El costo habitual en la reparación de un auto puede llegar hasta los 4 mil pesos, considerando un daño mayor, eso sin tomar en cuenta la salud de los pasajeros que lamentablemente puede deteriorarse, además de que los daños no son visibles al corto plazo.
Ejemplo de ello son las afecciones de cuello, esquinces cervicales, traumatismo dorsal y lumbral y aun peor daños en las extremidades inferiores semejantes a las de un impacto entre vehículos. Considerando que el daño es a consecuencia del clásico latigazo por un frenado repentino y una abrupta caída; este daño también tiene un costo y va desde incapacidades de 3 a 8 semanas, lo cual repercute a nivel laboral, así como toma de radiografías, inmovilizaciones o moretones por efecto de un golpe o laceraciones.
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Un monto menor corresponde a los 400 pesos por el pago medicamentos o desinflamatorios.
Sin embargo, en el auto también vale la pena verificar qué se está gastando, más en este mes en el que creo se entona más el grito, pero en cuatro llantas:
Y es que todo comienza por el desajuste del tren motriz, el desgaste continuo de los soportes de motor y amortiguadores, y aun peor una o dos llantas, donde lo menos sería un “chipote” (burbuja en la pared) o desgarre de las huella de la llanta por la fatídica caída en el bache.
Pero eso no es todo, también se puede afectar la forma mecánica del vehículo, ya que el constate frenado desgasta las pastas de las balatas. Por este concepto puede existir un gasto de al menos 3 mil pesos, al cual puede aunársele la inminente caída a las rótulas que van de la mano de una alineación de las ruedas.
Así que las perdidas pueden llegar a ser tan materiales por una falta de cultura y prevención de las avenidas o también por la mala actividad de la ciudadanía respecto a la conservación de las vías.
¿Y cómo se puede contribuir?
Fundamentalmente, teniendo limpias las calles y avenidas, no dejando piedras y objetos grandes en las autopistas, ya que estas dos acciones pueden incrementar el daño por el paso de un auto o vehículo pesado, lo que deteriora la superficie y a su vez inicia la propagación de un pequeño punto de ruptura que en el futuro continuará con lo que será un verdadero problema de tránsito vial.
La conservación de las vías es una responsabilidad de todos, ya que aunado a la basura, se debe de identificar un cause por donde puedan circular de forma efectiva las corrientes de agua, que en época de lluvias son las que debilitan la carpeta de asfalto y/o cemento hidráulico. Así que a poner el granito de arena para que al final el efecto de tener una calle limpia y en buenas condiciones hable más por los que la transitan y refleje bienestar.
¿Pero si el ciudadano conserva, por qué no demanda?
Finalmente, expresar lo que percibimos de nuestro entorno representa un acto cívico, así como el poder dejar constancia de las zonas dañadas con más frecuencia o donde se encuentran los lugares más afectados. Esto puede servir para dos condicionantes importantes: contar con la información sobre dónde se ubican los daños o baches (oportunidad para hacer aplicaciones viales), y otra mejor, documentar y tener estadísticas. Debido a que cada entidad cuenta con una Secretaria de Desarrollo urbano y obra pública es posible que cada petición o reclamo tome su rumbo en tiempo y forma para que se haga la reparación.
Porque si no se pide, no se da y si no se demanda no se ejecuta.
Es la razón por la cual cada vez que se tenga el infortunio de caer en un bache o “cráter” que la suerte le depare es importante denunciar, pero con acción.
Así que a documentar, porque la herramienta más certera será una fotografía del lugar y el daño, un correo y por qué no adjuntar una descripción de voz del propietario, comentando brevemente los hechos, considerando hora y fecha (tomando en cuenta el artículo 11 del reglamento de la ley de responsabilidad patrimonial)
La temporada de lluvias continúa, pero lo que no se inicia es la iniciativa de la solicitud.