Como cada año, en el invierno se hacen más cortos los días y se alargan las noches, por lo que miles de personas sienten que algo dentro de ellas se enlentece. Esto se conoce como el trastorno afectivo estacional (TAE), popularmente llamado depresión invernal.
Este es un tipo de depresión que aparece de forma predecible cada año; comienza en el otoño, alcanza su punto más alto durante el invierno y mejora espontáneamente en primavera.
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Esta depresión se debe a que la disminución de la exposición a la luz del sol hace que llegue menos estimulación luminosa a nuestro reloj cerebral que está en el núcleo supraquiasmático, el cual regula los ritmos circadianos, esto es los de las 24 horas, y depende de la exposición a la luz.
Cuando las noches son más largas aumenta la hormona del sueño, la melatonina, y disminuye los niveles de la vitamina D, lo que modifica cómo opera el cuerpo.
Esto causa un humor triste, baja autoestima, se produce una avidez por comidas con alto contenido de carbohidratos como pueden ser pastelillos, sopa de pasta o puré de papa entre otras, así como pérdida de placer ante actividades la actividad sexual, estar con amigos y familiares o beber un aperitivo.
El tratamiento consiste en fototerapia con lámparas de 10,000 lux o terapia cognitivo-conductual y en casos extremos se pueden prescribir fármacos antidepresivos y en algunos casos suplementación de vitamina D, en personas que tienen niveles bajos en la sangre.
Adicionalmente, se debe cambiar la rutina diaria para exponerse a la luz matutina, actívese haciendo ejercicio de manera regular antes de las 17:00. Tener horarios regulares de la hora en que se va a dormir, desde luego tener ropa abrigadora y una habitación oscura y si se puede poco ruido.