
Su osadía de enfrentarse a la autocracia priista le acarreó simpatía.
Pero después de entrevistarse con Peña Nieto, Ivonne Ortega, dio marcha atrás bajo el argumento que “no quería dividir a su partido”. Admitió someterse al poder presidencial, que había ofrecido combatir. En seguida le fue tomada una fotografía junto a Meade. La fotografía de la unidad. Igual sucedió con los otros aspirantes priistas. Miguel Ángel Osorio Chong, José Narro Robles, Aurelio Nuño y Enrique de la Madrid.
Triunfó el dedazo y el temor a decirle no al presidente de la república.
El Peje López por su propia boca muere
López Obrador no aprendió la lección del “Cállate chachalaca” que en 2006 le hizo perder la elección presidencial.
Ahora, su ofrecimiento de considerar la conveniencia de otorgar amnistía a delincuentes para “pacificar al país”, en caso de ganar la elección presidencial, puede ocasionar que por tercera vez fracase en su intento de ocupar la residencia de Los Pinos. .
Días antes de este exabrupto, Andrés López Obrador hizo pública su intención de descentralizar la administración pública federal, reubicando la mayoría de la secretarías del Estado mexicano, en diversas entidades federativas.
Por andar en campaña electoral, de tiempo completo, desde hace más de quince años, no ha tenido oportunidad de enterarse que esas secretarías son unidades administrativas que están a cargo de los integrantes del gabinete presidencial y por ello deben estar ubicadas donde reside el titular del poder Ejecutivo Federal.
¡No donde al Peje se le ocurra!