Martes, 19 De Mayo De 2026 | Puebla

Seguridad

No somos robots frente a la muerte, aclaran médicos forenses

El anfiteatro es testigo de las emociones de quienes ahí trabajan, ya que hay casos tan impactantes que no pueden evitar llorar ahí mismo, relatan

No somos robots frente a la muerte, aclaran médicos forenses

Es mentira que las personas se convierten en un robot cuando su trabajo es convivir con la muerte.

"Hay quienes nos dicen: 'Es que ustedes ya no sienten nada, ustedes ya son casi casi piedras, como ven muertos y los tocan ya no sienten'. Y yo digo: 'Híjole, pues yo creo que sentimos más que ustedes...", expresa la directora del Servicio Médico Forense (Semefo), Elia Cristina Quiterio Montiel, quien es médico forense y durante 31 años ha visto y examinado cadáveres.

Con sus palabras, deja entrever que para ella la muerte significa hacerse consciente de que se está vivo y se es capaz de sentir.

De cara a la conmemoración del Día de muertos, Verónica Meli Arambarri, una paramédico y tanatóloga que a su vez es docente en el Centro Mexicano Universitario de Ciencias y Humanidades (CMUCH), también lo confirma.

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"Yo no puedo dejar de tener sensibilidad para atender las necesidades de los otros. Si no sintiera nada, no podría hacer lo que ahora estoy haciendo".

Así como ella, Quiterio Montiel vio morir en sus brazos a un ser querido para saber que quería dedicarse a trabajar con la muerte y darse cuenta que éste sólo es un ciclo que se cierra y abre una puerta más.

Para ambas, la muerte es "irse tranquilos de esta vida", pues saben que cuando eso no sucede, los cuerpos se quedan impregnados de "una energía pesada", a causa de las emociones que tuvo una persona antes de morir.

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La funcionaria del Semefo cuenta que, durante su trayectoria profesional, ella y sus colegas encontraron formas de cuidarse de esas "energías" y no permitir que les afecten. Aparte de capacitarse profesionalmente, se autoayudan con un "ritual" propio que hace cada uno antes de comenzar una necropsia.

"Con ellos (los muertos) tenemos una comunicación diferente. Yo siempre les digo que lo que voy a hacer es para ayudarlos y para que sus familias estén en paz. Bueno, yo soy creyente y sí creo en otras cosas superiores, entonces mientras estoy haciendo la necropsia les voy a hablando".

Alejo Rogelio Carpio Ríos, quien también es médico forense y a su vez subdirector del Semefo, explica que tienen que hacer ese ritual personal para no "quedarse" con la energía de los muertos. "Sobre todo cuando son casos muy violentos, no sé cómo explicarlo, pero es una energía que se percibe, como cuando vas a un lugar y se siente un ambiente pesado".

Narra que, en una ocasión, él y sus compañeros tuvieron que trabajar con los cuerpos de una familia asesinada. Cuando estaban haciendo las necropsias, todos empezaron a sentirse mal físicamente, así que decidieron dejar un momento su labor para salir a tomar un poco de aire y reponerse.

"También hay muertes bonitas. A lo mejor las personas que no se dedican a esto, dirán ‘estos están loquitos’. Pero es que hay casos en que se ve la crueldad en su máxima expresión. En los asesinatos, uno sabe si hubo odio, venganza...", comenta la doctora Elia.

Los trabajadores del Semefo coinciden en que incluso los rostros de los cadáveres muestran el sufrimiento que tuvieron las personas antes de abandonar esta vida, según la muerte que se les presentó: tranquila, violenta o inesperada. Es decir, pueden verse enojados, tristes, atemorizados...

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"No nos preparan para tocarnos el corazón"

Sergio “N”, un policía ministerial con varios años de experiencia en la Fiscalía General del Estado (FGE) -antes Procuraduría General de Justicia-, asegura que no es necesario tener un carácter fuerte para poder trabajar con la muerte, pero sabe que para no perder sensibilidad es importante ser conscientes de que hay otras personas que están sufriendo.

"La muerte es triste en cualquier forma, ya sea de un ser querido o una muerte violenta. Entonces darles la noticia con las palabras adecuadas a sus familiares es difícil. Y eso lo enseña la vida, nadie más".

"La gente piensa que como policía no tienes sentimientos. En la preparación que se nos da, no nos enseñan a tocarnos el corazónante una situación de riesgo, sino de actuar en segundos y tomar una decisión, porque el trabajo que hagamos va a afectar a cualquiera. No es que seamos menos sensibles que cualquiera", argumenta.

"Nos preparamos antes de dar una noticia a un familiar"

Todos los entrevistados para este reportaje coincidieron en que ver muertos, incluso tocarlos, olerlos y sentirlos, no es motivo para deprimirse. Más bien, no dejan de conmoverlos las formas en que las personas pierden la vida.

"Las emociones nunca las vas a perder ni la sensibilidad ni mucho menos... Aunque seas de acero, se te parte el alma. Hay casos muy dolorosos que aunque quieras no los puedes olvidar", expresa Elia al recordar la muerte de un niño al que tuvieron que levantarlo, literalmente, con la mamá abrazada a él, pues ésta se resistía a creer que su hijo había partido de este mundo.

La médico forense considera que lo más difícil de su trabajo es ver cómo va a tomar una persona la muerte de un familiar, como en los casos de los atropellados cuyos cuerpos terminan machacados por varios vehículos, los que mueren calcinados o los que encuentran en los puros huesos.

"Cada vez que nosotros lo hacemos, de verdad que primero es una preparación personal y después decir: '¿Cómo le voy a devolver esto?Aquí está su familiar y es un pedacito de hueso'. No es nada sencillo, es difícil aprender a dar esas noticias. Hay que ser fuertes, objetivos… aunque adentro te esté doliendo".

La tanatóloga Verónica Meli no tiene ese problema. "Simplemente me pongo en el lugar del otro, del familiar, y le digo lo que a mí me gustaría que me dijeran, es como un don que se me dio y hasta ahorita no he atendido un caso donde los familiares se resistan a aceptar la muerte de un ser querido".

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Las terapias

Elia confiesa que el anfiteatro es testigo de las emociones de sus trabajadores, ya que hay casos tan impactantes que no pueden evitar llorar ahí mismo.

Es una manera de liberar lo que están sintiendo. Hablar, comentar lo que ven y sienten del caso que estén trabajando, también es una manera de sacar lo que llevan dentro y cuidarse psicológicamente.

Sin embargo, son conscientes de que es necesario asimilar, diferenciar y separar la parte objetiva para no dejarse llevar por el aspecto emocional.

Por eso, en la actualidad, toman cursos y capacitaciones de contención emocional y de autoayuda.

Es así como el Semefo se puede dividir en dos áreas: la grisácea y la colorida. La primera es el anfiteatro y la segunda los dormitorios de los empleados que están de guardia, en espera de los cadáveres que van a examinar.

"A pesar de que el trabajo que hacemos requiere mucha seriedad, tratamos de que aquí (en los dormitorios) haya un ambiente bonito y alegre con nuestros compañeros. Lo que pasa allí es una cosa y lo que pasa aquí es otra".

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