EL DEBATE sobre el populismo abierto por el comentario del presidente Enrique Peña Nieto, en la Cumbre de Líderes de Norteamérica, llevó al presidente Barack Obama a externar su versión respecto al tema sin la intención de debatir, sólo de precisar su opinión. Se dieron dos discursos distintos, con diferencias semánticas y referencias históricas distintas.
El presidente Peña Nieto atacó a “populistas y demagogos”, su base de pensamiento se sustentaba en la globalización que recurrió al populismo para desacreditar el “pensamiento del liberalismo social” de la revolución mexicana.
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El presidente Obama partía de la experiencia estadounidense del populismo basado principalmente en la Cooperación mutualista campesina de 1892, año crucial donde el Partido del Pueblo obtuvo 1 millón de votos, el 9% de la votación, con 5 senadores, y 10 representantes y tres gobernadores; Colorado, Kansas y Dakota del Norte. Posteriormente se alió a los Demócratas y declinó su votación hasta su extinción.
La obsesión de los “peña fóbicos” llega a la depreciación del mandatario mexicano frente al inquilino de la Casa Blanca, sin darse cuenta de la magnitud del cambio ideológico operado.
Por una parte Obama se asumió como “populista” al ubicar aquellos a quienes “luchan en defensa de los trabajadores”, así mostró la falta de compromiso de Trump con los intereses sociales, pero por otra, rebasó el “populismo de la globalización” para dar paso a la legitimidad del “populismo social” donde se sustenta la acción de Morena, en consecuencia el fortalecimiento de López Obrador.
La CIA no veta candidatos presidenciales en México, aunque el embajador estadounidense fue el autor intelectual del crimen de Madero y Pino Suárez, el presiente Wilson no reconoció a Victoriano Huerta. La injerencia del vecino del norte ha sido más a promover candidatos de su simpatía, y en su caso presionar con el reconocimiento diplomático como ocurrió en los Tratados de Bucareli con Álvaro Obregón.
EL POPULISMO EN LA GLOBALIZACION; el concepto de populismo fue manipulado por la globalización para excluir y descalificar a los regímenes con compromisos y vinculados al pueblo, en época de la postguerra, en tiempos que se flexibilizó el control riguroso del Pentágono, aludiendo al “peronismo” en Argentina, el APRA en Perú, el gobierno de Getulio Vargas en Brasil, en una primera fase; posteriormente, el “bogotazo” en Colombia de 1948, el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala de 1954, y la revolución cubana de 1959, se les acusó de comunistas, en tanto, la revolución mexicana con su pensamientos social liberal inició su desarticulación a partir de 1982 cuando el proyecto de “pensamiento único” le calificó de populista.
La Casa Blanca no impide, expresamente, a los mexicanos la nominación de un candidato progresista de izquierda democrática; se percibe que es poco factible, la composición política territorial brinda un paisaje de exclusión debido a que el norte y frontera de la nación se encuentra blindado respecto a su acceso a la izquierda ya que su permeabilización a una transición y alternancia de orden de izquierda se ve muy lejana. Es posible afirmar que persiste una identidad México-norteamericana más fortalecida que en el resto del país.
Con el pronunciamiento de Obama es posible que el factor de rechazo a la izquierda calificada de populista se diluya para favorecer la aceptación de AMLO a la presidencia de la república. ¿Algo de eso habrá?
Corolario, se derrumbó el “muro” de exclusión en los Estados Unidos que impedirían la llegada de un líder de izquierda a Los Pinos.