"Si un hombre aspira a una vida humana plena, su primera responsabilidad es abstenerse de lastimar a los animales." León Tolstói.
El dictamen que los integrantes de la Comisión de Servicios Públicos sometimos a consideración del Cabildo en la última sesión que celebramos el viernes pasado no tiene precedente, pues en el cuerpo de éste hemos señalado dos posturas teóricas que aunque discordantes, sustentaron la aprobación del dictamen. Es, creo, un ejercicio de concordia.
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Es un caso en el cual hemos coincidido y votado por unanimidad diversas modificaciones al Capítulo 27 del Código Reglamentario para el Municipio de Puebla, es decir, convenimos en la necesidad de reformar la normativa en materia de protección animal. Sin embargo, disentimos en nuestras motivaciones y convicciones.
Durante la sesión de Cabildo presenté el posicionamiento de los regidores que sostenemos una postura humanista, la cual parte de que el hombre es un ser superior con respecto a todos los demás seres, animales y plantas, pues a diferencia de éstos, el hombre está dotado de inteligencia y voluntad, características que le son esenciales.
Aristóteles y posteriormente Tomás de Aquino siguiendo al primero, señalan “las cosas se conocen por sus operaciones”. Y a partir de este principio del realismo es que se distinguen tres modos de vida.
La primera, la vida vegetativa que consiste en las operaciones básicas de todo ser viviente (nutrición, crecimiento y reproducción). De esta manera, las plantas constituyen el grupo de vivientes que están dotados únicamente de este modo de vida.
El hombre y los animales comparten esta modalidad pero en un nivel superior. Por ejemplo, los hombres han desarrollado el “arte culinario” y sus investigaciones en nutrición lo han llevado a crear la ciencia de la dietética, es decir, su operación nutritiva está muy alejada de las plantas e incluso de los propios animales.
La siguiente modalidad es la vida sensitiva o capacidad sensible, presente en los animales y en el ser humano, que contiene dos modos de conocimiento, el sensible externo, lo captado por los sentidos, y el sensible interno, esto es, la conciencia sensible, la imaginación, la memoria y la capacidad estimativa.
Y sin entrar en detalles, cabe señalar que hombres y animales compartimos estas potencias, aunque la diferencia comienza a darse en la última de estas facultades, en la estimativa, por la cual, el animal y el hombre tienen reconocimiento de la utilidad o de la nocividad de ciertos objetos; y como resultado de tal conocimiento experimenta emoción y finalmente una reacción.
La diferencia es que en el hombre estas facultades están ordenadas a su intelecto.
Para explicarlo de manera sencilla, en el animal se trata del instinto (en donde sólo se apoya en sus sentidos, tanto externos como internos), y en el hombre se llama prudencia (en donde su parte sensible es iluminada por la inteligencia).
Finalmente, el nivel superior de vida es la intelectiva. Es propia y exclusiva del hombre pues sólo el hombre es capaz de conocer y juzgar su realidad, a partir de la generación de ideas y juicios; de volver sobre sus pensamientos, a lo que llamamos reflexionar.
La capacidad de raciocinio es propia del hombre, lo cual llevó a pensadores incluso alejados del realismo como René Descartes a afirmar: Cogito ergo sum (Pienso luego existo). Por lo que sostuvo: La razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales.
Así, aunque el hombre y los animales contamos con un sistema nervioso central, nuestras operaciones cognitivas son totalmente distintas, no podemos equipararlas como pretende la postura animalista.
En los animales el conocimiento es únicamente a nivel de los sentidos, y aunque llegan a discriminar o elegir es por su capacidad estimativa, nunca de forma racional.
La inteligencia unida a la voluntad hace al hombre tener libertad, pero no hablo de libertad física que incluso los animales tienen, sino de la capacidad de libre albedrío, capacidad para elegir la opción que le impulsa a actuar -por su voluntad- en la dirección que razonadamente le revela su inteligencia en cada momento.
La libertad de los animales es sólo física. Cuando la pierden simplemente ya no tienen esa libertad. En cambio, el hombre puede perder su libertad física pero no su libertad en sí, pues aún puede “elegir su actitud en una serie de circunstancias dadas”, como escribió Viktor Frankl, quien supo de ello al vivir las condiciones extremas en un campo de Auschwitz.
