El bien aún existe y tenemos que defenderlo
Samsagaz Gamyi. El Sr de los anillos
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A lo largo de la historia pensadores y líderes pertenecientes a corrientes de pensamiento humanista se han encargado de impulsar transiciones democráticas, fundar instituciones defensoras de los derechos humanos, redactar e implementar leyes que protejan a la persona en sus diferentes aspectos y dimensiones, incitado la firma de acuerdos económicos y de paz importantes entre diferentes naciones y muchas otras cosas más de gran valía para el mejoramiento de los individuos que conformamos la humanidad.
Tristemente también se ha utilizado el término humanismo como falsa bandera de quienes únicamente lo ven como una herramienta de mercadotecnia social para acercar adeptos a planes políticos, que persiguen intereses personales o grupales no necesariamente éticos. De repente pareciera que se ha caído en la relativización del humanismo, en la que cada quien defiende una causa o idea diciendo que ésta es digna de ser llamada humanista.
De hecho ha habido quienes (muy probablemente los seguirá habiendo), sin tener causas o ideas (esto no es sinónimo de falta de astucia o inteligencia), aseguran defender el humanismo y trabajar para favorecerlo en la medida de lo posible, única y esencialmente para captar la atención y apoyo de personas que consideran ignorantes y que por lo mismo suponen que no será necesario explicarles o darles detalles de absolutamente nada.
La riqueza epistemológica que posee el humanismo lo hace complicado de entender a profundidad, pero no imposible. Esta misma riqueza da la posibilidad de ejecutar grandes debates (grandes por el intercambio de razonamientos lógicos argumentativos, no por la masificación de gente alrededor de estos) para definir tomas de decisiones a la luz del humanismo. No obstante existen amplias posibilidades de entender el criterio del humanismo de forma integral, incluso hay posibilidades de difundirlo entre la sociedad para que lo entienda y asimile. Esto no lo veo únicamente como posibilidad, sino como una responsabilidad cívica.
Como todos saben, o deberían saber, el 6 de junio de este año elegiremos a quienes deben fungir como nuestros representantes en el Congreso de la Unión. En ese sentido, mi más profunda recomendación siempre ha sido salir a votar de forma razonada y consiente. Esto implica conocer la trayectoria política, social y en su caso empresarial de los candidatos para poder analizar si su discurso es digno de tener credibilidad de acuerdo a lo que han hecho en el pasado. Además, es sumamente importante buscar que los futuros diputados se comprometan a legislar sosteniendo la primacía de las personas sobre los bienes materiales y de la ética sobre la maniobra política, es decir que legislen de forma humanista.
Aquellos que serán diputados federales a partir de septiembre de este año deberán generar un pacto previo con la ciudadanía en el que se comprometan a entregar resultados de su trabajo, en los que la libertad y la justicia sean complementarios y se acompañen, en lugar de ser antagónicos uno del otro.
Como ciudadanos debemos comprometernos a votar y hacerlo por aquellos que valgan la pena, y para ello es necesario definir quién sí y quién no vale la pena y por qué. Aquel candidato que no se aparezca de frente a la ciudadanía, definitivamente no tiene la intención de representarla, por lo tanto no valdrá la pena.
Aquel candidato que no sea capaz de generar compromisos claros y bien definidos con causas nobles como la vida, la justicia, la paz, la libertad de pensamiento, la familia, el estado laico incluyente, el respeto de los derechos humanos, la educación de calidad, entonces no es digno de apoyar.
Aquel candidato que no sea capaz de demostrar que defenderá los intereses comunes de la ciudadanía en lugar de los suyos propios o de su fuerza política, no es merecedor de apoyo.
Como ciudadanos responsables debemos buscar confrontar, respetuosamente, pero a final de cuentas confrontar a los candidatos, buscar que ellos escuchen y entiendan las problemáticas sociales y aún más importante que den alternativas claras ante tales dificultades. Aquellos que no se dejen confrontar hoy, menos lo van a hacer en el futuro desde su curul. Aquellos que solo escuchen, asientan la cabeza y no respondan con claridad, sólo estarán haciendo un ejercicio de simulación, de la misma forma lo harán como diputados.
Definitivamente no debemos dejar de lado la importancia de hacerles saber a los candidatos que en los próximos tres años estaremos al tanto de que cumplan con lo que se comprometieron, en lugar de utilizar su posición para otros fines que difieran con sus responsabilidades constitucionales.
Hagamos ciudadanía responsable, dejemos atrás el paradigma que indica que la política es únicamente la lucha y la estrategia por la búsqueda de poder, la política recae también en la ciudadanía y ésta debe exigir ser parte de la toma de decisiones.