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OPINIÓN

Lo bueno y malo del sismo en la Ciudad de México

La solidaridad y generosidad de la sociedad civil se impone a la pillería y corrupción. La enseñanza

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Jueves, Septiembre 28, 2017

No habían transcurrido  doce días del sismo de 8.2 grados, que ocasionó  graves daños a viviendas habitadas por familias económicamente vulnerables en diversas poblaciones de Oaxaca y Chiapas y apenas acabaron de pasar dos horas de haberse conmemorado con numerosos simulacros públicos ─en la capital del país─ el 32 Aniversario del Sismo de 1985, cuando la Ciudad de México y varios municipios de los estados de Morelos, Puebla, México y Guerrero, se colapsaron con un sismo de 7.1 grados.

 

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Al  momento de escribir este artículo de prensa (8 horas del 28 de septiembre) el sismo del día 7 del mismo mes, ha producido 5 mil 402 réplicas y el  del martes 19, ha generado 39. Según reporte del Servicio Sismológico Nacional.

 

Los daños ocasionados por este movimiento telúrico en hospitales, escuelas, iglesias, centros comerciales y edificios gubernamentales son cuantiosos. En materia de vivienda, hasta el día de hoy son incalculables.

 

Buena experiencia del sismo

 

La reacción de la población fue inmediata. Tan pronto se desplomaron los edificios habitacionales que resultaron afectados por el devastador fenómeno de la naturaleza, grupos de integrantes de la sociedad civil, particularmente mujeres y hombres jóvenes reunidos espontáneamente, se movilizaron rápidamente, por todos los rumbos de la ciudad, para iniciar la búsqueda y rescate de víctimas. Aun antes que, incansable y eficazmente, lo hicieran miembros del Ejército y la Marina.

 

Centenares o millares de jóvenes, carentes de conocimientos en aspectos de protección civil, pero bastante sobrados de buena voluntad y de vocación solidaria, no escatimaron tiempo ni esfuerzos para ayudar a víctimas de los derrumbes. Su loable actitud me hizo pensar ─parafraseando la expresión de “No todo está podrido en Dinamarca” de William Shakespeare en su obra The tragedy of Hamlet─ que a pesar de los embates de generaciones tras generaciones de políticos corruptos y rapaces que han trastornado y trastornan la vida del país, todavía se puede suponer que No todo está podrido en México.  

 

Un bombero, el señor Elmer Jesús Morales, jefe de una estación capitalina de bomberos, al participar en la remoción de escombros en un multifamiliar, encontró dinero, monedas y joyas, que entregó inmediatamente a autoridades de la delegación Coyoacán para que sean devueltas a su propietario.

 

Otro enaltecedor ejemplo de valor humano de la sociedad civil, que está situado muy arriba de la degradación que sufre la nación mexicana y ha sido expuesto pública y ampliamente es el altruismo con que han procedido millares de personas ante la tragedia que enfrentan los damnificados del sismo.

 

Muchísimas personas, particularmente de clase media, de ambos sexos y de todas las edades, han efectuado donativos de alimentos, agua, ropa, cobijas, artículos de higiene personal y limpieza, destinados a mitigar las necesidades primarias de quienes, en unos cuantos minutos, perdieron familiares ─esposas, esposos, hijas e hijos─, su hogar, su patrimonio y su futuro. Esta actitud humanitaria es invaluable. No tiene parangón de ninguna índole.

 

Mención especial merecen las infatigables actividades de búsqueda y rescate de personas con vida, lesionadas y fallecidas que estuvieron a cargo de grupos de rescatistas civiles mexicanos y de miembros del Ejército y la Marina nacional, así como de brigadas de auxilio procedentes, entre otros países, de Japón, Israel, España, Chile, Alemania, Estados Unidos, Colombia, El Salvador, Panamá, Guatemala, Canadá, Honduras, Perú, Argentina y Costa Rica.  

 

¡La valiosa y útil solidaridad mundial en pleno!

 

No podía faltar la mala experiencia y los deplorables ejemplos llevados a cabo por malos y ruines mexicanos.

 

Por principio de cuentas, la engañosa posición de los partidos políticos que manifestando disposición ─aparente─ de ceder, a la reconstrucción de viviendas populares destruidas por el sismo, parte de los recursos públicos que reciben para desempeñar sus actividades habituales, maniobran para dificultar la entrega de los donativos anunciados. 

 

Según se publicó en el encabezado de la página número 15 de la primera sección del periódico Excélsior del martes 26 de septiembre los “Hospitales Ángeles donan ayuda a Oaxaca y Chiapas”.

 

Lo raro ─y además negativo─ de este presunto donativo efectuado por los propietarios de los hospitales del  Grupo Ángeles, señores Olegario Vázquez Raña y María de los Ángeles Aldir, consistió en que ambas personas se tomaron la atribución de obsequiar despensas que no pertenecen al consorcio hospitalario de su propiedad, sino a la Cruz Roja, toda vez que éstas fueron integradas con víveres entregados a esa institución por miembros de la sociedad civil en su centro de acopio ubicado en la calle Juan Luis Vives, número 200, colonia Los Morales Polanco.

 

El Centro de acopio de la UNAM fue tomado por un grupo de presuntos estudiantes, después que desalojaron al personal que lo custodiaba.

