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El altar mide 3.5 m de altura y forma parte de la devoción familiar para honrar el primer aniversario de su fallecimiento
Ofrenda en Huaquechula
Foto: Samadhi Ortíz
En Huaquechula, Puebla, los altares monumentales continúan siendo un símbolo de respeto, tradición y memoria para los difuntos. Este año, Narcisa Téllez Bustos, originaria de Guerrero y residente del municipio desde hace 35 años, dedicó un impresionante altar de muertos a Hugo Gracia Caballero, quien falleció a los 61 años.
Con lágrimas en los ojos, recuerda cómo el gran amor de su vida se desvaneció víctima de un infarto. La ofrenda, de tres niveles, alcanzó 3.5 metros de altura con una base de 7 por 3 metros, convirtiéndose en un verdadero homenaje a su vida y legado.
El altar fue elaborado con apoyo total de la familia y tuvo un costo aproximado de 80 mil pesos, financiado también con la venta de la cosecha que Hugo dejó antes de morir, ya que él era campesino y amaba trabajar la tierra.
Cada detalle refleja la vida del difunto: agricultor creativo y trabajador incansable, amante del campo, de montar a caballo y de su camioneta Nissan, que aparece en la ofrenda como recordatorio de su pasión por la tierra.
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El diseño del altar combinó ángeles, arcángeles y serafines, doce en total, cada uno representando un mes del año y la presencia de los dolientes. Además, los “lloroncitos” azules simbolizan a sus hijos varones, Víctor y Hugo, quienes compartieron con él los momentos de tristeza y alegría. En el centro, la fotografía del difunto reflejada en un espejo expresa respeto y la creencia de que el alma debe ser honrada desde la reflexión.
Narcisa destacó que su esposo era muy devoto de la Virgen de Guadalupe, por lo que la imagen de la patrona se encuentra en el altar, coronada por una cruz que simboliza el tránsito del alma desde la tierra hacia la divinidad. Las flores amarillas representan la tierra, las moradas el luto y las blancas la gloria, ofreciendo un espectáculo visual lleno de color y simbolismo religioso.
Cada nivel del altar tiene un significado particular: el primero representa la vida terrenal de Hugo, el segundo la transición entre la tierra y el cielo —también considerado purgatorio— y el tercero la máxima divinidad donde se encuentra Dios. Narcisa señaló que, a pesar de que algunos altares cuentan con siete niveles, optó por tres debido al espacio disponible en su hogar y para asegurar que los visitantes pudieran circular con facilidad.
La elaboración de cada angelito y del marco que sostiene la fotografía fue un proceso artesanal de once meses, realizado casi en su totalidad por Narcisa, quien bordó y tejió cada elemento con dedicación. La ofrenda doble vista permitió apreciar la complejidad de los detalles desde distintos ángulos, y se complementó con pequeños caballos de juguete, representando la huerta que Hugo cultivaba y su amor por el campo.
Más allá de la devoción y el simbolismo, la ofrenda es un homenaje emocional que permitió a Narcisa rememorar momentos felices junto a su esposo. Cada tejido, cada figura y cada flor evocó recuerdos de la vida compartida y la dedicación de Hugo a su familia, reflejando la conexión profunda que mantenían. La ofrenda también prepara el hogar para recibirlo el 1 de noviembre, en cumplimiento de la tradición de honrar a los difuntos.
Para Narcisa, mantener viva esta tradición es un acto de amor y memoria. “Es un orgullo y un honor hacer este altar; representa todo lo que viví con él, cada alegría y cada momento en el campo. Es mi manera de que su espíritu siga presente”, concluyó. Así, el altar monumental de Huaquechula mantiene viva la riqueza cultural y religiosa del municipio, que este año presenta 34 altares monumentales como parte de su tradición del Día de Muertos. (KR)