Consultar.
3. tr. Pedir parecer, dictamen o consejo a alguien.
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Hablé aquí hace un par de semanas de la oportunidad del modelo educativo publicado y sometido a consulta por la Secretaría de Educación Pública Federal (SEP), una propuesta en tres documentos –Los fines de la educación en el siglo XXI, Modelo educativo 2016 y La propuesta curricular- que pueden revisarse en esta liga: https://www.gob.mx/modeloeducativo2016 .
En ese artículo se planteó por una parte la falta de oportunidad con que fue trabajado y publicado el modelo, cuyas consultas iniciaron desde principios del 2014 y que por el cambio de secretario y de prioridades se mantuvo congelado durante más de un año y salió a la luz, finalmente, en un contexto enrarecido y marcado por la tensión después de los asesinatos de Nochixtlán, aún no esclarecidos.
También expresé que aunque muy tardío y dado a conocer en un momento inoportuno, el modelo educativo representa una oportunidad enorme para contar, por fin, tal vez por primera ocasión en nuestra historia al menos de una manera formal y oficial, con un documento o una serie de documentos que expresen con toda claridad las finalidades, los conceptos orientadores, los fundamentos y las estrategias que como nación suscribimos para guiar la formación de los ciudadanos mexicanos del siglo veintiuno.
Los documentos publicados son, al menos en teoría, resultado de una consulta: la de los foros organizados por Emilio Chuayffet a partir del 10 de febrero de 2014 y están ahora sometidos a una nueva consulta para ser mejorados y construidos con las aportaciones de todos los interesados en la mejora de la educación nacional.
En estas semanas que han transcurrido desde su publicación, ha habido ya una muy nutrida retroalimentación por parte de investigadores educativos de renombre como Roberto Rodríguez, Imanol Ordorika, Marisol Silva, Carlos Ornelas, Pedro Flores Crespo, Manuel Gil y otros expertos en política educativa, además de algunos analistas interesados en el tema educativo como Ricardo Raphael. En estas semanas han ocurrido y están por ocurrir también diversos foros organizados por la UNAM, el Consejo Mexicano de Investigación Educativa y algunas otras universidades e instituciones de educación superior con el fin de discutir los documentos que conforman el modelo educativo.
Por instrucciones de la SEP federal se trabajaron los documentos del modelo educativo además en todas las sesiones de Consejos Técnicos Escolares que tuvieron lugar antes del inicio del ciclo escolar que está comenzando. Ahí se recogieron también los comentarios, opiniones y sugerencias de los docentes y directores escolares de todas las zonas escolares de las entidades federativas del país.
En las semanas que faltan para el cierre de la consulta seguramente se estarán produciendo nuevas reflexiones, críticas y propuestas que aportarán elementos para modificar, enriquecer, reforzar y fundamentar mejor los planteamientos del modelo educativo propuesto. En mi institución, por ejemplo, estamos concluyendo el trabajo de una comisión inter-áreas que va a aportar un documento de análisis para que las autoridades universitarias lo hagan llegar por los conductos adecuados a las instancias que procesarán la información obtenida en el proceso.
Todos estos insumos, provenientes de las más diversas posturas –desde quienes ven este modelo como un esperpento hasta quienes lo alaban sin cuestionar nada, pasando por quienes tratan de hacer un análisis crítico más objetivo sobre las bondades y limitaciones de los documentos- constituyen un rico mosaico de aportaciones que contienen señalamientos serios y pertinentes a tomar en cuenta para que el producto final, es decir, el nuevo modelo educativo nacional, sea formulado con mucho más consistencia, sustento teórico, pertinencia pedagógica y social, claridad y sentido.
En este contexto me surge una pregunta: ¿Qué sentido tiene que la SEP estatal de Puebla –y no sé si en otros estados también- a través de las supervisiones escolares esté obligando a las escuelas a que demuestren que al menos el 80% de sus docentes han respondido en línea a las preguntas de la consulta? ¿Qué calidad de aportaciones van a obtenerse de este proceso forzado y forzoso que pide evidencias individuales e institucionales de participación en la consulta?
El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que consultar es “pedir parecer…o consejo a alguien…” pero no habla de coercionar para obtener ese consejo o parecer. ¿Se trata de un ejemplo más de nuestros usos y costumbres del antiguo régimen en el que lo que se busca es legitimar un modelo a partir de la exhibición de estadísticas de participantes en la consulta, que en realidad no importa si tienen o no pertinencia y calidad porque no surgen de la libre decisión y pensamiento de quienes participan? ¿Estamos frente a un ritual más de la cultura del cumplimiento –cumplo y miento- que no acaban de eliminarse de nuestra cultura escolar?
Para que la consulta sobre el modelo educativo logre su objetivo se requiere tomar en cuenta todas las aportaciones serias, sistemáticas y pertinentes que surjan de quienes libremente han tomado el tiempo para revisar y criticar los documentos y no simplemente maquillar el modelo publicado y legitimarlo con cifras de participación obligada de miles de docentes en el país.
Ojalá esto lo tengan claro las autoridades de la SEP federal.