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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Humanización o perfección?

Proceso gradual de mejoramiento. Perfeccionismo, enfermedad

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 29, 2017

“La perfección, en cualquiera de sus etapas, inicial o terminal, constituye una distorsión existencial de la persona. Convierte a los seres humanos en seres que desconocen su humanidad”.

Ricardo Peter. Líbranos de la perfección, p. 6.

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http://gestaltnet.net/sites/default/files/El%20perfeccionismo%20como%20veneno%20del%20crecimiento.pdf

En el artículo de la semana pasada propuse que es necesario y muy pertinente para el avance en la mejora de la calidad educativa en nuestro país continuar con los esfuerzos y estrategias para construir una cultura de la evaluación en todas las dimensiones del sistema educativo, pero que resulta igualmente necesario que esta cultura de la evaluación sea una cultura sana que tenga claridad sobre sus alcances y los límites asumiendo que en términos educativos no todo se puede controlar y que muchas de las cosas más valiosas no son empíricamente observables ni medibles.

Una de las ideas que está detrás de una evaluación mal entendida que absolutiza su papel en la educación es la que postula como meta la excelencia académica o educativa entendida como “calidad total” desde la idea de perfección.

Citando a Pablo Latapí Sarre planteaba que: “En el ámbito educativo, hablar de excelencia sería legítimo si significara un proceso gradual de mejoramiento, pero es atroz si significa perfección”.

La distinción que hace el Dr. Latapí en esta conferencia dictada al recibir el Doctorado honoris causa que le otorgó la Universidad Autónoma Metropolitana no es trivial y considero que requiere de una reflexión muy seria y sistemática por parte de quienes trabajamos en el campo educativo.

Porque desafortunadamente sigue prevaleciendo en muchos espacios e instituciones educativas de todos los niveles la idea clásica y esencialista de la educación como proceso de perfeccionamiento del ser humano. La semana pasada, sin ir más lejos, participé en una ceremonia y escuché un par de discursos en los que claramente se asumía esta idea, desde mi punto de vista errónea, de la finalidad de la educación.

Como bien afirma Ricardo Peter en la cita que sirve de epígrafe al artículo de hoy, la perfección convierte a los seres humanos en seres que desconocen su humanidad. Desde la Antropología del límite el punto de partida para reconocer nuestra humanidad es precisamente la experiencia existencial profunda, compartida con todos los demás seres de nuestra especie, de que los humanos somos seres limitados, abiertos a lo ilimitado como horizonte último y trascendente pero conscientes de que sin límites no es alcanzable en la vida humana concreta.

De manera que el planteamiento de la perfección como meta del desarrollo de las personas y las comunidades humanas conlleva un afán perverso por irrealizable y produce trastornos psicológicos derivados de una enfermedad muy común en occidente según el mismo Peter, que es el perfeccionismo.

Peter señala varios síntomas del trastorno derivado de la búsqueda de perfección como “…dominio de ideas irracionales generadoras de ansiedad, preocupación excesiva por el orden, necesidad de control mental e interpersonal, conductas repetitivas, bajo nivel de autoestima, temor a cometer errores y a no ser aprobado, etc”. Estos síntomas dañan no solamente al sujeto que padece de perfeccionismo en lo individual sino que alteran y muchas veces destruyen sus relaciones interpersonales y su interacción social.

En el nivel institucional y sistémico, añado yo, el perfeccionismo y la búsqueda de excelencia entendida desde esta visión producen también muchos daños que van matando lo educativo al dejar de lado la centralidad de la persona y poner como prioridad los procesos de evaluación, las evidencias, los indicadores y estándares que piden los organismos acreditadores, etc.

Muchos defensores del concepto occidental de desarrollo humano y educación entendidos como perfeccionamiento plantean que “el hombre no es perfecto pero sí perfectible” refiriéndose a que es positivo plantear como meta la perfección porque ayuda a trabajar continuamente hacia la superación de los límites y a buscar ser cada día mejores. Sin embargo los autores que postulan la Antropología del límite sostienen con argumentos válidos que “…entre la perfección y el perfeccionismo hay un continuo que no admite moderaciones…” como afirma Peter en la página siete del documento citado en el epígrafe, de manera que el planteamiento mismo de la perfección como ideal resulta deshumanizante y produce la enfermedad del perfecionismo que daña a la persona y a los procesos sociales e institucionales que  tienen como meta su desarrollo, como es el caso específico de la Educación.

Desde este punto de vista que abraza la indigencia como rasgo estructural del ser humano, siempre limitado, siempre necesitado del otro y de lo otro, siempre expuesto al error, el proceso educativo tendría que plantearse como meta la humanización progresiva y limitada de los seres humanos y no su perfeccionamiento.

Cuando el reto es el crecimiento humano continuo entendido desde la indigencia y el límite, se establece una dinámica virtuosa de búsqueda de superación continua desde la consciencia clara de la imperfección que conlleva el aprendizaje derivado de los avances y aciertos pero también de los errores y equivocaciones.

Una auténtica evaluación formativa del proceso educativo y de las instituciones que lo hacen posible tiene que partir del fundamento de la Antropología del límite y de la visión que plantea los resultados en términos de aprendizaje para la mejora continua no para acercarse a la perfección sino para contribuir de manera cada vez más eficaz, pertinente y significativa a la humanización de los educandos y a la humanización de la sociedad.

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