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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Juventud y política?

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Alejandro García Huerta

Pasante de Lic. en Relaciones Internacionales, capacitador nacional del PAN, candidato a Secretario Municipal  Juvenil de Acción Juvenil en Puebla Capital.

Miércoles, Octubre 29, 2014

A mis quince años entendí que todas las quejas y opiniones negativas que tenía del gobierno y de la política en general eran inútiles. Entendí que algún insulto que dirigiera a cualquier político corrupto e incongruente simplemente se convertía en una frustración personal que no servía de absolutamente nada.

Por algún momento pensé incluso que no había esperanza, que nada se podía hacer por mejorar la actitud y la honorabilidad de la clase política y que por lo tanto estábamos fritos pues nos iban a seguir marginando.

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De forma coincidente conocí, gracias al internet, un gobierno local de Colombia que estaba cambiando la realidad social. Medellín fue considerado por muchos años como una de las ciudades más violentas del mundo, pero su alcalde Sergio Fajardo estaba demostrando que la esperanza no debía morir por ningún motivo, pues a través de diferentes políticas públicas estaba cambiando de historia de su ciudad.

Entonces pensé: “si en Colombia se puede, en México también” y así surgió el ánimo y la convicción de pasar de la queja a la acción y de pasar del insulto a la propuesta.

Hoy a mis veinticuatro años estoy claramente convencido de que se debe entender a la juventud, muy independientemente de lo que diga el diccionario, de dos diferentes maneras:

Como la etapa de la vida en la que se forja el carácter con el que la persona se enfrentará a las diferentes situaciones por el resto de su vida, es decir, si el joven es un holgazán apático, muy probablemente lo será para siempre. No buscará emprender, se limitará a seguir indicaciones, no tendrá iniciativa propia, normalmente echará la culpa de sus fayas a otros haciéndose la víctima y por lo tanto difícilmente tendrá algún logro digno de reconocimiento en su vida.

 Si por el contrario, el joven es activo y en lugar de pretextos siempre busca alternativas para hacer las cosas, ya sea por obedecer o por iniciativa propia, estaremos hablando de un adulto exitoso, que emprende, que lucha, que lidera y que sí hace frente a los retos que le presenta la vida.

Como una actitud ante la vida que le da dinamismo a la persona, esto sin discriminar edades. Seguramente habrás escuchado que hay adultos con espíritu joven y que a la inversa hay jóvenes con un espíritu anciano. Bueno, pues a eso me refiero. No debemos perder nunca la jovialidad en nuestra vida, sin que importe en lo más mínimo cuántas arrugas tengamos en el rostro.

Cuando de política se trata, algunos retrogradas tiene la rotundamente errada idea de que el idealismo y las buenas intenciones se van a la basura una vez que se presenta el signo de pesos en la actividad realizada, en otras palabras: según ellos, esa bondad se va a la tumba de la mano del voluntarismo. Y peor aún, tienen la absurda creencia de que aquel que mantenga firmes sus convicciones y conserve a la honestidad como criterio en la toma de decisiones está destinado al fracaso político.

Tengo que ser muy honesto, efectivamente la actividad política tiene de forma intrínseca ciertas tentaciones que dificultan bastante  ser una persona íntegra, pero no es imposible superar esas incitaciones a lo indecoroso. Te preguntarás “ajá y ¿quién lo ha logrado?” puedo dar varios ejemplos, pero me limitaré a seis: Konrad Adenauer, Luis H. Álvarez, Robert Schuman, Manuel J. Clouthier, Robert Kennedy y Manuel Gómez Morín. Ahora bien ¿Es difícil ser congruente en la política? ¡Claro, es muy difícil! Pero lo más importante es que sí es posible. Por favor, que el idealismo de los jóvenes no muera nunca.

Seamos realistas, hoy en día los políticos honestos (independientemente de su edad) son a todas luces minoría. Pareciera que quienes practican la honestidad en el servicio público se infiltraron de alguna forma y están haciendo grandes esfuerzos, pero con ello será más que complicado lograr los colosales cambios inexcusables para el desarrollo de la Nación.

Para que esos cambios sean una realidad debemos prepara un “ejército” de mujeres y hombres que amen profundamente a su patria y que ese amor los oriente a buscar una ardua y especializada preparación académica y que juntos logren el relevo generacional del que siempre se habla pero nunca se hace en la política mexicana. En definitiva México está urgido de más juventud en la política para transformar la sociedad.

En conclusión: es necesario, incluso urgente, mejorar la participación política de la juventud en Puebla, en México y en mundo entero. Es forzoso empoderar poco a poco a jóvenes que estén bien preparados y que además cuenten con convicciones éticas, bien arraigadas, que se conviertan a su vez en políticos congruente y capaces y que su testimonio sirva para dignificar la labor política. De eso pretendo hablar en la próxima ocasión.

* El autor es pasante de la licenciatura en Relaciones Internacionales por la UPAEP, es capacitador nacional en el PAN y compite por la Secretaría Municipal de Acción juvenil en Puebla.

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