El próximo 4 de agosto, los parientes, amigos y allegados de José Ángel Conchello Dávila y, acaso lo mejor de la conciencia nacional en su conjunto, estaremos conmemorando el decimoséptimo aniversario luctuoso de un prominente mexicano.
Las colaboraciones escritas por su pluma, tanto para el diario “El Financiero” como las que se publicaban jueves a jueves en la página editorial de “El Universal” , constituían por su amenidad y agudeza, así como por su profundidad de conceptos, riqueza informativa y estilo literario una lectura verdaderamente obligada; siendo, realmente, muy pocas las plumas que en las últimas décadas merecen tal calificativo en nuestros lares.
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José Ángel Conchello, Humberto Hernández Haddad Alfredo Jalife Rahme, Eduardo Valle Espinosa “el búho”, Jacobo Zabludovky; y acaso no muchas más, han sido, para las generaciones que actualmente viven en México, los editorialistas que han cultivado el artículo periodístico como un verdadero género literario, en consonancia con una tradición muy propia del mundo de habla española y entre cuyas figuras emblemáticas bien podríamos mencionar a José Ortega Y Gasset y a don Miguel de Unamuno.
Lo anterior, sin óbice de recordar, que la gran prensa de los Estados Unidos, durante la etapa inmediatamente posterior al macarthismo, así como en el breve período de la administración Kennedy, y tras las secuelas del trágico atentado de Dallas, se habría enriquecido con las espléndidas colaboraciones de escritores como Gore Vidal, y Truman Capote.
Al discutirse la reforma de 1997 al sistema de pensiones, debate en el que jugaría un papel preponderante, José Ángel Conchello habría advertido a la nación sobre los riesgos de descapitalizar al Seguro Social, así como de los que implicaban, incluso a la integridad física de los derechohabientes, establecer el sistema de subrogación de servicios que la misma reforma entronizaba, riesgo que cobraría su más brutal dimensión y actualidad con la tragedia de la “Guardería A-B-C” en Hermosillo.
Avizoraría asimismo el menoscabo a la riqueza patrimonial del país en sus recursos energéticos ubicados en las zonas marinas de jurisdicción nacional, tanto por lo que hace al terrible incidente de la “Isla Bermeja” como por lo referente a las presiones diplomáticas sufridas por el país con motivo de la suscripción del acuerdo de límites marítimos con los Estados Unidos, entre los que se encuentras los yacimientos marítimos transfronterizos del denominado “Hoyo de dona”.
Supo también, dilucidar como pocos, las graves consecuencias que para México resultarían de adoptar una política de apertura comercial ante economías de mayor peso a la nuestra en el concierto internacional, precisamente, en el que la propaganda oficial desbordaba entusiasmo y optimismo con motivo de las negociaciones previas a la suscripción del Tratado de Comercio Libre para la América del Norte.
A diecisiete años de su muerte la tinta de las páginas que escribiera sigue fresca en sus textos y en nuestras conciencias, dejando en claro que hubiera escrito sobre la inminente reforma a la salud pública, sobra la denominada “Ronda Uno”, o sobre las negociaciones opacas y cuasi clandestinas del Tratado Transpacífico, y constriñiéndonos a dejar, en la modestia medida de nuestros alcances, el testimonio del tiempo que nos ha tocado en suerte vivir; para quienes le tratamos de manera cercana, su enseñanza habría constituido lo mismo un privilegio que un compromiso en tal sentido.