Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Siete años: ¿monumento o anti monumento?

Es ocasión para preguntarse qué se construye en el aniversario del gobierno de “izquierda” de Morena

Silvino Vergara Nava

Licenciado en Derecho por la Escuela Libre de Derecho, maestro en Derecho (Ibero Puebla), doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y también por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Desde 1997 es titular del despacho Consultoría Contencioso Administrativa. Ganador del Premio Nacional a la Investigación Jurídica.

Miércoles, Diciembre 3, 2025

“Cuando la izquierda abandona la economía
y se limita a la gestión humanitaria,
se convierte en la perfecta
administradora del capitalismo, incluso
más eficiente que la derecha tradicional.”
Slavoj Žižek

En los últimos momentos de la administración pública federal 2012-2018 en México se incrementaron las quejas, reclamos, exigencias sobre lo que estaba sucediendo en esos tiempos; por ello es que se puso de moda en aquellos años, la instalación emblemática de los denominados “anti monumentos”, por grupos opositores al gobierno de aquel tiempo, de los que exigían mayor atención a los reclamos de la sociedad, etc.

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Simbólicamente estos “anti monumentos” son la forma de que no se pierde en la memoria tan frágil de la sociedad mexicana de situaciones verdaderamente catastróficas ocasionados por acciones y omisiones del propio gobierno, tal es el caso de los 43 desaparecidos en Ayotzinapa, de los fallecidos en la mina Pasta de Conchos, de los niños incinerados en la guardería ABC, de los masacrados en San Fernando en Tamaulipas.

Así constantemente se han reproducido estos anti monumentos para no olvidar las tragedias que se han suscitado en México, en donde los gobiernos en turno han puesto poca atención y diligencia al respecto, o bien, que han sido causados con la complacencia de las propias instituciones gubernamentales.

Desde luego que los monumentos, son la oposición a estos anti monumentos. Estos se construyen para poner en lo más alto algún personaje de la historia, o bien de alguna fecha simbólica para la población, para forjar una historia monumental; es decir, que identifique a la sociedad, y la unifique con esos monumentos.

Por ello es que en el siglo XIX se estaban conformando los Estados como hoy los conocemos en el mundo occidental, donde se incrementaron más las construcciones de esos monumentos, porque se requería unificar a una sociedad dispersa y que contaba con diversas tradiciones o costumbres, en parte, la forma de unificarla fue con la denominada “historia monumental”.

Así, en este 2025 estamos cumpliendo siete años de lo que la publicidad y los medios han sostenido que es una nueva forma de gobernar, una nueva perspectiva para las políticas públicas, particularmente, que se han instalado razones de izquierda dejando a un lado las políticas públicas de derecha, por ello es que se le denominó como transformación.

Después de siete años de este cambio, a decir, de derecha a situarse en la izquierda, y que de ser así es radical, entonces, es ocasión para preguntarse si es que se construye un monumento por ese aniversario, o bien, se construye un “anti monumento”.

Indudablemente que, si la postura es analizar si las políticas públicas en los últimos siete años han sido de izquierda, es evidente que esto no es así, por ello es que la propia izquierda, los verdaderos estudiosos, analistas y seguidores, pensantes y reflexivos de esa postura, dirían que no hay más alternativa que construir un anti monumento.

Y es que la construcción del anti monumento se debe a que la gran mayoría de lo que se ha presentado en estos últimos siete años son medidas populistas, más que posturas de políticas de izquierda, que son dos cosas diversas pues el populismo o también denominada “oclocracia” en que se ha gobernado en los últimos siete años a México, se debe a que la gran mayoría de las medidas son para agradar a la población, sin importar la trascendencia y el perjuicio que se ocasionará en un futuro con esas políticas públicas.

Estas políticas para disimular que se hacen las cosas a favor de las masas, de la población; por ello es que un estudioso de izquierda, ineludiblemente dirá que con estos siete años de gobierno, es necesario que se erija un “anti-monumento”.

La confusión de las políticas públicas de izquierda que se han presentado en los últimos siete años es la entrega de pensiones y ayuda económica a un sinnúmero de miembros de la población, por ello es que, como se dan esas pensiones en forma masiva, sin distinción alguna -más que se cumpla con edades o pertenencia a grupos vulnerables-, es suficiente para suponer que se trata de políticas públicas de izquierda, lo cual no es así.

En realidad, estas ayudas benefician a las grandes corporaciones, las empresas que tienen el monopolio en los sectores de alimentos, de medicinas, de hospitales, de la educación privada, de ropa, de productos de consumo en general, ya que la mínima ayuda que se otorga a la gran población, es para que subsista el consumo de esos productos controlados por los grandes monopolios.

Esas políticas públicas de ayuda a la población, en realidad, es en beneficio de esas corporaciones mundiales, para que sigan dominando el mercado nacional, para que estas sean las que tengan un mercado cautivo, que puedan manipular el valor de los productos y que con ello, puedan reventar a la competencia, que normalmente es la competencia nacional.

Esta competencia es la mediana y pequeña empresa, que sí son propiedad de mexicanos y que han visto cómo se incrementan los impuestos y aumentan las cargas laborales, sin tener la capacidad de poder soportar esos cambios.

De tratarse de políticas públicas de izquierda, lo que sucedería sería ayudar al pequeño productor, al pequeño empresario, al changarro, aumentar la productividad en el campo, en las mercancías nacionales, en el incremento de fuentes de empleo nacionales, y no seguir dependiendo de exportación de productos que son solamente ensamblados en México, como es el caso de los vehículos y sus auto partes, pues sus propietarios son extranjeros.

De tratarse de políticas públicas de izquierda se mejorarían particularmente la educación, no se podría en debate los desayunos escolares, el sueldo de los profesores ni se controlarían los reclamos en las universidades públicas por los pésimos servicios y educación que últimamente se brindan, pues lo único que están provocando estas instituciones públicas es que sean la última opción para estudiar, por la pésima educación que se brinda.

De tratarse de política públicas de izquierda tampoco se presentaría la carestía de medicamentos en las instituciones de salud públicas, la falta de centros hospitalarios, menos aun se implementaría la serie de políticas públicas para “convencer” a la población que el aborto o la eutanasia son un derecho fundamental, pues esto solamente es seguir la agenda 2030 de la ONU, que no tiene nada que ver con perspectivas de izquierda.

Es más, no hay que perder de vista que la ausencia de medicamentos y de servicios apropiados en los centros de salud públicos están provocando que las empresas y sector económico privado que más crece es el de la medicina, farmacias y clínicas de cadenas o inversiones extranjeras que, desde luego, también demuestra una sociedad mexicana cada vez más enferma, pero sobre todo enferma del olvido y de reflexión.

A siete años, ¿monumento o anti monumento?, ¿qué responderá la verdadera izquierda? Desde luego si es que aun existe en México.
(Web: parmenasradio.org)

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