En las últimas semanas, las televisoras, noticieros radiofónicos y diarios de circulación nacional, han saturado de información a las audiencias, al público, con información sobre la elección presidencial estadounidense. Una semana de cobertura de la Convención Nacional Republicana y, otra más, de la Convención Nacional Demócrata. Discursos nacionalistas, racistas y xenófobas por una parte, mientras que por la otra, bienaventuranzas, comprensión y una maternidad desbordada. ¿Donald Trump o Hillary Clinton? Pregunta recurrente en los medios de comunicación masiva.
Sin embargo, ¿por qué tendríamos, siquiera, que tener los ojos puestos en un gobierno y una sociedad, que lejos de promover la convivencia respetuosa entre las naciones, busca la intervención explicita u oculta en el mundo? ¿por qué legitimar apropiándonos sus discursos de los procesos de elección de figuras, cuando el mundo y, sobre todo Latinoamérica ha padecido a demócratas o republicanos? ¿Trump o Clinton? Pregunta infructuosa ante unas venas aún abiertas en nuestra región. ¿Trump o Clinton? Son lo mismo. Uno expuesto de manera grotesca, cínica y vulgar. La otra mostrada mesurada, pero con una historia bastante indecente políticamente, hipócrita y falsa. Sólo basta mirar las acciones de una y otro candidatos para saber lo que le espera a los países del sur global, los pobres.
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Sin embargo, hay una tendencia fuerte que afirma que Hillary Clinton es la mejor opción no sólo para Estados Unidos sino para el mundo. ¿Eso es cierto?
El historial de Hillary Clinton es “bastante” interesante en varios sentidos. Asuntos como la controversia de Whitewater, el Travelgate y el Filegate dejan ver las motivaciones de control político y enriquecimiento que llevan a la candidata a buscar la Casa Blanca. Hacia el exterior, cuando ocupaba el senado, Hillary Clinton apoyó de manera vigorosa la invasión militar de Estados Unidos a Afganistán, en 2001, argumentando una oportunidad para combatir el terrorismo, mejorar la calidad de vida de las mujeres de aquel país y derrocar al gobierno Taliban. Asimismo, Clinton votó en favor de la iniciativa de invasión a Irak, promovida por George W. Bush, en 2003, legitimando la política republicana de ubicar naciones como pertenecientes al Eje del mal (reminiscencia del eje Berlín-Roma- Tokyo, de la Segunda Guerra Mundial). La senadora Clinton abogó por la construcción de la alianza intervencionista con el apoyo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ambas invasiones causantes de sufrimiento y muerte en Afganistán e Irak, sólo para preparar su campaña presidencial desde 2003.
Pero también tiene un historial de mentiras, curiosamente, ligadas al poder, la seguridad y la guerra. Como Secretaria de Estado, la prensa de su país publicó cómo ella utilizó el argumento de amenaza a su persona en la base aérea Tuzla, en Bosnia, cuando éstas eran falsas. Asimismo, fricciones por el uso de Internet en China, y la reunión de datos biométricos y personales de diplomáticos extranjeros a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). De igual manera, después de haber declarado que el gobierno de Hosni Mubarak era estable, apoyó a los manifestantes que derrocaron al gobernante que los propios Estados Unidos habían colocado en el gobierno egipcio. También usó una política y financiamiento para derrocar a Muamar Gadafi, pero mantener a los grupos rebeldes activos, creando una política terrorista en la región de África del Norte.
Cabe señalar que la senadora y, después, secretaria de Estado, tampoco mostró ningún tipo de indignación o reclamo ante las evidentes intervenciones estadounidenses ocultas en países latinoamericanos como en el caso de Venezuela, Bolivia, Brasil, Argentina y Ecuador. Asimismo, tampoco abrió líneas de investigación sobre los extraños casos de padecimiento de cáncer de varios líderes de gobiernos de izquierda latinoamericanos.
Estos datos sólo son para ejemplificar la que se considera la “mejor opción” de una elección estadounidense para nuestra región. El bombardeo mediático electoral norteamericano sólo debe preocupar a los pueblos latinoamericanos y del mundo pobre, en la medida de conocer quiénes son los asesinos del mundo, los agiotistas, los que han empobrecido a sus/nuestros países con sus políticas económicas, los intervencionistas. No nos incumbe su ideología ni su gobierno, ni su sociedad.
¿Trump o Hillary? Ojalá ninguno, al igual que ningún otro norteamericano: mujer, afrodescendiente (blanqueado con la blanquitud gringa), pseudocomunista, blanco; demócrata o republicano. Los dos candidatos serán enemigos de los pobres.
Picaporte
De vergüenza que el gobierno judío de Israel aprobara una ley que rebaja a 12 años de edad para encarcelar a los niños palestinos por terrorismo. Y todavía dicen recordar Auschwitz y el supuesto Holocausto. Hipócritas.