El asistir a una actividad académica como al pasado XIV Congreso Nacional de Investigación Educativa de noviembre, brinda la posibilidad de exponernos a un sinfín de situaciones que despiertan sensaciones y pensamientos diversos; la situación a la que quisiera referirme en esta ocasión es a la actitud de “síganme” los “seguidores” aquellos que han de heredar mi erudición y posición.
Más artículos del autor
A los “seguidos” se les ve caminar (en ocasiones levitar) por los pasillos acompañados de los “seguidores” que van procurando recoger el ejemplo que con el paso del tiempo los modelará, permitiéndoles el acceso a esa estirpe identificada como superior y con suerte ocupar el lugar de ese su creador.
Ese “Voy para acá, vengan - voy para allá, vengan” cual banco de peces, tiene que ver con algo mucho más profundo, tiene que ver con una actitud que nada tiene que ver con un proceso educativo que pretende la formación de seres autónomos capaces de decisiones propias; nada que ver con un académico.
Los seres humanos somos gregarios por naturaleza, efectivamente, pero porque es el colectivo, la comunidad la que nos permite ser mejores a fuerza de ser diferentes y a la confrontación permanente de nuestros sentires y pensares; de ninguna forma somos gregarios a la manera de un grupo de borregos que se agrupan buscando protección. De la misma forma, la educación se funda en el acompañamiento mutuo entre sujetos que enseñan y aprenden al mismo tiempo, entre sujetos que se respetan en su condición de personas con el derecho y obligación de construirse como seres auténticos.
Interesado en estudiar la formación de investigadores, me resulta preocupante, pues ¿quiénes son los investigadores, en el caso de que lo fueran, encargados de generar el conocimiento que supuestamente transformará la realidad educativa de nuestro país? ¿Cómo fueron formados ellos? ¿Cómo están formando a los que ocuparán sus lugares en un futuro próximo? ¿Qué oportunidad tiene el pensamiento innovador? ¿Qué posibilidad de elegir objetos de estudio diferentes, de construir rutas metodológicas diversas, de elegir aproximaciones teóricas diferentes?
Resulta más terrible el concebir que esto pudiera no ser exclusivo de la formación de investigadores sino que se encontrara en la educación formal, entonces los esfuerzos humanizantes de este proceso, estarían perdidos.
Ante esto surgen tres advertencias: 1.- Cuando te sabes con todas las respuestas, cuando piensas que la ruta que sigues es la correcta, cuando sientes que por tu camino se cruzan necios con sus ideas, cuando buscas la más mínima oportunidad de recitar fielmente todo lo que conoces que dijeron los autores consagrados, cuando te asumes como quien debe ser seguido, preocúpate; 2.- Cuando te piensas incapaz de experimentar posturas teóricas, metodológicas, distintas a las que prevalecen, cuando te sientes incómodo porque experimentas pensamientos distintos a otros, cuando te asumes como un seguidor, preocúpate; y 3.- Cuando esto sucede, debemos preocuparnos.
Hay mucho que decir de todo esto, sin embargo hay que cerrar por el momento, lo que no quiero dejar de manifestar es mi rechazo absoluto, por un lado, a profesores, investigadores o quienes sean, que busquen perpetuarse haciendo a otros a su imagen y semejanza; y por el otro, a esos seguidores que evaden la responsabilidad de la toma de decisiones. “La verdad nos hará libres”
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
Sus comentarios son bienvenidos