“Los investigadores estamos forzados a reflexionar sobre las opciones y estrategias en pro o en contra de la justicia social. Es por ello que, en las formas de participación en el congreso, queda patente que, en educación, la preeminencia de la transformación y la justicia son valores centrales, y por tanto comprometen a tener una particular vigilancia de los procesos mediante los cuales se producen determinados resultados en una sociedad diversa, donde coexisten escenarios del pasado y retos del futuro que será preciso elucidar correctamente. Se espera que el debate en el congreso ayude a generar adhesión a la justicia como patrón cultural de la sociedad, porque es ahí donde los investigadores tenemos nuestro más grande desafío”.
Rosa María Torres Hernández. Investigación educativa: ¿Para qué? (ver aquí).
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Todavía imbuido del ambiente festivo y reflexivo y de la riqueza de los encuentros y los diálogos ocurridos durante el XIV Congreso Nacional de Investigación Educativa escribo estas líneas para e-consulta tratando de buscar un ángulo desde el cual elaborar una síntesis de mi experiencia como ponente, participante e integrante del comité científico.
Resulta imposible hacer un balance general del espacio de convergencia de los investigadores educativos más importante de todo el país y uno de los más grandes de Latinoamérica y de muchas otras regiones del mundo. Se trata de una reunión en la que participaron alrededor de 2700 congresistas -ponentes- y otros tantos asistentes en el que se presentaron 2885 contribuciones entre ponencias, simposios, carteles, material videográfico y presentaciones de libros, cifras en las que se incluyen las ponencias de avances de investigación de tesis de posgrado presentadas en la cuarta edición del Encuentro Nacional de Estudiantes de Posgrado en Educación (ENEPE).
Si se toma en cuenta que el porcentaje de aceptación de contribuciones en el proceso de dictamen fue de casi el 50%, puede verse como un primer elemento esperanzador la gran cantidad de trabajos de investigación en el campo educativo que fueron realizadas y sometidas a revisión por académicos de todo el país. Si analizamos el porcentaje como tal, puede también concluirse como un elemento positivo el cuidado del rigor y la calidad de los productos que se tuvo en los equipos coordinadores de todas las áreas temáticas que conformaron el comité científico.
La organización de un congreso de esta magnitud es muy complicada y tiene que tomar en cuenta múltiples elementos y variables para coordinar la participación simultánea de todos los tipos de contribución en distintas sedes y durante cuatro días de congreso y uno del ENEPE. Otra parte de este intento de síntesis tiene que ver con la buena organización general del congreso –en la que obviamente no faltan nunca detalles negativos, omisiones o cosas que pudieron hacerse mejor- por parte del consejo del COMIE y el comité organizador local, conformado por académicos de las instituciones de educación superior más importantes del estado y las autoridades locales de San Luis Potosí.
Más allá de estos elementos de carácter formal, encontré en el fondo del ambiente y las conversaciones del congreso lo que Rosa María Torres –presidenta saliente del COMIE- plantea en la cita que uso de epígrafe del artículo de hoy: “…Se espera que el debate en el congreso ayude a generar adhesión a la justicia como patrón cultural de la sociedad, porque es ahí donde los investigadores tenemos nuestro más grande desafío…”
En efecto, en las distintas mesas, conferencias, diálogos magistrales, presentaciones de libros y espacios de diálogo informal fue patente esta adhesión –al menos discursiva y temática- a la justicia o a la búsqueda de justicia como patrón cultural de la sociedad que todos queremos construir y se hizo palpable la urgencia de que todos los investigadores en cada uno de las áreas temáticas enfrentemos el desafío de esta búsqueda de justicia desde nuestra tarea de generación de conocimiento.
Destaca en esta búsqueda la clara postura del conjunto de los investigadores nacionales en educación respecto a la no neutralidad de la tarea investigativa respecto de la sociedad en la que se produce el conocimiento. Los investigadores educativos mexicanos asumieron claramente su compromiso con la transformación social hacia la construcción de un país más justo a través de la educación.
Al mismo tiempo distingo en este compromiso dos posturas claramente enfrentadas –en un debate académico respetuoso- que son reflejo de la época en que vivimos. Estas dos posturas se derivan de la interpretación divergente sobre la no neutralidad de la investigación y se expresan por un lado en la visión y acción de quienes la entienden como un llamado al activismo que renuncia a la objetividad –tal vez porque la considera imposible- y por otra parte la de quienes asumen que es posible no ser neutrales y posicionarse del lado de la búsqueda de justicia social como investigadores sin renunciar a la búsqueda de objetividad en el conocimiento que se construye.
Estas dos posturas se reflejaron claramente en contribuciones que se ubican temática y metodológicamente del lado de la aportación a un cambio educativo para la construcción de un país más justo pero buscan generar conocimiento riguroso y aportan evidencias y argumentos en cada una de sus intervenciones y juicios frente a otras participaciones que se sitúan en una postura de protesta y cuestionamiento apasionado del status quo basadas mayormente en opiniones y posturas críticas y adscripción a determinadas corrientes y escuelas socio-políticas.
Ambas posiciones se entrelazaron y configuraron el tejido del debate del congreso y dejaron elementos y preguntas para la reflexión ulterior de todos los participantes. El congreso es un espacio de encuentro, enriquecimiento mutuo y reflexión conjunta a partir del cual esperamos todos mejorar nuestras prácticas de investigación y reforzar nuestro compromiso por la justicia social, esa que nos sigue interpelando desde cada escuela y cada docente y alumno que día a día enfrentan múltiples problemas y limitaciones.