El azar es veleidoso, caprichoso, no necesariamente malo. Lo lleva a uno con mano invisible a lugares insospechados, no necesariamente ingratos.
Hace 152 años, el fuerte de Loreto era presa de terror. Vomitaba fuego de cañones al invasor francés. Y recibía también fuego enemigo que hacía retumbar sus gruesos muros. Eso ocurría en 1862.
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Ciento cincuenta y dos años después, ahora, ésta, la noche del domingo 4 de mayo de 2014, un puñado de poblanos, doscientos, trescientos, no sé, disfrutábamos en el mismo sitio un concierto maravilloso.
Los cañones se trocaron dulces violines. Las otrora piezas de artillería mortífera, eran hoy flautines, flautas, oboes, cornos, clarinetes, violas, fagotes, trompetas, trombones y contrabajos.
Las órdenes no partían de generales ni la hegemonía era de estruendo.
Hoy, la armonía de los instrumentos y bellísimas voces de niños, adolescentes y mayores, deleitaba bajo la batuta de dos estupendos directores. Hoy no era la guerra, era el placer, el gusto, el arte, el disfrute de los sentidos en un escenario majestuoso.
Era el Concierto de Gala por el 152 Aniversario de la Batalla de Puebla. Una concurrencia popular, plural, no de estirados ni selectos. El Ensamble Sinfónico 5 de Mayo ofreció un programa muy bien seleccionado.
Las marchas Otlaltepec y Zaragoza. El componente marcial era imprescindible. Mi Luz Tricolor, un himno a la Batalla del 5 de Mayo. Luego vino la Fantasía Orquestal sobre Jesusita en Chihuahua (entre paréntesis, yo siempre me he preguntado quién sería esa tal Chuchita norteña, ¿acaso parienta de aquella otra inmortalizada Jesusita a quien todos citan cuando dicen que “a Chuchita la bolsearon”?, vaya usted a saber…)
Especial impacto causó entre el público la composición Así es Mi Tierra, donde el enorme coro lució con admirable profesionalismo. El componente sentimental de la canción es irresistible, con su melancolía, su sabor nacionalista y provinciano, las voces de alondra de las chiquillas del coro…
“Así es mi tierra/ morenita y luminosa/ así es mi tierra/ tiene el alma hecha de amor/ así es mi tierra/ abundante y generosa/ ¡ay! tierra mía/ cómo es grato tu calor. Así es mi tierra/ tiene el pecho adolorido/ así es mi tierra/ disimula su dolor/ así es mi tierra/ sufre amor y canta olvido/ ¡ay! tierra mía/ cómo es grato tu calor…”
(Me hizo recordar a Tierra de Mis Amores, de Jesús Elizarrarás; o la Cancíon Mixteca, y hasta la argentina Paisajes de Catamarca) Sí pegó, claro que pegó…
Máxime cuando el director Joaquín Borges comentó al público que Ignacio Fernández Esperón, “Tata” Nacho, se la dedicó a su señora madre, quien era originaria de Puebla. Y sí, doña Piedad Esperón, quien tocaba el piano, fue quien incubó en su hijo el placer por la música. Y le decían “Tata”, por cierto, porque de chiquillo, en un accidente infantil perdió toda la dentadura, y sus amigos le hacían burla porque hablaba como viejito, como “tata”; autor de más de 200 composiciones.
Vinieron luego los Danzones de Lara (y aquí más de uno echaron manos a sus fierros como queriendo…bailar, como dice el corrido), un arreglo del propio maestro Borges; Guadalajara, la Obertura 1812, y Qué Chulo es Puebla.
La analogía de la derrota francesa en 1862 aquí en Puebla, y la victoria pírrica de las tropas de Napoleón, en 1812, con más de cien mil muertos al encontrar Moscú en llamas y regresar diezmados a Francia derrotados por el invierno, no pudo ser más afortunada en la integración del programa de esta noche.
Los artistas en escena, de la mejor calidad. Me impresionó la juventud del otro director que alternó con el maestro Borges, David Pérez Olmedo, dueño, además, de un carisma que conecta a la perfección con los músicos y con el público.
La personalidad de los músicos siempre me ha parecido la encarnación del genio que está entre una deidad y los silvestres terrícolas. Sus miradas, sus rasgos, sus gestos, sus cabelleras, el bigote y la barba, el tipo de anteojos, la mística de la mirada clavada en las par tichelas, la concentración en su arte, sus actitudes casi de posesos. Los veo a veces con rasgos de santidad, como oficiantes de un placer sobre humano…
Se admira aquí, también, la sabia entreveración de generaciones.
En la Obertura 1812 se contó asimismo, con un grupo de personajes del carnaval de Huejotzingo, ataviados con sus elegantes y vistosos trajes y claro, sus mosquetones, que hicieron las veces de cañones, con efectos muy bien logrados.
El concierto fue organizado conjuntamente por el Gobierno Estatal y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. El gobernador no asistió. En la primera fila el rector Alfonso Esparza Ortíz, con presencia discreta, del modo preciso en que la discreción se torna en elegancia y respeto republicano. Atrás quedó el rectorado protagónico y hueco.
Un acierto el concierto. El azar fue más que benévolo para mí la noche del domingo.
La noche en que los cañones se trocaron en violines.