El triunfo del republicano Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, fue para la mayoría, impredecible. Incluso los sondeos de las casas encuestadoras no sólo de México sino de los Estados Unidos, daban el triunfo a la demócrata Hillary Clinton, pero a principios de octubre las encuestas comenzaron a cerrarse y una semana antes de las elecciones vislumbraban el posible triunfo del ahora presidente electo del país más poderoso del mundo.
Los mexicanos, sobre todo a través de las redes sociales, estuvieron atentos de las elecciones del pasado 8 de noviembre, y se volcaban en contenidos que reflejaban justificadas emociones negativas hacia el magnate que, a principios de su campaña, dictaba discursos xenofóbicos principalmente dirigidos a nuestros inmigrantes y a musulmanes.
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Y es justamente este discurso de rechazo a las minorías, con el que Donald Trump comenzó a permear en los estadounidenses. Así como México se unió, cuando las fibras del nacionalismo se vieron tocadas por su mensaje, y generó en nuestro país un rechazo hacía él. En Estados Unidos, tocó las fibras del nacionalismo del electorado norteamericano y generó empatía con todos aquellos “blancos” de la clase media, obrera y sector de desempleados que hicieron suyo un mensaje en el que encontraron a los culpables de su desprovisto poder adquisitivo: la mano de obra de los inmigrantes legales y no legales, y la clase política que no hace nada al respecto, por el contrario, abre las puertas de su país a todos aquellos que quieran cumplir el sueño americano.
Por su puesto que los mexicanos deseábamos la derrota del republicano porque su muy eficaz discurso, tocó las emociones que son compartidas en el imaginario colectivo, no hubo necesidad de realizar estrategias por sub grupos, las emociones del concepto nacionalismo abarcan una generalización casi homogénea. De tal manera que su impacto negativo en nuestro país, lo fue en la misma proporción, pero con un impacto positivo en el vecino país del norte. Y vualá, estimadísimo lector, pues ni los mexicanos ni los inmigrantes ilegales votan en Estados Unidos pero los estadounidenses que recibieron de manera positiva el mensaje sí votan y votaron por Trump.
Donald Trump, es para Estados Unidos lo que fue (con sus debidas proporciones) Vicente Fox para México; empresario, con una personalidad digamos extravagante, alejada de los estereotipos de los políticos, discursos coloquiales y en determinados momentos vulgares, llenos de valor para terminar con una clase política apoderada del país y poseedores de una honestidad sin filtros.
Algunos analistas coinciden en que será una nueva era para las casas encuestadoras, que vendrá una etapa casi de reinvención para las empresas que se dedican al sondeo y a la materia en política. Yo creo que no, las encuestas obedecen a los métodos exactos, sólo existe un margen de error del .5 por ciento, así que el método no es el equivocado. Lo que sí creo es que debe reconsiderarse la manera de interpretar los datos y, sobre todo, la manera de presentarlos a la opinión pública.
En materia de política, en una entrega en el pasado mes de febrero que aludía al triunfo del gobernador de Puebla, el actual y el electo; expuse lo que para mí es una fórmula de triunfo, “tener una marca de partido lo suficientemente rentable en cuanto a votos duros + un candidato con posicionamiento en conocimiento del electorado + un marketing novedoso que toque el corazón de los electores (porque sabrá Ud., estimadísimo lector, que el voto switcher vota con el corazón, no con la cabeza) + buenos operadores políticos = el resultado de esta fórmula es sin duda el triunfo”
Para Donald Trump, aplica de la misma manera, su estrategia generó una polarización conveniente, que le permitió la mayoría de sus votos, además, su novedosa figura “apolítica” ayudo en aquél electorado con un hastío hacia la clase política, que, si bien no coincidía con él respecto a su postura sobre las minorías, era él quien representaba una opción diferente. Su estrategia se centró en las emociones, se dice fácil, pero detectar qué emociones y hacia qué símbolos compartidos en el imaginario colectivo, están dirigidos, requiere de un trabajo profesional y eficaz. Sería muy bueno conocer a quiénes contrató el magnate para este rubro.
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