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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Observaciones a propósito de la reforma

La presidenta Sheinbaum tiene claro qué busca con la reforma, aun si no le es aprobada

Jorge Calles Santillana

Académico jubilado, interesado en la política y su socialización a través de los medios y las conversaciones públicas. Estudioso de las representaciones forjadas en la intersección de medios de comunicación, redes sociales, audiencias y prosumidores. Deportivamente, azul: Cruz Azul, Dodgers y Cowboys.

Viernes, Marzo 6, 2026

Una. Independientemente de si la reforma electoral resulta o no aprobada, la firmeza de convicciones y la nula apertura a las negociaciones de la presidenta es un hecho que debe reclamar atención hacia el futuro. Algunos analistas destacaron que careció de operadores efectivos a lo largo del proceso. Sin duda. Pero habría que subrayar que la indisposición de la presidenta a hacer concesiones sobre los puntos del proyecto que ella consideraba esenciales hacía difícil el trabajo de convencimiento aun al persuasor más experimentado.

Dos. La negativa de la presidenta a considerar un fracaso el posible hecho de que la cámara no apruebe la reforma ha sido tomada a la ligera. Ciertamente, son escasas las figuras políticas que reconocerían un fracaso, aun cuando fueran abundantes y contundentes las evidencias que refutarían su optimismo. Sin embargo, si bien su postura acusa arrogancia política, habrá que leer con mucho cuidado su afirmación.

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Tres. La decisión de no moverse un ápice y su certeza de que no fracasaría aun si la propuesta no fuera aceptada no deben ser interpretadas como arrebatos de necedad. Ciertamente, la presidenta ha dejado ver a lo largo de su tiempo en Palacio que tiene una personalidad fuerte. Sin embargo, no es inflexible. Supo adaptarse a la autoridad de López Obrador y ha sabido mantener relaciones con él de cercanía y continúa guardando respeto a la autoridad que ella aún le reconoce. Durante los debates presidenciales Claudia Sheinbaum mostró una frialdad que sólo es propia de quien tiene claro lo que quiere, hacia dónde va y cómo alcanzará sus metas. La presidenta sabe muy bien lo que quiere y de qué manera esta reforma sirve a sus propósitos. ¿Aun si no es aprobada? Sí.

Cuatro. La presidenta no se detiene, no se pierde en la coyuntura; tiene su mirada puesta en el futuro. Ella, al igual que López Obrador, cree que el proyecto de país que tiene en mente sólo puede realizarse a través de una fuerza política muy poderosa cuyos márgenes de acción sean limitados y estén constreñidos a las decisiones del centro del sistema: la presidencia. Por consiguiente, Morena debe concentrar el poder y no depender de apoyos convenencieros a los cuales haya que hacerle concesiones y sonreírles de vez en cuando. Si bien contribuyeron al éxito, el Verde y el del Trabajo se han convertido en partidos lastres. Deben ser desechados. Su fuerza debe ser absorbida por Morena, como propia.

Cinco. Así, la presidenta hace una apuesta: la reforma pasará. De ser así, la perspectiva futura se aclara. La —muy posible— desaprobación del Verde y del Trabajo no significará, sin embargo, un obstáculo al modelo de régimen deseado y buscado. Si en estos días el camino no queda libre, la apuesta se extenderá al proceso electoral del 27: Morena deberá arrebatar para validar el diagnóstico de la presidenta.

Seis. La apuesta parte del hecho de que el triunfo es posible en virtud de la debilidad y distracción de los partidos de oposición, la estructura cada vez más amplia de Morena, la fortaleza de los programas sociales, la cooptación de los órganos electorales —INE y Tribunal Electoral— y la polarización. Si en 2024 la mayoría calificada se obtuvo echando mano de recursos no del todo limpios, no se ve difícil que en el 27 se pueda hacer lo mismo, aunque esta vez la acción podría no ser tan abierta. Bastaría con que INE y Tribunal concedan triunfos allí donde haya dudas. Por si fuera poco, el hecho de que Adán Augusto haya sido nombrado coordinador de campañas para algunos estados indica que habrá una operación fuerte en la que recursos y fuerzas ilícitas podrían tener una presencia decisiva. Recordemos que Héctor de Mauleón expuso en 2022 la injerencia del crimen organizado en las elecciones de 2021.

Siete. Aun cuando prometedor, el escenario tiene sus dificultades, sobre todo al interior de Morena. Si la presidenta no contó con operadores eficaces para conseguir pasar su reforma es porque ella no cuenta con una fuerza especial dentro del partido. Morena atraviesa por los conflictos que todo partido poderoso y de Estado vive: una fuerte competencia de liderazgos. Adicionalmente, ganar todo sin el apoyo de la chiquillada requerirá de un enorme trabajo de organización y movilización electorales. ¿Podrá llevarla a cabo un partido no exento de conflictos? Una presidenta no distraída y con objetivos claros tal vez esté decidida a realizar pronto un golpe de timón.

Ocho. ¿Resultará cierto que un rechazo al proyecto de reforma electoral no es un fracaso? ¿Será exitosa la apuesta de la presidenta? El tiempo nos dirá.

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