La organización Reinserta reveló en un informe que aproximadamente 30 mil menores de entre 12 y 15 años han sido captados e integrados a la delincuencia en México.

En su estudio “Niñas, niños y adolescentes reclutados por la delincuencia organizada” recopila 67 testimonios de infantes reclutados por el narcotráfico.

Las entidades elegidas para este estudio fueron siete: Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas (zona norte); Estado de México y Guerrero (zona centro); Oaxaca y Quintana Roo (zona sur).

De acuerdo con la investigación, la edad promedio de involucramiento de los menores en la delincuencia organizada es de 12 a 15 años, debido a diversos motivos que dependen de las condiciones de la zona, siendo el norte la mejor pagada y con mayores niveles de violencia, así como altos estándares de adiestramiento en Tamaulipas y Coahuila.

La vinculación al crimen organizado se da por dos formas: invitación por parte de amigos e iniciativa propia para ingresar a la delincuencia organizada, lo cual revela que los menores fungen como reclutadores, mientras que el reclutamiento forzado es la modalidad de menor frecuencia.

No obstante, la tortura está presente en las tres zonas, lo cual propicia mayor vulnerabilidad a que la autoridad se vuelva participe en violación de derechos humanos.

La investigación también identificó cuatro factores importantes para el reclutamiento de menores de edad: familiar y psicológico, educativosocial y cultural.

En el primer factor se encontró que el abandono por ausencia física, negligencia e inestabilidad promueven el ingreso a la delincuencia organizada.

Aunado a esto, la familia es el espacio en el que la violencia es mayor, esto repercute directamente en la salud mental de niñas, niños y adolescentes convirtiéndose en un factor crucial para evitar su vinculación con los grupos criminales.

En cuanto al ámbito educativo, la mayoría de los menores reclutados renuncian a sus estudios antes de ingresar a la delincuencia organizada teniendo como grado máximo de estudios la primaria.

Además, niñas, niños y adolescentes son reclutados en espacios rurales y urbanos donde la violencia comunitaria está normalizada e incluso es un medio de interacción.

 

Con información de Milenio