La campaña de sucesión presidencial en la Unión Americana reviste un serio riesgo a la seguridad del país. México registra tres grandes tragedias ocurridas durante el periodo de sucesión presidencial de los Estados Unidos, la pérdida de la mitad del territorio nacional, el asesinato de Madero y Pino Suarez 1814 y la invasión de marines en Veracruz en 1815, posteriormente la expedición punitiva contra Villa en 1816.
La elección de noviembre da opción al ascenso de Trump, su campaña alentó el odio a México.
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Con esos antecedentes y amenazas la presencia del presidente Enrique Peña Nieto en la Casa Blanca reviste gran importancia. Los temas tratados con Barack Obama, bordearon la seguridad, migración y cambio climático.
Cabe suponer el interés de Obama por la seguridad reforzada en la frontera ante la intensificación del terrorismo o bien el interés directo por alentar el voto latino a favor de los demócratas.
El presidente Enrique Peña Nieto declaró después de la entrevista con Obama que el Gobierno de México se encuentra dispuesto a la colaboración con quien resulte electo como presidente de Estados Unidos en noviembre próximo; expresó el mayor respeto por los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump, “y desde ahora propongo entrar en un diálogo franco y abierto con quien resulte electo”, afirmó.
La actitud presidencial reviste suma importancia para el futuro inmediato de la nación, con el tratamiento adecuado sin caer en manejos mediáticos que afectan la relación diplomática y la función de las instituciones. Sin participar o inmiscurise en la decisión del pueblo de los EEUU, se reserva una buena disposición del diálogo y la negociación de intereses nacionales.
El momento de la sucesión en el vecino país reviste un riesgo elevado de acuerdo con experiencias históricas que resultaron altamente lesivas al país. Los sucesos relevantes de mayor costo al territorio y la soberanía nacional se dieron durante el periodo de sucesión de la Casa Blanca, como fueron el ascenso de James K. Polk en 1844 cuando se dio la guerra con la perdida de la mitad del territorio, y la sucesión entre William Howard Taft y Woodrow Wilson, la invasión de Veracruz y la expedición a Francisco Villa 1916.
Hoy nuevamente soplan vientos que anuncian la tormenta, el candidato democrata Donald Trump realiza su campaña con el ofrecimiento de construir un muro en la frontera que impida la migración sin documentos, también dará fin al Tratado de Libre Comercio. Medidas draconianas que equivalen, la primera a un “costo de guerra” que no existe, y la segunda a una ruptura del proyecto comercial con potencialidades de lograr una integración social y política con equidad y seguridad
La campaña de Trump se basa, entre otros recursos, en satisfacer su público con deseos desproporcionados, los que no importa sean válidos o no, es lo que se quiere escuchar, en el caso del muro que quiere lo paguemos los mexicanos, ya existe en parte su construcción hasta en mil cincuenta kilómetros, lo que no ha impedido se mantenga el transito sobre la frontera en una dimensión de 300 mil migrantes que cruzan la línea sin documentación.
El TLC desfiguró la estructura económica productiva del país, rompió cadenas de producción favoreciendo en especial a la industria automotriz y de maquila, convirtió al país en una sociedad vulnerable, en particular en la alimentación al imponer la adquisición en el exterior del 60 por ciento del consumo alimentario.
Gane o pierda Trump, se ha echado andar el sentimiento nacionalista excluyente que endurece las relaciones bilaterales.
México debe recuperar el interés nacional con atención a sus necesidades y afirmación de su identidad nacional, con atención a la población, la seguridad de su espacio territorial con proyección basada en nuestros propios recursos y capacidades, dejar de pensar que el desarrollo y bienestar vendrá del vecino.