Para nacer, Cuauhtémoc debió de morir.
Hace cinco siglos, un martes de carnaval, del 28 de febrero de 1525, Hernán Cortés privó de su vida al “único héroe a la altura del arte”. Y, sin embargo, vive en el corazón de la nación.
Se abre la sesión, en uso de la tribuna la oposición
Al volver a recuperarse la nación mexicana con el restablecimiento de la República, es que se dan las condiciones propicias para el retorno del “Nuevo Quetzalcóatl”.
Más artículos del autor
En 1868 el difusor de la imagen del héroe de Aztlán es Vicente Rivapalacio quien en las ediciones del niño mexicano rescata a Cuauhtémoc y lo “echa andar”.
El historiador Rueda explica en dos vertientes el tránsito de la vida del defensor de la “Gran Tenochtitlán, Ciudad viva”, la llama la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. La primer vertiente parte de la responsabilidad asumida a la muerte de Cuitláhuac, quien hizo huir al invasor al derrotarlo; este guerrero tomó el poder al morir Moctezuma; no obstante, es víctima de la epidemia y “el águila que desciende», es el Tlatoani del combate un valiente estratega que solo depone la guardia hasta caer el último de los combatientes. Ya derrotado, no se rinde y pide ir acompañar a sus dioses.
La segunda de seguimiento va de 1521 a su muerte en 1525; ¿que hizo el joven Cuauhtémoc estos años?
Cortés le respeta la vida no por humanismo sino porque quiere todo el oro azteca; el “quinto real, para ello somete al cautivo al tormento más atroz sin lograr doblar su fortaleza moral, con su intensa fortaleza, se le escucha decir “acaso estoy en un lecho de rosas”, “no hay más oro y no voy hablar”.
El creador del holocausto indígena, Cortés, sabe que sin apoyo del “gran tlatoani” no puede gobernar; en tal razón, le otorga la autoridad de Tlatelolco, y con ese carácter adjudica el agua del Lago entre Tlatelolco y Tenochtitlán, como se emite su aplicación en sus respectivas ordenanzas.
Cuauhtémoc, para ser autoridad del reino de la Nueva España, debió ser bautizado, de ahí su nombre castizo. Una obligación supuesta debería cubrir a favor del moneiteismo, pero conectada engañosamente con el sometimiento al rey Carlos I.
El capitán extremeño siempre temió que el príncipe derrocado iniciara una insurrección; por eso, en medio de la selva cuando marchaban a las Higueras, en el fatídico carnaval de fin de febrero de 1525, Cortés mandó sufriera la horca. Cuauhtémoc lo acusó de injusto y cobarde.
El héroe forjado desde las luchas contra la invasión colonial europea asciende en la escala de su dimensión al paso de la nación, dice el historiador Rueda: “Un año después del fusilamiento de Maximiliano, en 1868, el heroísmo de Cuauhtémoc vuelve a iluminar la bóveda celeste del Anáhuac”. Vicente Riva Palacio comienza a difundir su imagen en publicaciones infantiles.
Esta prominente tarea contaba con antecedentes como la distribución de algunos glifos indígenas en tiempos del dominio del Aztlán. Luego el periodista insurgente Carlos María de Bustamante imprimía sus huellas, que son nutridas por el culto novohispano Carlos de Sigüenza y Góngora, todos ellos descubren y perpetúan el nacionalismo que se engendra y se difunde con cada vez mayor orgullo hasta convertirse parte del ritual del oficialismo liberal: el nacionalismo mexicano va de la mano con Cuauhtémoc.
La fiesta del Centenario de la Independencia abre todo el cauce nacionalista para que Cuauhtémoc se coloque, desde el Paseo de Reforma, para recibir la luminaria brillantez de todas las estrellas solares de galaxia histórica de su pueblo.
Tiene la palabra el grupo de mayoría
En Puebla se honró la memoria de Cuauhtémoc en ocasión de conmemorar el V Centenario de su sacrificio.
El homenaje al único héroe que se menciona en la poesía de la Suave Patria consistió en la conferencia del doctor Salvador Rueda Smitters cuyo eje de su relato fue la construcción como héroe de la patria.
La disertación del director del Museo de Historia de Chapultepec, fue además de elocuente y fundamentada con rigor académico, de gran sencillez didáctica, y emoción patriótica.
La conferencia tuvo como eje central la formación del héroe en el imaginario social, entendida la dinámica de la historia de nuestra sociedad en el tránsito de sus etapas sujeta al relato de una crónica titulada “Perfilar al Héroe”.
La introducción al tema fue comentada por el anfitrión, el presidente del Instituto de Administración Pública de Puebla, Francisco Javier Muñoz, al exponer “Cuauhtémoc, el héroe de la resistencia”, donde, advirtió, se aborda un “tema polémico que no se va agotar en esta conferencia, pero permitirá reflexionar a futuro sobre el humanismo mexicano”. En síntesis es un concepto en elaboración, implica puntualizar la grandeza de nuestra cultura de la lucha de nuestros pueblos, por lo qué escogimos una frase hasta provocadora de la resistencia, para asumir una posición que significa que no somos solamente Hispanoamérica, no solamente somos Latinoamérica, no solamente somos encuentro, sino que somos producto de una acción y una resistencia, una resistencia hasta hoy expresada en muchos en muchas tradiciones.
Este breve intercambio de diferencias tenía su punto de partida en la disyuntiva entre, “héroe de la resistencia”, o bien, “perfilar al héroe”.
Si la historia es valorar la experiencia a través del tiempo, una opinión se sustenta en reconocer lo ocurrido como un acto de resistencia permanente en distintos momentos; mientras el doctor Rueda opina en la diferencia de pensamiento donde cada generación marca su sello en la historia, al pensar distinto, una simbiosis posible sería la continuidad permanente de cada generación.
Para su aplicación constitucional
Cuauhtémoc es el héroe de la Nación desde sus orígenes. La defendió hasta la última gota de su sangre; la derrota aniquiló su defensa, con valentía mantuvo su identidad invencible, se diferenció a su opresor de quien obtuvo mayor diversidad cultural, donde anidó un nuevo ser comunitario mestizo e igualitario, no excluyente ni supremacista racial o discriminatorio, tal como ahora sufrimos a Donald Trump.