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Abandona Medicina pero hace carrera al embalsamar a muertos

Uno de los principios con los que deben trabajar quienes se dedican a esta profesión es que no se puede juzgar la condición física o económica de quienes tienen frente la plancha

Abandona Medicina pero hace carrera al embalsamar a muertos

La casualidad llevó a Nancy Morales Cabrera a pasar de su gusto por la filosofía a convertirse en embalsamadora, profesión que desde hace 25 años desempeña y la cual calificó como un trabajo “digno y humano”.

Su cercanía con la muerte inició con su primer trabajo como vendedora de lotes en la agencia funeraria Valle de los Ángeles, al cual llegó por necesidad económica tras abandonar la carrera de Medicina en el séptimo semestre.

En entrevista con e-consulta previa al Día de Muertos, Morales Cabrera relató que su paso del área comercial a capacitarse como Técnica Histotecnóloga Embalsamadora se dio a través de una invitación que decidió no rechazar, y se trasladó a la Ciudad de México para recibir la formación en los velatorios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Tras recibir la formación en el manejo de cadáveres, las normas sanitarias y jurídicas que deben seguir los embalsamadores, regresó a la ciudad de Puebla para incorporarse al IMSS, lugar en el que permaneció por ocho años, y en el que –indicó- en promedio llegó a embalsamar 200 cuerpos al mes.

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“Me pasó algo curioso porque cuando viene a pedir trabajo en el velatorio del IMSS, el día que me hicieron mi prueba no pude encontrar la arteria, me tardé más de una hora y no la encontré, el administrador se puso sus guantes y sacó la arteria, me dijo ‘estás nerviosa’, y sí estaba nerviosa”.

Durante la conversación, esta embalsamadora hace hincapié en que los cuerpos deben de ser tratados “con respeto”, y que uno de los principios con los que deben trabajar las personas que se dedican a esta profesión es que no se puede juzgar la condición física o económica de quienes tienen frente la plancha.

Nací para hacer esto

Sin llevar la cuenta de cuántos cuerpos ha tratado en 25 años, Nancy Morales afirma que es “afortunada” por el trabajo que realiza, el cual le permitió mantener y dar estudios a sus tres hijos.

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“Algo de lo que sí estoy segura es que esta es mi área, nací para esto, porque me gusta mi trabajo, tengo la buena suerte de ser de las afortunadas que hago una labor que a mí me gusta, porque es un trabajo muy digno, muy humano, y porque es muy útil, de mí depende que cuando la gente salga de aquí, se lleve una última imagen de su familiar lo más agradable que se pueda porque la muerte es muy impactante”.

Del aspecto emocional y el impacto que tiene en su vida el tratar a personas fallecidas, respondió que el no tener un contacto directo con los deudos aligera un poco la carga de trabajo, sin embargo, reconoció que hay situaciones que en ocasiones sí generan que se contagie el dolor de los familiares.

“No puedes evitar sentirlo, porque ves el dolor de la gente, estás tratando con personas que están sufriendo, sí ha habido servicios que son bastantes fuertes porque no puedes evitar asociarlos con eventos que ya tuviste o con familiares tuyos (…) esta área de trabajo se presta para que seas una persona muy humana, la persona que estoy atendiendo allá adentro es mamá, es hermana, es hija de alguien que lo está esperando aquí afuera y de mí depende la última imagen que van a tener”.

Reconstrucción, lo más difícil para un embalsamador

Con un cuarto de siglo de experiencia, Nancy asegura que los cadáveres que son más difíciles de manipular son aquellos que pasan por un proceso de reconstrucción del rostro, a los que se les practicó una necropsia o que padecieron alguna enfermedad que les provocó una pigmentación o llagas en el cuerpo.

En el caso de las reconstrucciones –detalló- éstas se dan en cuerpos que murieron en accidentes y que provocaron heridas profundas en la cara, mismas que al ser tratadas necesitan de suturas o que por medio de maquillaje se desaparezcan las marcas.

Otro tipo de heridas que también requieren un tratamiento especial son las llagas, denominadas escaras, ámpulas en las que se desprende la dermis o áreas del cuerpo con gangrena.

En estos casos, explicó, el trabajo más complejo no es el maquillaje sino el tratamiento químico que se le debe de dar a esas heridas, ya que al no existir un medio de circulación arterial, la preparación que se aplica a base de formol tiene que hacerse vía muscular.

“Ya no puedes inyectar porque no hay forma de restablecer circulación porque ahí ves que se produce una estenosis y hay descomposición por gangrena no hay circulación, en esos casos tenemos que inyectar muscular profundo, la aplicación de compresas, polvo y envolver el área que ya está necrosada, también tenemos que evitar que salga el aroma”.

En cuanto a los cuerpos a los que se les practicó la necropsia –expresó- es necesario manejar las vísceras para lavarlas en la solución conservadora (formol, ácido fénico, alcohol y colorante), después aplicarles un polvo para secar y acomodar.

“Los (cuerpos) que ya pasaron por la necropsia, tenemos que abrir el abdomen, se hace la trepanación de la cabeza, se preparan las vísceras por separado y haces seis inyecciones, dos a la cabeza, dos a los brazos, dos hacia los miembros inferiores, haces la preparación de las vísceras vuelves a colocar todo en su lugar, y procedes a la reconstrucción que es hacer la sutura que va del pecho al pubis, bañas, vistes y maquillas”.

A estas condiciones se agrega otra dificultad: el peso. Acostumbrada a trabajar sola, Nancy comentó que un cuerpo que pesa más de 100 kilos y al cual se le realizó una necropsia, puede requerir entre tres horas y tres horas y media para concluir de todo el proceso de embalsamado (preparación en solución conservadora, baño, vestimenta y maquillaje).

Asimismo, puntualizó que las personas que tiene una muerte natural o fallecen en el hospital requieren un procedimiento más sencillo, el cual consiste en la realización de dos incisiones: una con la fórmula conservadora y otra más para la succión del material fecal y orina.

De los cortes, el primero se hace a la altura del cuello o del muslo con la intención de buscar la arteria carótida o la femoral, las cuales servirán para introducir la solución conservadora.

La segunda incisión se hace a la altura del ombligo con la intención de succionar la materia fecal u orina que quedó en el cadáver, elementos que deben retirarse para evitar que se perciba un mal aroma.

Nancy sostiene que el trabajo que realiza además de intentar dar una última impresión agradable a los familiares, también debe entenderse como un medio de sanidad y de prevención de brotes de bacterias.

“Cuando haces un embalsamado, aparte de que haces una buena presentación de un cuerpo también estás ayudando a que haya una sanidad, estás evitando que haya brotes ya sea de la enfermedad que padeció la persona u otras infecciones que pueden estar asociadas con el proceso de descomposición”.

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