“¿Qué hora es?
La que Usted diga señor presidente.”
Anécdota popular en los tiempos de Porfirio Díaz
Muchos de los eventos mundiales requieren que los mandatarios de las naciones estén presentes, independientemente que se encuentren convencidos de acudir o acudan por convicción o simplemente por compromiso, pues su imagen y personalidad representan a una nación, y no nada más a ellos.
Más artículos del autor
Sobre todo, acudir a esos eventos es la importancia que se le da al país que representan, por lo que se ve muy mal que en reuniones de presidentes no acudan y, peor aun, envíen a representantes para ello, pues en términos taurinos es muy mal visto que hagan “el pase del desdén”.
Ese pase tan taurino e imponente que se presenta en la tauromaquia, en la política sucede lo contrario, es un signo de desprecio, indiferencia con quien los invitó, con el evento del que se trata, pero lo peor de todo es el papel en el que se deja a cualquier nación por estos desplantes presidenciales.
Desafortunadamente estamos viviendo un par de administraciones públicas federales en donde es muy común ese pase del desdén a los eventos internacionales, congresos, rondas económicas, etc., incluso, ya se está haciendo costumbre que no se acuda a esos eventos internacionales, que pareciera más que como desprecio, o que se tenga mucho trabajo.
En realidad, es temor a presentarse en frente de otros líderes mundiales con quienes pudiera demostrarse la nula capacidad que se tiene para entablar un diálogo a la altura de esos países y de la problemática mundial; en resumen, “mejor me escondo para que no me vean, me pregunten o me comprometa en algo que desconozco”.
Con la titular de la administración pública federal actual se ha visto cómo se han esquivado muchos eventos, ya se ha vuelto una rutina grotesca, en donde se prefiere no acudir a eventos internacionales, reuniones de mandatarios, etc.
Hay que recordar que en la campaña presidencial estaba todo preparado para un mitin masivo en el Estadio Azul de la Ciudad de México y resulta que se prefirió, como candidata aún, no acudir a sabiendas de que no se iba a llenar el estadio y que ese evento iba a ser un rotundo fracaso de audiencia, además del poco control con los que pudieran estar los que acudieran al evento.
En el Grupo del G20, que hay que recordar que inició como el denominado G7, en donde se aglutinan a las naciones más industrializadas, resulta que México es parte de esa agrupación del actual G20, pero en el año de 2025 en la sede de la reunión que fue en Sudáfrica no acudió la titular de la administración pública federal de nuestra nación. Argumentos sobran, pero estos eventos no se deben dejar de acudir por voluntad propia, pues no es por capricho de quien es titular de la Presidencia en ese momento, sino que acude por lo que personifica que es representar a una nación, su población y los intereses que hay en ese país sobre esas reuniones.
Lo mismo sucedió con la cumbre a la que citó Donald Trump denominada “Escudo de las Américas”, donde se presentaron varios presidentes en la región; sin embargo, la presidenta mexicana no acudió, por lo contrario, sí acudió a Barcelona, España, a la reunión de los presidentes de izquierda, que fue en un maratónico fin de semana, vale la pena entonces preguntarse: ¿qué se ganó con esa reunión?
Por el contrario, la reacción del gobierno norteamericano por acudir a esa reunión, fue la persecución del gobernador de Sinaloa y los demás personajes de todos conocidos por sus vínculos con los grupos criminales.
Ahora que se inauguró el Mundial de Futbol el no acudir a esa ceremonia por parte de la presidenta de la república es una verdadera falta de respeto; por ello es que históricamente en esta ocasión no llegaron personalidades a la inauguración, como son otros presidentes de las naciones, titulares de organismos internacionales, etc., es más, hasta modificaron los festejos de la inauguración al hacerlo en tres sedes mundialistas como para disfrazar el desdén.
Basta recordar otras inauguraciones de juegos olímpicos, mundiales de futbol, etcétera en que acudían presidentes de las naciones para estar presentes en las ceremonias de apertura. Hoy no es así, desafortunadamente, si la presidenta de casa no acude, pierde cualquier representatividad ese evento para cualquier líder mundial.
Ese desdén presidencial es muy lamentable, es como invitar a alguien a la casa y resulta que no se está presente cuando llegan los invitados, o de plano, nunca se presenta el anfitrión, como si no existiera; así de descortés se ve la política exterior mexicana con la que contamos actualmente.
En realidad, estas descortesías son el reflejo del temor a acudir a eventos no controlados, a ceremonias o congregaciones de personas en donde no hay el control de quienes acuden. Es el temor por acudir a reuniones con personajes sumamente importantes en donde no hay capacidad de debate, presencia, negociación con otros presidentes. Se preocupa más por su imagen y en poner en riesgo su propia personalidad.
Esa es la desafortunada razón por la cual no se acude a esos eventos tan importantes que apuntan simplemente a que México y sus gobernantes se vean cada día más diminutos ante el exterior.
Recordar que algún día nuestro país fue el líder de los países de América Latina; hoy ya está muy lejos de la actualidad.
(Web: parmenasradio.org)