Hace aproximadamente 80 años, para ser más precisos, en la década de 1940 el matrimonio conformado por Jesús Michel González y Elvira Velasco Rolón decidieron cerrar la empresa que tenían en San Marcos, Jalisco, y emprender una aventura en un nuevo negocio.

La pareja, que tenía 13 hijos que mantener, recomenzó su negocio familiar en Guadalajara produciendo pastillas perfumadas, pero al principio no vendían mucho, por lo que se vieron en la necesidad de intentar con otros productos como paltas de malvavisco y caramelos en forma de guitarra.

Los productos que ellos elaboraban los vendían en tiendas locales y una década después la familia inició la producción del mazapán.

Jesús Michel sabía cómo se producía el mazapán de almendra, pero como esa semilla era muy cara modificaron la fórmula y usaron cacahuates.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Etiqueta a la persona con quien compartirias tu Dulce de la Rosa favorito. #DLR #Mazapán

Una publicación compartida por Dulces De La Rosa (@dulcesdelarosadlr) el

 

“Esa receta la heredó a la familia”, relata el hoy director y socio de Dulces de la Rosa, Enrique Michel Velasco.

 “Sólo nosotros podemos hacer ese sabor. Somos cuatro hermanos de la familia los que tenemos esa receta; nadie más”, explicó.

Michel Velasco relata que en ese tiempo el mazapán se producía en cazos de cobre, en pequeñas viviendas adaptadas como talleres. La golosina, al final, se envolvía a mano y se distribuía de tienda en tienda.

“Al principio, los mazapanes se producían en esos talleres; teníamos más de 25 en Guadalajara y en ellos trabajaban unas 10 personas, en cada uno”, explica el empresario.

“A Tlajomulco llegamos en 1969. Aquí consolidamos varias líneas de producción. Llegamos acá porque el cura de Tlajomulco, Fabián Ramos, le pidió a mi papá que trajera talleres para dar empleo en el pueblo”, agregó.

Con ingresos anuales estimados en más de mil 300 millones de pesos (mdp), Michel explica que la clave para la prevalencia de sus emblemáticos mazapanes es que los márgenes de ganancia que obtiene por ellos son muy pequeños.

“La mayor parte de la ganancia de la venta de un mazapán es para quien lo vende”, comenta. “Nosotros no somos gente de gastar mucho; cuidamos el dinero. Eso es lo que ha hecho que la empresa crezca”.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No sabemos cuanto tiempo llevamos viendo este video, estamos hipnotizados con el Mazapán.

Una publicación compartida por Dulces De La Rosa (@dulcesdelarosadlr) el

 

Con información de Forbes

Foto Instagram / Dulces De La Rosa