Podríamos decir que es curiosa la vida del país, si no tuviera dimensiones de tragedia.
Actores por doquier dirigen y mandan. Un gigantesco escenario de cinismo es el telón de fondo.
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Los que mandan no tienen compromiso alguno con la nación. Ven a esta como una legión de súbditos domesticada por buena parte de los medios. Unas porciones de la sociedad están formadas claramente por esclavos que a nadie importan.
A este segmento de la sociedad, millones de marginados en la pobreza y pobreza extrema, los tranquilizan con programas asistenciales, mendrugos del banquete cupular.
En el gran teatro de la simulación, todos desempeñan naturalmente su papel.
La educación, que debiera ser motor del cambio y desarrollo, es una porqueriza. Denuncias van y vienen sobre la podredumbre y las redes que la controlan, y nada cambia.
Todo se queda en las páginas de algunos diarios, revistas y noticiarios.
Las revelaciones sobre corruptelas y trafiques, riqueza, sueldos millonarios y complicidades ahí se quedan, nadie las toca. La reforma sólo quedó en la superficie. Forma una nata escasamente laboral, no educativa, no transformadora.
Pequeños ajustes, saldo de cuentas, la ladrona mayor presa como escarmiento. Un tiempo solamente, carne para los leones.
Cuando la atención del público se enfoca hacia un tema purulento, como la economía que no avanza o las fallidas reformas económica, energética o de telecomunicaciones, abruptamente aparece un distractor más escandaloso: los suelos de los magistrados del Tribunal Electoral.
Otra faceta del cáncer maldito que se nutre insaciable de los recursos públicos.
Una cáfila dorada de burócratas, que ganan sumas fantásticas y se adjudican prestaciones, premios, bonos y retiros como si fueran piezas vitales para producir una democracia ejemplar en este país de cuarta.
Cierto, ellos no construyen una democracia ejemplar e impoluta que rechina de limpio, pero ellos sí la sancionan, la bendicen, la tutelan y la confeccionan al gusto del cliente más poderoso aún.
Frente al poder de estas costras omnipotentes y autoritarias, custodias de la ley y la justicia si de gestar el poder se trata, no hay sociedad que razón tenga. Todo reclamo es exorcizado y con mil subterfugios desechado, sepultado.
Una pieza más de este tinglado es la elección de gerente de un partido opositor. El PAN, con unos cuantos miles de seguidores “elige” a su presidente, y exhibe y se exhibe con una cifra de votos ridícula en un país con millones de votantes; su elección ni siquiera alcanza la cifra que la ley exige para el registro de un nuevo partido.
A ese teatro le llaman democracia, cuando sus dos competidores finalistas se acusan mutuamente de competir para mejor servir al presidente de la república. Cuando ambos han dejado un escenario y camino lleno de malolientes huellas de corrupción, trafique de comisiones por obras, presupuestos y permisos para operar casinos.
Eso que llaman “moches” (práctica para nada exclusiva de ese partido) es el mejor trofeo de los mochos.
Y ellos se erigen abanderados de la ley, de la honestidad, de la decencia.
Madero y Cordero, riñen por ver quien se inclina mejor ante el presidente.
Y si se ve en perspectiva el mapa del país, los manchones de sangre forman otra geografía roja incontenible, la violencia del narcotráfico y las bandas satelitales pintan a diario la cara del país.
La marea roja del calderonismo tiene una continuidad irrefrenable en el nuevo sexenio.
El economista Roberto Newell (“Reforma” 22/mayo/2014) nos ofrece un análisis brutal de la situación real del país en el mundo, que no admite réplica.
La empresa East-West Comunications Co., “con un método sencillo pero poderoso, con datos duros, vía computadora, revisa miles de publicaciones periódicas de todo el mundo. Evalúa si el contenido de cada artículos en relación con un país es positivo o negativo.”
Califican del cero al 100. En cero, todos los artículos tendrían que ser negativos, en 100, todos positivos. Califica a todos los países miembros de la ONU. Sitúan a México, en cuanto a su reputación en el mundo, en el lugar 192. Sólo 8 países salen peor evaluados que México, entre los que figuran Afganistán, Somalia y Yemen. ¡Corea del Norte y Venezuela aparecen mejor calificados que México..!
Esta es la realidad, lo demás es teatro.