Recientemente tuve la oportunidad de platicar con un grupo de normalistas que se encontraban iniciando su proceso de investigación de tesis; entre las interesantísimas aristas que surgieron, estuvo el cuestionamiento sobre las bases de su investigación: tanto teóricas como metodológicas pero con especial énfasis en la sensación compartida de estar haciendo algo completamente extraño a su persona. Lo interesante no está en el hecho, pues es recurrente en muchas partes, sino que lo que me pareció atractivo radica en el hecho de que se den cuenta o por lo menos lo sospechen, esto es una buena señal.
Es sabido que el estudiante desarrolla diversas estrategias de sobrevivencia que le permiten el tránsito “exitoso” por los diferentes niveles educativos, sin siquiera “manchar su blanco plumaje”, una particularmente efectiva y que es un dulce para los profesores es: Decir al profesor lo que éste quiere escuchar. Como contraparte, complementaria, está el profesor que además de seducirle el que sus alumnos acepten sin chistar lo que dicen o hacen, está quien aumenta el nivel de daño cuando se empeña en formar formando continuadores de su obra, transfiriendo cuerpos teóricos y metodológicos de su preferencia (Si acaso ellos los hubieran elegido y no que a su vez se los hubiera transferido alguno otro), asegurando aquello de “su imagen y semejanza”.
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Si esto es cuestionable en cualquier ámbito, en el campo de la investigación, que se supone es en el cual se recrea el conocimiento, lo es aún más, resultando inaceptable. Sin embargo en este campo aunque inaceptable, resulta comprensible cuando: a) se identifican planes y programas de estudio plagados de cursos de “metodología” atendiendo solo los aspectos instrumentales, sin ningún fundamento filosófico - epistemológico que le dé sentido ni ninguna proximidad a la forma de pensamiento del joven que le de significado. b) los profesores quienes se encargan de estos cursos, en muchos casos no tienen la experiencia necesaria en la investigación y su modelo de enseñanza es francamente limitante y sus referentes son guías o manuales enfocados a lograr un producto aceptable en un tiempo conveniente.
El que egresen de la normal a los 23 años de edad, no significa que necesariamente vayan a aportar ideas nuevas a la educación y la práctica educativa, el riesgo grande es que simplemente sean portadores de lo que depositado en ellos, y se cumpla el que sean ideas viejas en cuerpos jóvenes, condenando a las escuelas a continuar sumergidas en la prevalencia de modos que no responden a las necesidades que los diversos contextos le imponen al educador.
Más allá de lo que esto podría significar en lo profundo de la conceptualización de la educación y en la escena de la práctica docente, quisiera ubicarlo en una preocupación que tiene que ver con hacer realidad el ejercicio liberador que otorga el conocimiento; para hacerlo recupero la idea de Xavier Gorostiaga, profesor Centroamericano, quien afirma que algo peor que la dependencia sobre la base económica es la dependencia generada sobre la base del conocimiento.
Creo firmemente que una forma de insurgencia urgente es tomar por asalto la teoría, obligándola a nutrirse de nuestras propias realidades, de nuestro contexto, de esta forma la haremos verdaderamente nuestra, haremos nuestra propia teoría.
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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