Es así que el hombre es un ser libre y, por tanto, es un ser responsable de sus actos. Es un sujeto moral. El ser humano al ser libre es el único titular de derechos, pues es a su vez el único capaz de obligarse, ya que por su inteligencia puede entender y responder por sus actos.
En cambio, la visión animalista pretende en última instancia reconocer supuestos derechos a los animales, lo cual es imposible, pues éstos no son capaces en ningún momento de responder por sus actos.
A diferencia del resto de las criaturas que se rigen por instintos, cada ser humano es libre para dirigir su propia existencia y por ello, las personas no son “algo” sino “alguien”; tienen dignidad, valor, pero valen no por su utilidad o desempeño, sino por su ser, y por el sólo hecho de ser persona humana tienen un altísimo valor.
Emmanuel Kant sostuvo en su libro Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785): “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio”.
Por el contrario, la filosofía de los derechos de los animales sostenida por Peter Singer, Paola Cavalieri, Jane Goodall, Richard Dawkins y demás promotores, consideran que la dignidad humana no debería estar por encima de los demás seres de la naturaleza. Sostienen que todos tenemos “los mismos derechos”, que “todos somos iguales”.
En otras palabras, los animalistas están planteando “una igualdad desigual” de toda la naturaleza.
Singer, principal ideólogo de esta filosofía, expresa que ser persona significa poseer autoconciencia, razón, autonomía y capacidad de sentir placer y dolor, cuyas propiedades no podrían ser atribuidas a seres humanos disminuidos psíquicos, embriones, a los que están en estado de coma, o que estuvieran temporalmente inconscientes tras un accidente o simplemente dormidos. Sin embargo, según él, estas potencias sí reconocen a los grandes mamíferos.
Con ello, no solo niega la condición de persona a un embrión, un feto o un ser humano inconsciente por estar en coma, sino que rebaja la dignidad de la vida humana al situar al hombre como un ser más de la naturaleza, sin diferencias con otros animales en sus derechos individuales.
Desde esta filosofía se dice que los animales tendrían pensamientos y capacidad de planificación, y que utilizan procesos mentales y pensamientos complejos, que tienen razonamientos sobre un problema para darle solución, además de que tienen creencias, deseos o intenciones, que incluso son capaces de engañar. Casi, casi sujetos morales.
Al contrario de esta visión, el humanismo sostiene que el hombre por su dignidad es superior a los demás seres, es por ello que tiene derecho al dominio justo sobre la naturaleza puesto que es el único ser que puede aprovechar racionalmente sus recursos.
Por ello, desde el humanismo no lo entendemos como un dominio despótico, como sí ha sucedido con el capitalismo salvaje, pues no significa explotarla o abusar de los animales y plantas. Al contrario, estamos llamados a cuidar, proteger, preservar y guardar para las generaciones actuales y futuras la riqueza de la diversidad ambiental. Esta superioridad, supone también que tiene el deber de proteger esa naturaleza y a los seres vivos que la pueblan.
El Partido Acción Nacional desde el año 2004, en su Programa de Acción Política del Partido Acción Nacional. Derecho Humano Sustentable de cara al siglo XXI, definió claramente: “El Desarrollo Humano debe ser sustentable. La protección del medio ambiente es una obligación ética, pues las generaciones del futuro tienen el mismo derecho que las generaciones pasadas y presentes de disfrutar una vida digna y de acceder a mejores oportunidades de vida.”
De esta manera, se habla del destino universal de todos los bienes de la naturaleza, es decir, que los bienes limitados forman parte necesariamente del bien común. El hombre en su relación con la naturaleza es responsable de su cuidado y protección, como una exigencia de la racionalidad humana.
Desde esta lógica sostenemos que los animales no deben quedar fuera de la esfera de protección jurídica, no porque tengan igualdad con la condición de la persona humana, sino porque es un acto moral, es decir, es un acto al cual está obligado todo ser humano.
Como se advierte en la Laudato Si del Papa Francisco (No 92): “…también es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos. El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura <<es contrario a la dignidad humana>>
Finalmente, sólo el que sostiene sin dudar la eminente dignidad del ser humano, puede sinceramente referirse a los otros seres de la naturaleza como hermanos: hermano ave, hermano lobo, hermano agua, hermana luna y hermano sol.
Regidor del H. Ayuntamiento de Puebla
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