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Sociedad
Cerca de 800 voluntarios ayudaron a organizar a millares de fieles que abarrotan las principales calles del Centro Histórico
El suelo donde él está parado retumba. El rayo del sol parece dar directo en su rostro cubierto pero él ni siquiera se inmuta. Hoy su identidad es desconocida, no habla. Sólo mueve la cabeza en signo de un sí. Hizo votos de silencio para acompañar al Señor de las Maravillas... el santo de su fe.
Durante un año se preparó. Doce meses de formar parte de la Cofradía de los Nazarenos lo hicieron merecedor de ser uno de los encapuchados que formó la avanzada de la imagen más venerada de Puebla. Y hoy, Viernes Santo, ve que su sueño se cumple: procesionar con el Santo y sus compañeros vestidos de negro, impecables a pesar del fuerte calor.
Pero él no es el único que llegó a la cita. Presurosa la señora Rosa Hernández se forma para seguir al contingente. Ella viene del barrio del Rayito para acompañar al Señor de las Maravillas y agradecer los bienes recibidos, como tener a sus hijos hechos hombres de bien. "Me ha hecho muchos milagros. Hasta en la salud de mi esposo", dice al tiempo de avanzar en la Procesión de este Viernes Santo.
Apenas pasan las 11:00 horas de este Viernes Santo y en el atrio de Catedral todo es movimiento. Cerca de 800 voluntarios ayudan a organizar a millares de fieles que abarrotan las principales calles del Centro Histórico y evitan que se aglomeren en la Basílica.
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Y es que ahí dentro sólo pueden estar los porteadores, aquellos que por tramos llevan en sus hombros las imágenes más veneradas de Puebla, las cinco elegidas: El Señor de Las Maravillas (Templo de Santa Mónica), Nuestra Señora de la Soledad (Templo de la Soledad), Imagen de Jesús Nazareno de las Tres Caídas (Parroquia de Analco), La Virgen de los Dolores (Templo de El Carmen), Jesús Nazareno (Parroquia de San José) y la Cruz Guía.
Una a una las imágenes llegan. Imponente, primero entra la Virgen Dolorosa de El Carmen, seguida de Jesús Nazareno de San José. Minutos después y en medio de un gran retumbar de tambores, hace su arribo la Virgen de la Soledad, cargada sólo por mujeres que llevan el rostro cubierto con velos.
Más tarde llega al atrio El Señor de las Maravillas… los presentes aplauden a la imagen más venerada de la ciudad de Puebla, la que lleva miles de seguidores atrás, a la que acompaña el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez, uno de los impulsores de esta procesión. Finalmente se recibe a Jesús de las Tres Caídas, proveniente del Templo de Analco.
Junto con el Señor de las Maravillas, que se venera en el templo de Santa Mónica, llega Lidia Velázquez, quien en sus manos lleva una matraca en forma de cruz al igual que su grupo de compañeras, quienes han hecho todo el recorrido de la Procesión.
Para ella, “es muy poco lo que hacemos por Dios, no es ningún pago, simplemente nos permite vivir y eso ya es demasiado”.
Ella participa en el grupo de matraqueras de la procesión desde hace tres años y lo hace por convicción. “Dios está con nosotros siempre. El Señor de las Maravillas es muy milagroso y todo lo que le pedimos nos lo concede. Yo le he pedido salud, porque ya teniendo salud lo tiene uno todo”, expresa.
Con el agotamiento reflejado en el rostro, Lidia Velázquez camina a paso lento con sus compañeras. Llegó el momento de regresar al templo junto con la imagen. Cansada, pero con ánimo, comienza una vez más a recorrer las calles hacia Santa Mónica.
Esta es la procesión del Viernes Santo número XXIV en Puebla. Fue en 1992 en que la sociedad civil y la Iglesia Católica decidieron organizarse para retomar esta tradición que tuvo un gran auge en el siglo XVI. Hoy, de acuerdo con datos oficiales suman cerca de 150 mil las personas que participan sea como porteadores o simples espectadores.
Se dice que la de Puebla es la procesión de Viernes Santo que reúne a la mayor cantidad de personas en todo el país.
De acuerdo con los organizadores, en algunos retablos de iglesias de Huaquechula y Huejotzingo existen evidencias de que los franciscanos hacían estas procesiones en aquellos tiempos. Luego, con las leyes de reforma todo se suspendió y no fue sino hasta hace poco más de dos décadas que todo se retomó.
Y así, las señoras Rosa y Lidia retoman su camino… el camino de la fe. Ambas confían en su santo y ambas procesionan y oran.
Al igual que ellas, el hombre encapuchado regresa también junto con la imagen que decenas de hombres de la Cofradía de los Nazarenos llevan a cuestas. Tan sólo una imagen (junto con la mampara adornada) llega a pesar 80 toneladas.
El peso físico es mucho… el calor demasiado, los pasos son cortos y lentos, pero la fe que los mueve es tan grande que todo lo demás queda atrás. Al final, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa les dio hoy un regalo más: la indulgencia plenaria.
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