 

Un individuo de 37 años de edad, cuyo nombre se mantiene en secrecía como consecuencia de la más reciente reforma al código penal, robó  5 bultos de azúcar ─de 50 kilogramos cada uno─ y 4 paquetes de 20 kilogramos también de azúcar ─cada uno─ de un camión que contenía vivieres para los damnificados del sismo.

 

A la joven Alejandra Vicente Cristóbal, estudiante de la Universidad Autónoma Metropolitana, que falleció en el condominio habitacional donde sus padres ─María del Rosario y Porfirio─ trabajaban como conserjes, al remover los escombros del edificio colapsado donde murió, le robaron su tarjeta del banco HSBC para efectuar la compra de ropa en tiendas Zara y Bershka, por la cantidad de 24 mil pesos.  

 

Dos señoras que ayudaban en la recolección de víveres en un centro de acopio instalado en la estación del Metro Bellas Artes, fueron asaltadas por dos individuos que fueron capturados.

 

Los asaltos a automovilistas en vialidades congestionadas con motivo de los derrumbes de inmuebles se multiplicaron. Abundaron, también, los robos de donativos obtenidos en diversos domicilios por parte de falsos colaboradores de centros de acopio. Hubo casos que personas que se ostentaban como miembros de unidades de Protección Civil, entraron a robar en domicilios particulares.

 

Estos actos de pillaje, difíciles de evitar, contrastaron con la actitud desinteresada, humanitaria y solidaria de millares de mexicanos de buena voluntad.

 

Corrupción gubernamental y empresarial

 

Al derrumbamiento de inmuebles, en la Ciudad de México, contribuyó eficazmente la mancuerna de la corrupción compuesta por autoridades gubernamentales y desarrolladores inmobiliarios.

 

Violaciones toleradas de licencias de construcción, supervisiones apócrifas de obra, uso de documentación falsificada y empleo de materiales de construcción inadecuados, aparecen, presuntamente, como causas en el derrumbamiento de algunos inmuebles, como dos condominios habitacionales y el colegio Rébsamen, situados al sur de la Ciudad de México. Zona de enorme afectación en la metrópoli.

 

The New York Times, en su edición del lunes 25 de septiembre, aseguró que “Aunque las regulaciones de construcción en la capital mexicana son consideradas de las mejores del mundo, hay fallas en el cumplimiento, de acuerdo con académicos, oficiales e inspectores de obra.”

 

“La revisión de construcciones ha quedado en manos de una red de ingenieros o arquitectos que son contratados y pagados por los desarrolladores inmobiliarios y por las constructoras, lo que genera conflictos de interés que pueden socavar hasta los mejores estándares.”

 

El importante periódico neoyorkino, señaló más adelante, que “quizá lo que realmente salvó a esta zona metropolitana de 21 millones de habitantes, al menos parcialmente, fue la suerte.”

 

Uno de los inmuebles destruidos que atrajo la inmediata atención de la opinión pública es el colegio Enrique Rébsamen que proporcionaba servicios de Jardín de Niños, Primaria y Secundaria, donde se produjo el fallecimiento de 19 alumnos y 7 adultos.

 

Francisco Fontano Patán, vecino del plantel escolar colapsado, declaró a Noticieros Televisa que “denunció que, en un principio, la escuela sólo era una primaria, pero se amplió a un terreno contiguo en donde construyó la secundaria, lo que provocó que le colocaran sellos de clausura.”

 

“Es irregular, uno, porque cuando se construyó (la escuela secundaria) la obra fue clausurada, se colocaron sellos en las puertas para impedir que continuara la obra, sin embargo, como tenían (en propiedad) los dos terrenos adyacentes, ellos (los propietarios de la escuela) metieron (clandestinamente) trabajadores y maquinaria por detrás de las puertas y continuaron los trabajos a pesar de los sellos de clausura. Los estudiantes de secundaria entraban (a la escuela) del lado de la primaria para no (tener que) abrir las puertas de la secundaria porque tenían los sellos de clausura. Lo que estaba diseñado para soportar dos pisos, acabó soportando tres y  pues, ahí está la consecuencia.”    

 

Fontano Patán “aseguró que, en su momento, denunció estas irregularidades ante la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México (PAOT) y al Instituto de Verificación Administrativa (Invea).” 

 

La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México está obligada a realizar, con transparencia y honradez, una exhaustiva investigación para fijar, en su caso, las penalidades a que haya lugar.

 

Otro caso donde se desprenden evidencias de una relación más de corrupción entre una empresa constructora y autoridades gubernamentales de la Ciudad de México es el del edificio habitacional que estuvo ubicado en la calle de Bretaña 90 y se colapsó con el sismo del 19 de septiembre de 2017. Este inmueble, según vecinos del lugar, fue “construido” hace seis meses sobre una vieja casona, ante la indiferencia ─o complicidad─ de las autoridades gubernamentales.

 

Un condominio nuevo más que derrumbó el sismo, es el que se edificó en la avenida Emiliano Zapata 58, ubicado a escasos 2 o 2.5 kilómetros del de Bretaña 90. Con el evidente propósito de evadir probables responsabilidades penales, la empresa que lo construyó, Canada Building Group, se apresuró a declarar que el derrumbe fue ocasionado por un “infortunado siniestro”.

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