Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La comida de los exalumnos del Oriente

Los jesuitas en tiempo de Covarrubias. Generaciones y semblanza. Una revista juvenil. Y el presente.

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Lunes, Junio 19, 2017

En “El Retrato del Artista Adolescente”, James Joyce  deja de manifiesto  que   san Francisco Xavier, cuyas festividades la Iglesia de Roma conmemora cada  3 de diciembre, se erige en el  Santo Patrono de los Colegios Jesuitas.

La ciudad de Puebla, como pocos lugares en el orbe, acaso  tan sólo como el Dublín descrito por Joyce,  deja sentir  a cabalidad  en su ambiente social, la clara vocación por la enseñanza y la formación intelectual y moral de los jóvenes que los integrantes de la Compañía de Jesús han manifestado de sus inicios, coincidentes por lo demás con los albores mismos de la ciudad, cuando el Colegio del  “Espíritu Santo”  contara con el patronazgo y el  decidido apoyo de don Melchor Covarrubias.

Más artículos del autor

Antecedentes y destinos diversos, conformantes no obstante del universo común que se engloba en una generación,  generación  que, en, dicho sea de paso, en su historial ha contemplado  tanto el desplome de los muros  como la variación de las costumbres, generación a la que, como  acaso en situación similar  dijera Jorge Luis Borges, le ha tocado vivir : “tiempo difíciles, como a todos los hombres, en todos los tiempos”;  y que tuviera, tras largos años de haber egresado de la escuela, la decisión fundamental de reunirse con el deliberado propósito de rememorar  tiempos irremisiblemente idos, así como el de degustar juntos y  en compañía  de la conversación,  del pan y de la sal.

El día en que se llevó a cabo la comida de ex alumnos del Instituto Oriente de mi generación, la televisión transmitió por la noche la  película “Mariana, Mariana”  en cuya trama un hombre rememora  los días escolares de su  infancia, y  con la  imaginación cercada por la nostalgia, los remordimientos y los deseos; que las  dos situaciones en cuestión suscitaran; las asociaciones no cesaron  de sucederse una a otra  en un constante  y concatenado fluir de imágenes y anhelos.

Recientemente fallecido un amigo, padre de algunas de nuestras compañeras escolares financió el primer número  de una revista escolar en la que escribíamos, entre otros,  tanto  un servidor  como  el  ahora renombrado  novelista Pedro Ángel Palou.

 El ejemplar aquel fue  impreso en forma de tabloide y tirado  bajo la supervisión de  don Ángel Islas, padre de nuestro amigo el ex senador Víctor Hugo del mismo apellido,  y quien ostentaba en el espacio de su escritorio los arreos propios de la masonería más arcaica junto a los instrumentales propios de la charrería conformando una  combinación visual  de objetos  capaz de  sugerir mil y un cosas a la imaginación juvenil de la que en aquel entonces estábamos investidos.

En claro desacato a las disposiciones concernientes a los derechos autorales, publicamos  el entonces  muy novel relato de José Emilio Pacheco, “Las Batallas en el Desierto”, inspiración, precisamente de la ya referida cinta de Alberto Isaac;  realizándose el tiraje correspondiente en la imprenta del diario “El Circulo Poblano”, con todos los  lineamientos tradicionales de  la edición periodística y sus medias arcanas y misteriosas: medianiles, cuadratines, cintillos, orejas, ventanas, picas  y líneas ágata, que la era digital ha destinado al olvido más atroz, de manera similar a como Galileo y Copérnico determinaron con sus avances científicos  respecto a la sabiduría de los alquimistas antiguos.

Aunque “alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti”, en el relato de “Mariana, Mariana” el bolero de Pedro Flores  juega un papel fundamental al  ser la piedra de toque que desencadena las añoranzas de los tiempos idos,  y acaso sea precisamente esa, la sensibilidad que las charlas dejaban entrever en el encuentro de una generación que ha vivido y padecido transformaciones vertiginosas sin precedente acaso, al menos entre los integrantes de las generaciones vivas que habitan hoy por  hoy el mundo.

albertoperalta1963@gmail.com

Vistas: 911
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs