Estamos a escasas dos semanas de que concluyan las campañas electorales y hemos observado el avance democrático en nuestro país, porque la competencia es real, porque existe una amplia oferta de propuestas, pero sobre todo porque hay un claro mensaje de definición y rumbo para el país.
Me parece que el trabajo que ha venido realizando el Partido Revolucionario Institucional a lo largo del país, habla de un instituto político que se asume como primera fuerza porque así los ciudadanos se lo han concedido en las urnas, no es gratuito, ni tampoco es un mensaje de mercadotecnia.
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La mayoría en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, las mayorías en más de 20 congresos locales, en presidencias municipales y regidurías, así como la responsabilidad de conducir los destinos del país no son argumentos menores: son elementos de prueba de una realidad indiscutible.
Los triunfos electorales que el PRI obtenga el próximo 7 de junio, que estoy seguro permitirán conservar la mayoría en la Cámara de Diputados e incrementar la presencia de Ejecutivos Estatales y congresos locales, tendrán un claro mensaje de referéndum a la confianza que el ciudadano le otorgó en el 2010.
Las llamadas elecciones intermedias sin duda sirven como un referente para una valoración de hombres y mujeres que premian o castigan en función de compromisos y expectativas de futuro.
Al día de hoy no existe una sola encuesta que ponga en segundo lugar al PRI y esto se debe a que hay un rumbo claro en el país, una visión reformadora que si bien no da resultados de un día para otro, si trae beneficios palpables y que empieza a reordenar un país que se había estancado y en el que se enquistó el crimen y la inseguridad.
Hoy, con una visión de Estado y con la acción de gobierno se ha ganado terreno que se traduce en nuevas condiciones para enfrentar el futuro como nación.
Eso es lo que el PRI representa en el presente, pero además no se puede dejar a un lado un pasado que lo avala en la construcción de la grandes instituciones de seguridad social, salud y educación que permitieron pasar del México revolucionario a uno moderno, ahora incorporado entre las 20 economías mundiales y con un marcado liderazgo en América Latina.
El PRI, sigue comprometido con la exigencia de la sociedad civil organizada, con las instituciones nacionales e internacionales, la opinión pública, e indiscutiblemente comprometido con darle un nuevo impulso a este país.
Es evidente que se han atendido reclamos añejos de mejorar el modelo educativo; se estableció un nuevo marco laboral; se abarató la comunicación telefónica; además de que con la reforma energética se impulsan cambios para mayor crecimiento y competitividad. Tema adicional es el de transparencia del ejercicio de los recursos públicos y el combate a la corrupción.
Todos estos temas hay que decirlo el PRI los hizo posible en sólo dos años de conducción del proyecto de país, por lo que hay motivos para continuar por la misma senda y así se vislumbra para el 7 de junio.