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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

OHL, Oigan (aquí) Hay Lana

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Mayo 11, 2015

Es muy conocido el proceder tramposo de los conquistadores españoles. Les daban a los indígenas pedazos de vidrio, espejos  y otras baratijas a cambio de figuras de oro. Ese fraude alevoso ha quedado como modelo descriptivo del timador vulgar. Hoy, los negociantes de allende los mares no actúan de modo diferente en América.

La técnica ha cambiado levemente. Los fines son los mismos.

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Se llevan toneladas de oro, igualmente. Pero han hecho sus aliados, sus cómplices a mercaderes y funcionarios locales  idénticos a ellos. Los mueve el becerro de oro y no hay poder humano que los aplaque. La gigantesca constructora trasnacional OHL ha bordado fino y consumado pillerías por donde ha pasado.

En México ha quedado exhibida en estos días, con grabaciones que desnudan el modus operandi de sus directivos. Pero es sólo un pequeño eslabón más de la cadena. Las grabaciones los muestran corrompiendo a funcionarios del estado de México. Éstos presionan, como parte de la pinza del negocio. Inflan escandalosamente presupuestos de obras. Y, claro, reparten y comparten ganancias.

Y es la compañía consentida del estado de México, desde los tiempos de Peña Nieto. Hoy sigue llevándose obras enormes en todo el país, Puebla incluida. Todo con la bendición del gobierno federal y el gobernante mexiquense vía su secretario de comunicaciones.

Pero OHL ha dejado sus inescrupulosas huellas por doquier. En España misma  financió partidos, al PP concretamente, e incluyó al propio  rey tenorio y cazaelefantes en sus enjuagues; y dejó problemas judiciales en Argelia, Qatar,  Perú y Gibraltar. Su fundador y presidente Juan Miguel Villar Mir tiene, según el recuento de medios, procederes  nada distintos a los de los capos del mundo.

Su operación es la misma: ofrece las cotizaciones más bajas en los concursos de obra, y ya en marcha infla sobrecostos y dispara presupuestos hasta el cielo. En Perú, un túnel, de 400 millones de euros lo elevó a 500 millones, por ejemplo. Sus ganancias son estratosféricas: 60 mil millones de euros por año.

En México operó con Fox, Calderón y ahora con Peña, mas gobiernos estatales. Nuestro país representa el 13 por ciento de sus ganancias, algo así como 117 mil millones de pesos al año. Usted haga sus cuentas de moches y “lubricaciones”.

Hoy, sus directivos no reconocen actos fraudulentos ni delictuosos. Se incomodan y gritan por el espionaje telefónico del que se dicen víctimas. Lo de siempre: con las alforjas llenas y el antifaz puesto, gritan escandalizados “¡al ladrón..al ladrón..!” Sus cómplices en el estado de México y la federación les hacen segunda. Ni corren ni sancionan a los participantes de las escandalosas operaciones ventiladas con la grabación telefónica.

En México nunca hay delito que perseguir. Siempre hay palabrería hueca y leyes de chicle o sombrillas de impunidad para los ladrones con poder.

Los delincuentes de esta ralea no tienen patria. En pos del dinero mal habido compran, corrompen, simulan y así van por el mundo. Son buitres ávidos de carroña y complicidades. Y aquí están en un edén, con especímenes a su imagen y semejanza.

Este modus operandi, tan viejo como el hombre, me hizo recordar la anécdota del emperador romano Tito Flavio Sabino Vespasiano, quien gobernó del año 69 al 79. Vespasiano gastaba mucho en guerras de conquista y obras monumentales, una de ellas el Coliseo.

Necesitaba  más y más dinero.  Para conseguirlo, un  día decidió fijar un impuesto a los mingitorios en Roma. Empezó a obtener buenos ingresos de los urinarios públicos. Un día se enteró que su hijo Titus se oponía al dinero proveniente del impuesto a los orines.

Lo mandó traer y le pidió que oliera el dinero recaudado. No percibió olor especial alguno. Su padre le dijo que provenía de los impuestos a los urinarios y que no tenía un olor distinto al de otros impuestos. Textualmente le dijo: “DENARIUS NON OLET”.  “El dinero no tiene olor, y venga de donde venga el dinero es dinero..”

Así estos modernos Vespasianos, para sus corruptelas no tienen patria ni fronteras, su pista es el mundo. Y así van buscando abrigo y cómplices. No hay frontera, ni ley, ni gobierno que los resista. Y en cambio, abundan los cómplices nativos  que gustosos les tienden alfombra roja. Sólo que ya no se conforman con los espejitos, mejor euros, “el dinero es el dinero…”

xgt49@yahoo.com.mx

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