Este artículo no pretende ser un tratado de política, así como tampoco un formulario que resuelva los problemas de la convivencia humana, y mucho menos una llamada para combatir la violencia visible. Es sólo una reflexión sobre la vida humana, entendida como valor y como derecho fundamental que todas las personas tenemos de existir con dignidad en esta tierra y bajo este cielo común.
El artículo 3º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, siendo éste la primera consecuencia de la afirmación contenida en los dos primeros artículos de la Declaración, según la cual: 1º. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” y, 2º. “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquiera otra condición”.
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“Ajalpan, un poblado de Puebla, fue noticia hace unos días porque una turba hizo justicia por su propia mano, torturando y linchando a dos supuestos delincuentes a quienes acusaban de secuestro de una menor” (Revista Proceso.com.mx, 2015).
Después de este ataque tan brutal e inhumano (que nos ha conmovido profundamente creándonos nuevos paradigmas en nuestros corazones), hablar de valores no sólo es importante, sino necesario y urgente. Para ello, Latapí (2001), nos dice:
(...) Por valor se entiende un juicio apreciativo que acompaña o prepara los comportamientos (...), es el sentido de “motivo” de la acción, subrayando en este caso la carga emocional que acompaña al juicio y por la cual éste pasa a ser una “convicción”: es una predisposición afectiva favorable a un determinado bien, y en esta acepción se incluyen también las “actitudes” favorables hacia ese bien. (...) Es una aspiración o deseo de obtener o de realizar un bien determinado. (...) Es un ideal de vida.
Sin embargo, Lonergan (2001) refiere a los valores como una noción trascendental. Puesto que éste se tiende a alcanzar en las cuestiones que se ponen a la deliberación, así como lo inteligible es lo que se tiende a alcanzar en las cuestiones que se ponen a la inteligencia, y la verdad y el ser es lo que se tiende a alcanzar en las cuestiones que se ponen a la reflexión.
Dicho de otra forma, las nociones transcendentales no solamente conducen al sujeto a la plena conciencia, y lo dirigen hacia sus propios objetivos, sino que lo proveen de criterios que le permiten conocer si está alcanzando dichos objetivos. El deseo de comprender se satisface cuando se llega a la comprensión, pero queda insatisfecho con cualquier comprensión incompleta, y así es fuente de cuestiones ulteriores. El deseo de la verdad impulsa a la racionalidad a dar su asentimiento cuando la evidencia es suficiente, pero rehúsa dicho asentimiento y presenta dudas cuando la evidencia es insuficiente. El deseo de valor recompensa con una consciencia feliz a quien logra auto-trascender, y entristece con una consciencia infeliz a quien no lo hace.
(…) Los dos hombres sospechosos fueron detenidos por las autoridades que los metieron a la cárcel municipal para investigarlos. Una vez que se corroboró que eran inocentes los mantuvieron protegidos por unas horas hasta que una turba los sacó a golpes para torturarlos hasta darles muerte (Revista Proceso.com.mx, 2015).
Con base a lo anterior podríamos inferir:
Entonces, retomando y recordando este terrible suceso del 19 de octubre en Ajalpan, Puebla y continuando con el artículo 3º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entiendo la vida misma como un valor y un derecho fundamental de todos los hombres, mujeres y niños.
Ante ello Carlos Díaz (2003), escribe:
“(...) no habría biografía virtuosa sin muerte, pues toda biografía es un combate victorioso sobre la sombría muerte”.
La muchedumbre incontrolable llevó a los dos presuntos secuestradores hasta el Zócalo del pueblo y los quemaron con madera y combustible (…) (Revista Proceso.com.mx, 2015).
Nos pasa que estamos a la muerte, estamos abiertos a la muerte y en posibilidad de morir en cada momento. Como dice Julián Marías: No es que seamos para la muerte, el hombre no es para la muerte, es para la vida. Sin embargo, estamos a merced de ésta mientras vivimos, pero jamás lo deberíamos de estar de esta forma.
Los hermanos Copado se identificaron con su credencial de elector y como encuestadores. La policía descartó que fueran secuestradores pero la turba ya no escuchó de razones y los linchó sin piedad (Revista Proceso.com.mx, 2015).
(…) Vivir en el delirio y con humana frialdad de corazón planear y ejecutar el asesinato de personas a las que no han visto nunca. Nada es más frágil que la vida humana, nada más fácil de destruir que los delicados mecanismos que mantienen en marcha una ciudad, la rutina diaria de quienes la habitan, la gente de bien que va a su trabajo cada mañana y que no tiene la culpa de las alucinaciones homicidas, de los fantasmas sanguinarios del fanatismo (Martínez Garcilazo, 2004).
Desde aquí, las ejecuciones, las guerras y el terrorismo son inmorales, son atentados radicales contra la vida.
Preciosa y frágil trama de actos y de costumbres, de tareas, de sobreentendidos, de concesiones mutuas. La materia de la vida y de la libertad humana. Después del dolor viene el abismo. Todas las desgracias se parecen. Todos los horrores son el mismo. Del horror a la compasión, a la ira, a la tristeza y al miedo. No hay bandera que valga una vida. Un solo individuo es la exacta medida del universo. No hay crimen que justifique un crimen (Martínez Garcilazo, 2004).
Porque a final de cuentas la historia humana es una historia de conflictos que pretenden ser resueltos siempre con guerras, violencia o ataques.
Recordemos que, la violencia sólo genera violencia. Sean o no sean justas las frustraciones o las causas que se defiendan, el fin nunca, jamás, justificará los medios.
Referencias
Cortina, A. (2000). La educación y los Valores. Fundación Argentina, Biblioteca Nueva. España.
Díaz, C. (2003). Diez virtudes para vivir con humanidad. Sinergia. Madrid.
Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948-1988).
Latapi, S. P. (2001). La Moral regresa a la escuela. Una reflexión sobre la ética laica en la educación mexicana. Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de Estudios sobre la Universidad y Plaza y Valdés y Editores. México.
Lonergan, B. (2001). Método en Teología. Verdad e Imagen. Ediciones Sígueme. Salamanca.
Martínez Garcilazo, J. L. R. (2004). Letanía de Madrid. (Barahúnda polifónica de textos: el rey don Juan Carlos, Ray Lóriga, Antonio Muñós Molina, Manuel Rivas, Maruja Torres, Yago Durán (El País), Raúl del Pozo (El Mundo), Paloma Sotero, José Luis Martín y Ramón Gómez Durán de la Serna). Artículo publicado en el periódico Intolerancia, diario de Puebla, lunes 15 de marzo del 2004. Puebla, Pue. México.
Revista Proceso.com.mx (2015). El linchamiento en Ajalpan. Disponible en: http://www.proceso.com.mx/?p=418769