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Entre volcanes, San Andrés Calpan produce vino con identidad

A decir de productores, Puebla fue entidad pionera en la siembra de vid en tiempos de la conquista; hoy buscan rescatar la herencia

Entre volcanes, San Andrés Calpan produce vino con identidad

Foto: Rocío Carbente

En las faldas del Popocatépetl, entre campos de cultivo y caminos de terracería de San Andrés Calpan, Puebla crecen las uvas que dan origen al vino poblano.

Esta región, conocida tradicionalmente por la producción de manzana, tejocote y durazno, se ha convertido en un punto inesperado para el desarrollo de la viticultura en México.

La historia se remonta a tiempos de la Colonia, cuando a decir de productores, Puebla fue el primer lugar de América Latina donde se sembró vid. Con el paso de los siglos, el cultivo fue limitado por la Corona española, permitiéndose solo en monasterios.

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Hoy se busca recuperar esa herencia con viñedos que combinan técnica, pasión y condiciones naturales únicas.

Marcos Pablo Mier, responsable del viñedo Entreerres, explica que las condiciones climáticas de esta zona son un tesoro para el vino.

“Tenemos sol, lluvia, frío, a veces todo en un solo día. Ese estrés natural le da carácter a la uva”, comenta.

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En estos campos crecen variedades como Pinot Noir y Syrah, adaptadas a los microclimas que van desde San Nicolás de los Ranchos hasta Santa Rita Tlahuapan.

La vid no da frutos aptos para vino en sus primeros años. Durante los primeros tres, la planta se fortalece. A partir del cuarto año comienza a producir, pero es entre los 12 y 13 años cuando alcanza su mejor calidad.

Una vid bien cuidada puede vivir más de 150 años

Actualmente, en este mes de junio, las uvas se encuentran fase de cambio de color: de verdes a moradas, señal de que la cosecha se acerca.

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En agosto, cuando el nivel de azúcar es el ideal, se inicia la vendimia. La vinificación se realiza en la ciudad de Puebla, donde se decide cuánto tiempo fermentar, si pasará por barricas y qué perfil tendrá cada botella.

Algunos vinos reposan durante seis meses, otros por más de un año.

Aunque el camino no ha sido fácil, el vino en Puebla crece gracias a la perseverancia de quienes lo producen.

Según testimonio de Marcos, no cuentan con apoyos institucionales suficientes pero sí con una idea clara: enseñar a la gente a disfrutar el vino, no desde la técnica, sino desde el gusto.

“Queremos que las personas lo descubran por sí mismas, a través de la cata”.

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Para quienes trabajan la tierra y cultivan la vid, el vino no es solo una bebida. Es historia, naturaleza y cultura embotellada.

En cada copa, hay una parte del volcán, del clima y del esfuerzo humano. Calpan no solo produce vino: cultiva una nueva identidad poblana. (RC)

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