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OPINIÓN

¿Quién desmiente al Papa...?

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Marzo 2, 2015

El Papa Francisco advirtió a sus paisanos argentinos sobre el riesgo de que esa nación se pueda “mexicanizar”. Y el comentario papal levanta en México una tolvanera. Suscita incomodidad sobre todo en la cúpula del poder. La reacción, no obstante, fue tibia. Una nota diplomática de aquí cerró el tema.

El Vaticano también reculó un poco, sin desdecir lo difundido, sólo matizando términos.

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Sin embargo, es bueno diseccionar los componentes de este hecho y acercar la lupa a los protagonistas. Poner en la balanza dichos y hechos y obtener conclusiones.

¿Es la del Papa la voz de dios? No. Hoy más que  nunca los tiempos lo ubican como un hombre común. Investido de un enorme poder social, es cierto, más no infalible. El mito de la infalibilidad del Papa él mismo se ha encargado de derrumbarlo. ¿No hace poco dijo: “y quién soy yo para juzgar a los homosexuales?”.

Y casi a diario ofrece muestras de comentarios sabios, críticos, y  sobre todo autocríticos, y deja sapientes reflexiones a quien tenga la sensibilidad de oírlo o leerlo, sean o no creyentes sus observadores.

¿Miente el Papa?. Claro, puede mentir. No es este el caso. El Papa ha hecho una afirmación que entraña una cruda descripción de lo que sucede a México. Una descomposición polifacética. La hegemonía de la violencia, la impunidad, la corrupción, la desigualdad y la injusticia es evidente en  una gran extensión del país.

Lo sabemos, nos lo reiteran los hechos todos los días, lo prueban las encuestas y los índices que comparan a nuestra nación con el resto del mundo. Sería hipócrita negarlo. Es cinismo, desde el poder, admitirlo a regañadientes y no hacer nada para que esto cambie.

Duele que voces relevantes de fuera del país lo pongan de relieve y en letras de molde. Pero no se puede desmentir. Esto es lo real.

El Papa sabe y aquí lo sabemos, que eso que él llama “mexicanización” comprende un fenómeno complejo que envuelve en la incertidumbre al país. Y no existen argumentos para contradecirlo. De haberlos, el gobierno estaría en obligación de hacerlo. Y la sociedad mexicana en la opción de refrendar lo dicho por su gobierno. No hay tal.

El Papa, por otra parte, desprovisto por sí mismo de una personalidad deífica, y hablando sólo como líder social y espiritual con  un importante peso en el mundo, tiene una innegable autoridad moral para expresarse así. Y eso, digámoslo como es, no lo tiene el gobierno mexicano, preso de sus contradicciones enraizadas en la corrupción y la mentira.

Esta diferencia muestra un terrible desequilibrio en la balanza.

Si se juzga lo dicho por el Papa como una imprudencia contraria y distante  de las formas diplomáticas que se imponen a un jefe de estado, es factible que sea cierto, transgredió esos protocolos.

 Pero aún admitiendo una falta en tales terrenos, ¿quién y con qué autoridad moral y política puede llamarle mentiroso o entrometido? Pero sobre todo, ¿con qué argumentos alguien le dice que no es cierto su juicio?

Por otro lado, también hay que decir que el Papa es una figura pública y como tal sujeto a la crítica. Nadie niega la enorme estatura moral  que tiene y agiganta cada día, sobre todo en sus audaces afanes por remover las viciadas estructuras del catolicismo y sus carcomidas columnas vaticanas particularmente.

Sus actos y aseveraciones, su gobierno todo, -como todo poder humano- está  sometido a la observación y juicio todos los días. Nada lo exime de la evaluación social hoy y mañana. Es la condición del poder. Y él es un jefe de Estado, ni más, ni menos.

Así,  carga el Papa con el peso  de sus acciones y  omisiones. Y la sombra de un severo enjuiciamiento con el correr de los días lo acompañará siempre. Hoy camina con un decoro poco cuestionable, y esto subraya la calidad de sus juicios.

Puede no ser así mañana.

Hoy por hoy habla con verdad. Duele lo que afirma, por la sencilla razón de que es cierto. Punto.

Años luz separan la calidad del Papa de la que tiene el gobierno mexicano.

Esta es la cruda realidad.

xgt49@yahoo.com.mx

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