La nota es fría porque se limita a dar datos y a informar de una muerte violenta más, de un crimen que se suma a un mar de crímenes que para nuestra desgracia como país, se cometen diariamente y cada vez con mayor “normalidad”. “Tania Verónica Luna, la estudiante de Sociología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) encontrada muerta ayer jueves por sus vecinos de la colonia Tepeyac, era originaria de Veracruz y estaba interesada en el tema de género…” dice el portal Sin embargo en su reportaje que puede leerse en: http://www.sinembargo.mx/30-09-2016/3098992.
Pero aunque las notas informativas se concretan a brindar nombres, edades, lugares, fechas y circunstancias como si no se tratara de personas sino de entes abstractos, cada muerte violenta es imperdonable porque en una sociedad que pretenda llamarse humana no puede tolerarse que alguien termine con la vida de un semejante bajo ningún motivo ni circunstancia.
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Porque aunque tristemente constatamos que las cifras enormes de desaparecidos, asesinados, torturados, secuestrados y extorsionados van minando la sensibilidad social y haciendo que la gente se acostumbre a sobrevivir en un país en el que se vuelve cada día más terriblemente cierta la frase de la canción popular de José Alfredo Jiménez de que “la vida no vale nada”, no podemos, no debemos, permitir que esta especie de anestesia que actúa como mecanismo de defensa contra el horror cotidiano se apodere de nosotros.
Tania no es un número más en la lista de los llamados feminicidios en Puebla y en el país sino una joven con una familia, con una historia, con un proyecto de vida, con mucho que aportar para la transformación de este país que tanto necesita de sus jóvenes talentosos y su salvaje asesinato ha cancelado esas ilusiones y metas, ha cegado su futuro pero de alguna manera también ha abonado a este proceso en el que estamos contribuyendo estructuralmente y culturalmente a matar el futuro.
No es necesario haberla conocido personalmente para sentir profundamente su pérdida, puesto que Tania pudo haber sido una de nuestras hijas, cualquiera de las alumnas que conviven cotidianamente en las aulas con quienes somos profesores universitarios, una joven inteligente como muchas que conocemos y que representan la esperanza de que las cosas puedan algún día cambiar para los mexicanos.
Si bien cualquier asesinato es terrible y no puede justificarse de ninguna manera, cuando se mata a alguien joven, cuando se priva de la existencia a alguien con talento y compromiso el dolor es aún mayor porque repito, se está matando el futuro de este país necesitado de futuro.
Como dice la nota periodística citada, “Tania se interesaba en temas de género…” y destacaba como estudiante. Estaba a punto de presentar una ponencia en Nicaragua sobre este campo de su interés como futura profesional de la Sociología. Paradójicamente su muerte es una prueba más de la enorme necesidad de trabajar en estos temas en una sociedad en la que se sigue matando por razones de género y en la que sigue habiendo déficit en la formación de los niños y adolescentes en valores de convivencia que privilegien la dignidad humana, el respeto, el diálogo, la solidaridad y la resolución pacífica de los conflictos y las diferencias.
En la misma semana en que ocurrió el asesinato de Tania, se dio a conocer el resultado de la investigación sobre la muerte del director de cine León Serment y su ex esposa, la productora Adriana Rosique, que concluye que ambos fueron asesinados por órdenes de su propio hijo y la novia de éste. Se trata de otro hecho terrible que debe movernos a la reflexión. ¿Por qué motivos un joven y su novia pueden planear el asesinato de sus propios padres? ¿A qué nivel ha llegado la deshumanización y la absoluta falta de valor de la vida humana?
Una joven talentosa, estudiante de Sociología es asesinada en Puebla y un joven es detenido en la Ciudad de México por haber asesinado a sus propios padres. Ambos hechos sin relación entre sí, pueden verse como dos caras de la misma moneda. ¿Qué nivel de enfermedad social padecemos para que nuestros jóvenes, nuestro futuro como país, mueran y maten de esta manera tan salvaje? ¿Cómo podemos revertir este proceso de decadencia social que nos está llevando a extremos autodestructivos como nación?
Al final de su novela emblemática, el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez plantea que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra…” Creo que es momento de pensar si una sociedad que genera jóvenes que matan y mueren a sangre fría, una sociedad que está matando su futuro puede tener una segunda oportunidad sobre la tierra.