Antes de hablar del Cablebús hay que recordar qué está pasando: el Gobierno de Puebla decidió convertir esta obra en uno de los proyectos emblemáticos de esta administración. Una obra que ha sido presentada como símbolo de modernidad, transformación y solución al problema del transporte.
Pero mientras el Gobierno habla de los beneficios que tendrá el Cablebús, cada vez son más las voces que preguntan algo muy sencillo:
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¿Y quién les preguntó a los poblanos si lo querían?
Porque mientras desde la oficina del Ejecutivo Estatal se habla de modernidad, movilidad y transformación, en las calles de Puebla está ocurriendo otra cosa.
La gente está saliendo a decir que no.
Este domingo, más de 300 personas marcharon por las calles de Puebla, desde el Parque Juárez hasta el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec para manifestar nuevamente su rechazo al Cablebús. No fueron solamente ambientalistas, hubo vecinos, estudiantes, ciclistas, colectivos, familias e incluso personas que acudieron con sus mascotas . La consigna fue clara: “No al Cablebús”.
Y aquí aparece la primera pregunta incómoda:
¿De verdad más de 300 personas que salen a la calle son simplemente “bots”?
Esa ha sido una de las respuestas que hemos escuchado del Gobierno del Estado cuando las críticas crecen en redes sociales.
Pero hay algo que las redes sociales no pueden inventar, una marcha se camina y la del domingo se caminó y se manifestó.
Pero vayamos a los números, porque en política también hay que hablar con datos reales.
Una encuesta del CISO-BUAP publicada en marzo reportó 64% de valoración favorable al Cablebús. Ese dato fue utilizado para defender la aceptación social del proyecto.
Después apareció el estudio realizado por alumnos de la UPAEP.
Las encuestas fueron aplicadas de manera presencial y digital en más de 260 colonias de Puebla capital, considerando perfiles diversos como estudiantes, profesionistas, empresarios, amas de casa, trabajadores y jubilados.
Y ahí el retrato fue muy diferente: 57.4% de los encuestados manifestó estar en desacuerdo con el proyecto y solamente 20% dijo apoyarlo. Asimismo, el 74.5% de quienes usan el transporte público más de diez veces por semana está en desacuerdo con el Cablebús. Esto significa que precisamente quienes viven a diario las condiciones del transporte son quienes más cuestionan el proyecto.
Pero hay un dato todavía más reciente y, me parece mucho más revelador.
La Agenda Ciudadana por los Árboles y Áreas Verdes realizó un sondeo a 818 personas.
¿El resultado?
89% se manifestó en contra de la construcción del Cablebús y solamente 11% expresó respaldo.
Además:
• 95% consideró insuficiente la información proporcionada por el Gobierno.
• 83% opinó que el proyecto no responde a las necesidades reales de movilidad.
• 91% consideró que el impacto urbano y ambiental no está debidamente justificado.
• 88% rechazó la instalación de torres o estaciones cerca de su vivienda.
• 93% se manifestó contra utilizar áreas verdes públicas para la infraestructura.
Entonces vale la pena preguntar: ¿Cuántas encuestas necesita el Gobierno para entender que existe un problema?
Además, tenemos un sondeo de 818 personas donde 89% manifiesta estar en contra, y después cientos de ciudadanos salen a marchar, lo responsable no es descalificarlos, lo responsable es escucharlos.
Y ahí está precisamente uno de los grandes problemas de este proyecto, el Gobierno parece haber comenzado por el final, primero decidió qué quería construir y después empezó a defenderlo.
Y mientras la obra avanza, todavía existen cuestionamientos sobre los instrumentos de planeación urbana y sobre la manera en que se consultó a la ciudadanía.
Por su parte algunos regidores de la capital han sido particularmente claros en este punto.
Pues cuestionaron el proceso de consulta pública para modificar el Programa Municipal de Desarrollo Urbano e incorporar el Cablebús, señalando que tuvo poca difusión, careció de transparencia y limitó la participación ciudadana. Y esto es fundamental, porque no estamos hablando solamente de si a alguien le gusta o no el Cablebús, estamos hablando de planeación urbana, uso de suelo, áreas verdes, participación ciudadana y cumplimiento de la ley.
Entonces surgen las preguntas: ¿por qué tanta prisa por construir si todavía se estaba discutiendo el instrumento de planeación que debe darle viabilidad urbana al proyecto? ¿no debería ser primero la planeación y después la construcción? ¿Primero la consulta y después la decisión? ¿Primero escuchar a los vecinos y después colocar las torres? Parece que en Puebla estamos viendo exactamente lo contrario y eso es lo que preocupa.
Un gobierno que escucha a la gente puede cambiar un proyecto, corregirlo o incluso reconocer que algo debe hacerse de otra manera si sale mal, pero aquí, no es el caso.
Estamos ante un gobierno que ya decidió todo antes de escuchar, solo busca que la ciudadanía apruebe lo que ya decidió y eso, no es participación ciudadana, eso es simulación.
Si todo está tan claro, ¿por qué tanta resistencia a que la gente pregunte?
Y aquí quiero ser muy claro: estar en contra de un proyecto específico no significa estar en contra de la movilidad, Puebla necesita mejores sistemas de transporte, necesita menos tráfico, transporte digno, eficiente, seguro y accesible. Pero precisamente porque necesitamos soluciones reales, tenemos derecho a preguntar si los miles de millones de pesos que se van a invertir en esta obra son la mejor alternativa para la ciudad y los poblanos.
El Cablebús todavía puede ser una obra que se discuta con seriedad, para eso el Gobierno debe entender que los ciudadanos no son obstáculos para el desarrollo, pues son quienes deben darle sentido al desarrollo.
Y cuando un gobierno deja de escucharlos, la gente encuentra otra manera de hacerse escuchar y la marcha del domingo fue una de ellas.
Este gobierno debería cuestionarse: ¿vale más inaugurar una obra para presumirla o escuchar a los ciudadanos que tendrán que vivir con ella durante décadas? Porque los gobiernos pasan, los funcionarios cambian y las obras se quedan. Y si hoy cientos de poblanos están marchando, las encuestas muestran un rechazo que llega hasta el 89%, los vecinos siguen preguntando y todavía existen dudas sobre el cumplimiento de la ley y la planeación urbana, entonces no estamos frente a un pueblo que no entiende la transformación; estamos frente a un pueblo que está pidiendo que su gobierno deje de imponer y empiece a escuchar.
Porque una obra puede levantarse con toneladas de acero y concreto, pero ningún gobierno puede construir legitimidad a golpes de maquinaria.