Jamás he transitado por el camino de la auto denigración. Me parece un sendero vulgar, desinformado y reprobable. Pero cuesta mucho trabajo no referirse al diario acontecer negativo del país. Los casos brotan todos los días como en cascada. Como chorro de un estercolero.
El más reciente de los empresarios mineros canadienses de Sinaloa, que aparte de que les roban millones de dólares en oro, aceptan que tienen que pedir permiso para trabajar a los cárteles de ese estado.
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Y el gobernador de ese estado, dizque ni enterado.
Y el del director de CONAGUA, renunciado sólo cuando la presión de los medios lo acorraló por usar como combi el helicóptero de su dependencia.
O el caso de los 15 policías emboscados y asesinados en Jalisco, obra de otro cártel.
Y así nos dicen que el país ya está en paz, que estamos en un edén.
Y nos pide el presidente reconocer las buenas noticias. Que las tenemos frente a la nariz y no las queremos reconocer…¡qué ingratos!
¿Qué otros referentes sobresalientes tenemos? Las novedosas, imaginativas, limpias y transparentes campañas de los multicandidatos partidarios. La entrega de miles de televisores para domesticar más a las masas.
Los vacíos de poder y ausencia de estado de derechos en Oaxaca y Guerrero. Las hordas salvajes de sedicentes maestros y estudiantes que vandalizan frente al silencio impotente, irresponsable y cómplice de autoridades estatales y federales.
La fidelidad canina del Instituto Nacional Electoral a su función de salvaguarda del orden establecido. Su papel de censor y vigilante de las buenas conciencias que elimina la propaganda crítica a los partidos o a Televisa.
¿Si en tiempos de campañas no se critican los abusos, vicios, lastres y simulaciones de partidos, dirigentes y candidatos, cuándo es el momento oportuno? ¿Quién tiene el reloj que marca la hora de la oportunidad..?
No señores. El país es como es y no como desearíamos que fuera. Así está y así lo tienen secuestrado. Este es el lamentable México que han “construido” y, todos, hemos dejado deshacer.
Los vicios, abusos, yerros e intereses tienen que exponerse y denunciarse todos los días.
El silencio contemplativo no beneficia a nadie.
Mucho menos fijarnos sólo en ese país de maravilla que nos dibuja el presidente y su gabinete, con derroche y ostentación de la familia y los viajecitos de Korenfeld con cargo al bolsillo de los mexicanos.
Es evidente que el país está sujeto por una pinza que sujeta y exprime. Por una lado los medios orquestados por el poder dominante y llevando la batuta Televisa. Por el otro los partidos, una camisa de fuerza que impide todo cambio fuera de las reglas de ese orden divino que asfixia y condena todo aquello que no provenga de ellos y amenace el statu quo.
Pero esto no es eterno. Nada lo es. Cada vez más mexicanos toman conciencia de esta realidad, su realidad. La sociedad, toda sociedad es impredecible. Las aguas mansas de la superficie no revelan las turbulencias del fondo.
Cuando no existe el camino, tiene que hacerse. Y la gente de este país lo sabe, así ha sido en la historia.